Estado Fallido en México: Una justificación para la militarización

Publicado el Mayo 25, 2011, Bajo Noticias, Autor Andy.

Posteado por Cronos (@UnMexicoPosible)

Por: CIEPAC, San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México

Introducción
En fechas recientes han circulado noticias en el sentido de que México es un “Estado fallido” y que podría producirse un “colapso” del país por ingobernable en un plazo relativamente corto. La inquietud por la salud del Estado no proviene en un principio desde México sino de Estados Unidos. Según algunos analistas de ese país, los Estados “fracasados” o “fallidos” con importantes consecuencias para la seguridad de Estados Unidos son Afganistán, Pakistán y México. Las implicaciones para México de ser clasificado como país fallido serían impactantes y de hecho ya se están produciendo importantes cambios en las relaciones de México con Estados Unidos en un sentido ampliamente favorable para el vecino del Norte.

Desde que en 2005 los gobiernos de México, Canadá y EEUU acordaron impulsar la ASPAN (Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte), se ha dado una mayor homologación según pautas estadounidenses de los aparatos militares y de seguridad en los tres países.

En los últimos meses, sin embargo, han aumentado las señales de “preocupación” de parte de estrategas y comentaristas políticos de Estados Unidos por la violencia atribuida a los narcotraficantes en México. La preocupación se expresa de dos formas: primero, la violencia podría “rebalsar” la frontera e “invadir” EEUU y, segundo, la desbordada violencia podría desestabilizar al gobierno mexicano y poner en riesgo la viabilidad de sus instituciones, particularmente las de seguridad, lo cual significaría un riesgo para la seguridad nacional de EEUU.

“Bang, bang, bang” de Naranjo en Proceso

La respuesta del gobierno de Calderón ante la creciente intranquilidad de EEUU ha tenido dos facetas. En primer lugar Calderón ha hecho declaraciones patrioteras en defensa de la soberanía nacional frente a la supuesta campaña de desprestigio que realizan diversos actores en EEUU.

Segundo, al mismo tiempo y a contrapelo de lo anterior, Calderón toma pasos para acercar los aparatos militares y de seguridad de México a los de EEUU en lo que es de hecho una pérdida de soberanía mexicana. Donde antes existía una histórica, prudente y comprensible distancia de las fuerzas armadas de México ante sus contrapartes de Estados Unidos, hoy existe en los hechos un acoplamiento de, en particular, el ejército mexicano a los designios contrainsurgentes y de “seguridad nacional” pensados desde y para EEUU.

El próximo 14 al 17 de abril de 2009 se realizará en Trinidad y Tobago la V Cumbre de las Américas, la cual reunirá a 34 mandatarios de los países integrantes de la OEA -es decir, todo el continente americano y el Caribe, menos Cuba. Barak Obama aprovechará la ocasión para enunciar lo que será su política hacia el tradicional traspatio de Estados Unidos, el continente americano. Diversos actores y estrategas trabajan en este periodo previo a la Cumbre para influir en esa política. Uno de ellos es el general en retiro Barry McCaffrey, autor hace diez años del Plan Colombia, que aboga en estas fechas por la implementación en México de una calca de ese plan contrainsurgente. Al terminar estas líneas, ponemos a disposición un informe que elaboró McCaffrey tras una visita a México a finales del 2008. En el informe el general expone su “preocupación” por los problemas que enfrenta el gobierno calderonista e insiste en una mayor colaboración de parte del Estados Unidos a fin de apuntalar a un amigo en apuros. No hacerlo sería poner en riesgo la seguridad de Estados Unidos, según McCaffrey.
Para contextualizar el actual momento que enfrenta México y los retos que enfrentarán los movimientos sociales en los próximos meses, presentamos algunas reflexiones al respecto.

¿Qué es un “Estado fallido”?

El término tuvo su origen en una revista de política internacional publicada en Estados Unidos (Foreign Policy) que en 2005 empezó a clasificar los países del mundo según sus posibilidades de “fracasar” o de convertirse en “Estados fallidos”. El concepto luego fue acogido entre analistas y estrategas de ese país. Sin embargo, tanto el término como los criterios para el ordenamiento de los países en el mundo son arbitrarios y responden a cierta ideología, la cual influye en conceptos como la estabilidad o el desorden a la hora de clasificar los países. El discurso de “Estados fallidos” amerita desconstruirse porque ha sido retomado por analistas y estrategas y podría utilizarse para justificar la intervención de EEUU en los asuntos internos de otros países en caso de que su “inestabilidad” presentara un riesgo para la seguridad de la superpotencia.

Por lo mismo, es válido al menos conocer cómo los poderes reales del mundo nos perciben, porque las decisiones estratégicas que toman con base en esas percepciones tienen invariablemente un impacto en nuestras vidas. Ciertos analistas en EEUU promueven la idea de que México está a borde del colapso, o que en breve serán ineficaces las estructuras e instituciones del Estado mexicano, lo cual sumiría al país en el caos. En este marco se proponen políticas para enfrentar tal eventualidad que, independientemente de la realidad que prevalezca en el país, probablemente conducirán a una mayor militarización y más represión a toda clase de disidencia.

Entonces para la revista mencionada, ¿qué características tiene un “Estado fallido”?

Un Estado en vías de fracasar tiene varios atributos. Uno de los más comunes es la pérdida del control físico de su territorio o del monopolio del uso legítimo de la fuerza. Otros atributos de un Estado fallido incluyen la erosión de la autoridad legítima para tomar decisiones colectivas, una inhabilidad de proveer servicios públicos razonables y la inhabilidad de interactuar con otros Estados como miembro pleno de la comunidad internacional. [Son] 12 indicadores [en total que] abarcan una amplia gama de elementos de riesgo en un Estado fallido, como la corrupción omnipresente y el comportamiento criminal, la inhabilidad de recaudar impuestos o de obtener de otra manera el apoyo de los ciudadanos, el desplazamiento involuntario y masivo de la población, un declive económico pronunciado, la desigualdad de distintos grupos, una fuga de cerebros y la destrucción ambiental.

Los Estados pueden fracasar a ritmos variados a través de estallidos o por implosión, erosión o invasión en distintos periodos históricos.(1)

Desde luego, algunos de los criterios antes mencionados son válidos para México, así como lo son para casi todos los países en el mundo. El uso político del término se hace evidente porque dependiendo de las circunstancias, casi a cualquier país de repente se le podría hacer repuntar en la lista de los “fallidos”.

¿Existen motivos reales de preocupación por el “fracaso” de México?

En términos del control territorial el término de “fallido” no aplica. El Estado mexicano mantiene el control sobre la mayor parte del país. Pero la situación es menos clara si examinamos ciertas ciudades, particularmente fronterizas, ciertos corredores y algunas instituciones. La cantidad de recursos que se han tenido que canalizar hacia la lucha contra el narco delata la magnitud del problema: participan en esta guerra 45 mil efectivos del ejército (la tercera parte de sus fuerzas), de los cuales 8,500 han sido destacamentados para tratar de controlar la violencia sólo en Ciudad Juárez.

Asimismo es ampliamente conocido que algunas instituciones de combate al narcotráfico han sido compenetradas por el mismo. Un caso reciente y particularmente notorio ha sido el de Mariano Herrán Salvatti, detenido el 24 de enero de 2009 en Chiapas y acusado de peculado, asociación delictuosa, ejercicio indebido del servicio público y abuso de confianza en agravio del patrimonio estatal. En términos menos legaloides, se le acusa de estar ligado al narco. Había contado con el respaldo del presidente Ernesto Zedillo y las autoridades estadounidenses a finales de los 90. Inclusive el anteriormente mencionado general Barry McCaffrey, director de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca, elogió a Herrán Salvatti en ocasión de su nombramiento como director del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas en 1997.

Este grado de compenetración del narco pone en duda la viabilidad de las instituciones encargadas del combate al mismo. Pero no pone en duda la existencia del Estado por cuanto ha sido decisión del mismo Estado combatir o permitir el tráfico de drogas con distintos grados de intensidad según el gobierno en turno.

¿Cómo se puede explicar el incremento de la despiadada violencia en los últimos años en México?
El discurso que ha calado entre ciertos analistas – mayormente de EEUU pero también algunos de México, sin que sea aquí el más aceptado – explica el incremento de la violencia desde 2006 haciendo referencia a dos antecedentes históricos.

Por un lado se afirma que la guerra contra el crimen organizado en Colombia logró algunas “victorias” importantes, pues los grandes cárteles que existían hasta la década de los 90 en ese país fueron seriamente golpeados y de hecho dejaron de existir como tales. La guerra contra el narco obligó a los grandes cárteles colombianos a “atomizarse” en decenas de “cartelitos” que todavía trafican ingentes cantidades de cocaína pero ya no representan una amenaza seria para el gobierno. Este reacomodo en Colombia produjo a la vez un fortalecimiento de los cuatro principales cárteles que existían en México en los 90. Éstos aparentemente lograron mayores ganancias, crecieron, se armaron bien y empezaron a diversificarse abarcando otras actividades ilícitas, entre ellas el tráfico de armas, migrantes indocumentados y contrabando, el tráfico de mujeres, niños y niñas para el turismo sexual, el tráfico de precursores utilizados para el procesamiento de ciertas drogas, la prostitución callejera, los secuestros y la extorsión de dinero de protección a comercios de todo tamaño, entre otros.

El fortalecimiento de los cárteles mexicanos ocurrió durante la década de los 90 pero topó con pared al comenzar el nuevo milenio. El motivo de la explosión de la violencia, según esta narrativa, fue el “terremoto” político del año 2000 que depuso al PRI de la presidencia tras 71 años en el poder. El triunfante gobierno de Vicente Fox empezó a atacar a los cárteles y se hicieron varias detenciones de altos capos de la droga, de oficiales del ejército y de los cuerpos policíacos. Incluso a solicitud de EEUU se encarceló al ex gobernador de Quintana Roo Mario Villanueva Madrid, sentenciado a 36 años de prisión. La guerra desatada por Fox contra el crimen organizado produjo en el último año de su gobierno la muerte de unos 2 mil traficantes y efectivos policíacos o militares, dato que se cita como prueba de la “seriedad” del esfuerzo. Finalmente esta narrativa afirma que el presidente Calderón ha arreciado esta guerra y la respuesta salvaje de los cárteles se despliega casi a diario en primeras planas.

Este relato no cuadra con la opinión más común en México en el sentido de que la guerra contra el narco que realiza el gobierno de Calderón no es “sin cuartel”, sino que favorece ciertos cárteles a expensas de otros. Se sabe que los narcotraficantes han logrado compenetrar cuerpos policíacos y altos mandos del ejército y se afirma en ciertos medios que sus efectos corruptores llegan al poder judicial, legislativo y ejecutivo. Se escucha con insistencia que el cártel de Sinaloa de “El Chapo” Guzmán, flamante integrante de la lista de la revista Forbes de las personas más acaudaladas en el mundo, ha sido favorecido por los gobiernos panistas. Fue durante el sexenio de Fox que “El Chapo” pudo escapar del Penal de Máxima Seguridad Puente Grande en Jalisco y las dudas persisten en este sexenio.(2)

¿Qué implicaciones tiene el actual momento para los movimientos sociales que se manifiestan o utilizan acciones de protesta para expresar su descontento por la actual situación del país?
La creciente militarización del país y el predominio de una mentalidad militarista entre autoridades civiles conducen a la criminalización de la protesta social. En México en febrero pasado se produjeron incidentes preocupantes por las supuestas protestas “populares” en varias ciudades del país en contra de la creciente presencia de efectivos militares. Se comprobó posteriormente que en Monterrey dichas protestas fueron promovidas por narcotraficantes. Durante el mismo mes de febrero hubo protestas similares en contra de la militarización en Reynosa, Matamoros, Ciudad Juárez y en varias localidades de Veracruz y hubo especulación en la prensa de que también habían sido promovidas por los cárteles. Sin embargo, no existe ninguna evidencia de que así fuese. Al contrario, aparte de Monterrey, todo parece indicar que las protestas, los bloqueos de carreteras, la toma de casetas de autopistas y de puentes internacionales en Cd. Juárez fueron el producto del genuino descontento popular por la militarización que ha atemorizado a los habitantes. La campaña de ciertos funcionarios de atribuir al narcotráfico todas las protestas populares en contra de la militarización sólo sirve para descalificar a las legítimas expresiones de descontento en general, facilitando así la represión en su contra.

Conclusiones
El tema es complejo y requiere de más análisis del que podemos dedicar en este espacio. Sin embargo varias conclusiones son evidentes: el narcotráfico es un problema serio pero su impactante presencia en distintos ámbitos de la vida nacional no es el resultado de un “Estado fallido” sino de políticas fallidas impulsadas por los gobiernos de este país:

Fracasadas políticas económicas asociadas al neoliberalismo y concretamente al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que han expulsado a millones de mexicanos de sus lugares de trabajo en el campo y en la ciudad y han creado un caldo de cultivo para la expansión de actividades ligadas al tráfico de estupefacientes. El movimiento social mexicano deberá presionar para eliminar políticas económicas de muerte, incluyendo el TLCAN, en especial ahora que sus preceptos neoliberales son repudiados en el mundo.

Fracasadas políticas de combate contra al narcotráfico que se centran en militarizar, perseguir, combatir y encarcelar. Urge elaborar otra estrategia. El movimiento social mexicano deberá promover estudios sobre las ventajas o desventajas de la despenalización o la legalización de las drogas, centrados en los intereses de México.

Otra conclusión ineludible es que Estados Unidos aprovechará la debilidad del gobierno calderonista debido a sus “fallas de origen”. EEUU se había planteado el objetivo hace décadas: derribar la sempiterna resistencia de las fuerzas armadas de México a acercarse a sus similares de EEUU. Lograr este objetivo tendría distintas ventajas para EEUU: mayor acceso a la inteligencia político-militar de México; mayor mercado para la industria armamentista de EEUU; mayor control del Pentágono sobre estrategias para atender cualquier aspecto que pudiera impactar en la “seguridad nacional” de Estados Unidos: el narcotráfico, el crimen organizado en general y el creciente movimiento social.

En tal sentido los siguientes extractos del informe del general McCaffrey ayudan a entender los contornos de la campaña mediática dirigida al público estadounidense. Más que un intento de comprender la compleja realidad de México y las causas profundas de los problemas actuales, centradas en políticas fallidas promovidas por los gobiernos de México y de EEUU, se trata de la propagación de medias verdades y lugares comunes que abonan a la presión para que el gobierno de México cambie políticas longevas de distanciamiento frente al aparato militar de EEUU y así promueva una mayor militarización del país.

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