La Maestra y Calderón

Publicado el Julio 1, 2011, Bajo Noticias, Autor MonaLisa.


Acentos / Epigmenio Ibarra / Milenio / 2011-07-01

Agoniza el sexenio. Aquellos que, como Elba Esther Gordillo, jugaron un rol determinante para que, “haiga sido como haiga sido”, se sentara Felipe Calderón en la silla, comienzan a desmarcarse de este gobierno cuyo saldo trágico, en casi todos los órdenes de la vida pública, puede asegurarle ya el mote de “infame”. De cara al 2012 se inicia, más temprano que de costumbre, la descarada compraventa de favores.

Salen a la palestra los expertos en la simulación y la trapacería electoral características del sistema político mexicano a tantear el terreno y como, en el caso de Elba Esther Gordillo, a tentar con su poder e influencia a quienes aspiran a contender por la Presidencia de la República. Fija la maestra, al recordar los acuerdos alcanzados con Calderón, el costo y las condiciones mínimas de su complicidad.

Caja chica con cargo al erario, con Santiago Yáñez en la Lotería Nacional. Control de los beneficios a los trabajadores del Estado y tajada sustantiva del gigantesco negocio que implica administrar, política y financieramente, estos beneficios, con Miguel Ángel Yunes en el ISSSTE. Acceso a la información de inteligencia, impunidad y participación en decisiones estratégicas de seguridad, con Roberto Campa en el Sistema Nacional de Seguridad Pública es lo pagado por Felipe Calderón a Elba Esther a cambio de su complicidad.

No entra en esta cuenta, por supuesto, lo que Elba Esther y Calderón arreglaron bajo cuerda y que con el tiempo, quizá, iremos descubriendo. Lo cierto es que ambos, la lideresa y quien ya se prepara para abandonar, en poco más de 500 días, el cargo, negociaron un capital, se repartieron un botín, sobre el cual ninguno de los dos tenía derechos. Como piratas, como vulgares delincuentes, actuaron la Gordillo y Calderón y han de rendir cuentas ante la nación por esto.

¿Qué futuro tiene la democracia mexicana si no somos capaces de poner coto a tanto abuso? ¿Que podemos esperar, que podemos exigir a quien resulte electo en las urnas en 2012 para gobernarnos si seguimos tolerando burlas como ésta? ¿Qué confianza podemos tener en los próximos comicios presidenciales? ¿En la limpieza y transparencia de los mismos? ¿En su validez? ¿Qué será entonces del país? ¿Cómo garantizar la paz sin sufragio efectivo?

Ya de por sí la alta jerarquía eclesiástica, los barones del dinero y la televisión se han adjudicado el papel de grandes electores. Ya de por sí intervienen, estos poderes fácticos ante los cuales Calderón ha abdicado, burlando, a su antojo, leyes y ordenamientos de todo tipo y estableciendo la inequidad como norma, la simulación como forma de conducta y conspirando activamente contra la precaria y maltrecha democracia mexicana.

Ya de por sí el propio Calderón, como lo hizo en su tiempo Vicente Fox y antes los mandatarios del priismo, mete ilegalmente las manos para, con un escandaloso dispendio de dineros públicos y un impúdico aprovechamiento de un poder e influencia que no le pertenecen, inclinar la balanza electoral a favor de sus intereses y terminar de demoler así lo poco que queda en pie de las instituciones del Estado.

Ya de por sí esta guerra indigna y sin sentido, impuesta para servir los propósitos propagandísticos y políticos de un hombre inmune al clamor ciudadano de paz con justicia y dignidad, para el cual no hay otra ruta que la que su vocación autoritaria marca, pone en entredicho, en amplias zonas del país, la celebración misma de los comicios.

Ya de por sí campean en el país la frustración y el desencanto y se escuchan voces que truenan contra la democracia como sistema, por “desordenada”, por “incapaz” de garantizar la seguridad y el desarrollo, como para que además venga esta señora a decirnos que aquí está ella, lista para operar de nuevo, fijando con desparpajo, ante la nación entera, la tajada que del botín pretende.

Dice Elba Esther que se trató entonces de una “negociación política” y que de eso mismo se trata ahora. Miente. Fue, el que hizo con Calderón en 2006, un típico arreglo mafioso. Será el que haga con Enrique Peña Nieto, si antes Felipe Calderón y el panismo no le llegan al precio, un acuerdo igualmente mafioso.

De su capacidad para torcer la voluntad ciudadana, para hacerse del control de distritos y casillas y operar un fraude electoral hormiga casi imposible de detectar, de hacerlo a cambio de la disposición ilícita, aunque enmascarada, de cargos y recursos públicos es de lo que habla, es lo que, sin recato alguno, ofrece Elba Esther Gordillo a los precandidatos presidenciales.

Recursos humanos y financieros no le faltan. La “protección” que ha vendido a Calderón y a otros gobiernos de los que ha sido cómplice se los garantiza. Su poder de coerción le ha permitido hacerse de un enorme capital político. Saber tanto de tantos, ser cómplice de tantos en tantos asuntos turbios, le asegura impunidad y capacidad de maniobra. Por eso sale a los medios con tal seguridad y cinismo; por eso se burla de sus agremiados, esos maestros que viven en la miseria y de todos nosotros, de los que confiamos en que, con nuestros votos, podremos algún día, quizás, enderezar, pacíficamente, el rumbo del país.

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