Feliz Cumpleaños a “La Jornada”, por Fernando Buen Abad Domínguez

Publicado el Septiembre 19, 2011, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

México. La Revolución por otros medios

Fernando Buen Abad Domínguez / 19 de septiembre de 2011

Que La Jornada sea incansable que ande con la cabellera desatada, que llene sus páginas con las fechas revolucionarias más anheladas. Que sus tintas torbellino de batalla se propaguen transparentes como lluvia de noticias plenas de fulgores irredentos. Que sus tintas tomen el color de la revolución y que lluevan en todo el mundo las verdades más esclarecedoras

¿Acaso el primer deber de quien busca la verdad no es avanzar directamente hacia ella, sin mirar a izquierda ni derecha? La verdad es tan poco prudente como la luz. Si la prudencia constituye el carácter de la investigación, ello es índice del temor que se tiene a la verdad, más bien que índice del temor que se tiene al error. Es un medio que paraliza cada vez que se da un paso adelante, por esa razón, la investigación sufre obligatoriamente un santo temor de descubrir el resultado: es una forma de preservarse contra la verdad.” Karl Marx.

La Jornada nos compete

Uno ve bien clara esa tarea poliedra de informar y formar, reflejar y absorber, recibir y dar… con independencia política relativa, auto-crítica y creatividad. Uno ve bien claro cómo, incluso, bajo amenazas de censura, bajo chantajes tutifruti, bajo las “llamadas de atención”, la intolerancia gubernamental y la incomodidad de la burguesía… La Jornada da ejemplos extraordinarios de fortaleza ética y estética, en sus métodos y en sus opiniones, en sus medios y modos al servicio de la transformación social. No hay muchos así.

Uno ve cómo los trabajadores de La Jornada ponen, en el día a día, las convicciones que aprendieron a crecer en público sin dejarse avasallar con sus logros. La Jornada vive sin perderse y sin perder su idea de libertad que madura desde sus rupturas, sus continuidades y sus contradicciones. Una parte de la realidad mexicana (y mucho más) habita en las páginas vivas de la Jornada, con un inquilinato de la información que moviliza a la memoria (y mucho más). Eso pasa a cumplir la tarea de construcción, a su modo, de una parte y una versión de la Historia. Nada menos.

Las plumas de los reporteros, los cronistas, los antropólogos, artistas, científicos, economistas, filósofos, historiadores, sociólogos, politólogos… contradictorios, polémicos, apasionados… exponen sus teorías, hallazgos y crónicas con libertad objetiva empeñada en elevar el nivel de la conciencia en la lucha por librarnos de las calamidades del capitalismo. Esta es una tarea fundamental. La Jornada hace valer un arte de guerra enfundado en la libertad de expresión, nada fácil, nada frecuente, nada gratis: el arte de la argumentación informativa con base en la realidad. Y la necesidad de transformarla. Sin complacencias.

Voluntad de periodismo bajo las exigencias de la ética, con “la voz de los sin voz” y la dignidad de los humillados. Instrumento poderoso para la liberación humana contra la mentira. Coraje, valentía, pasión por la verdad y compromiso con sinceridad de muchos años. Está por venir la mejor Jornada.

En La Jornada se despliega una compilación de aportes para la batalla de las ideas (y no sólo de las ideas). Prensa revolucionaria y en guerra contra la mentira, la ignorancia y la alienación. Guerra de naturaleza humanística para desarrollar la conciencia política y la lucha contra un sistema por definición injusto y monstruoso. Periódico educador, organizador, movilizador y activo, hacia afuera y hacia adentro, con la fuerza revolucionaria de la realidad y la verdad. La activación de la conciencia desde La Jornada surte efecto indispensable hoy en plena globalización de las canalladas.

Está a la vista una idea clara de periodismo para contribuir al triunfo de una “opinión pública” rebelde que contenga, además de la “batalla de ideas”, las denuncias, los análisis, los métodos de organización y la acción directa de la información en la transformación del mundo.

En una situación de decadencia y avasallamiento contra los trabajadores, como la que reina hoy en el mundo entero, la tarea de La Jornada ha sido contribuir a forjar mentes y enriquecer fuerzas para organizar mejor la transformación de la realidad. La Jornada es un arma principal, un eje de todo trabajo transformador, una contribución insoslayable en la maduración del pensar y hacer revolucionario de México.

No pocos episodios históricos han tenido a La Jornada cumpliendo tareas mucho más dinámicas que las de un informador común… se ha convertido en palestra de denuncias… en un actor más de la lucha, hombro a hombro, con el pueblo. He aquí cómo los trabajadores se hermanan con los trabajadores… la razón es clara: Los trabajadores de La Jornada también son trabajadores sometidos a las mismas miserias y barbarie que el resto de los trabajadores… no viven en una burbuja de tinta. Viven también sus luchas respectivas.

Los trabajadores de La Jornada han sabido nutrir y desarrollar, en las circunstancias de hoy, una manera integral de producir periódicos para la revolución informativa desde muchos ángulos y cerca los acontecimientos mundiales. Han encontrado un lugar desde donde apoyan la protesta y la rebelión de las masas en la línea revolucionaria y han logrado dar énfasis a lo más avanzado de la lucha Internacionalista. Su contribución para hacer conocer plenamente los rasgos del enemigo y de las clases sociales hace de este diario un arma y herramienta que empuña con la pluma las mejores causas revolucionarias. Uno puede estudiar desde las páginas de La Jornada las fuerzas de clase y las perspectivas de la transformación social, con series de textos especializados en análisis diversos y pronósticos científicos. No hay muchos así.

No será “perfecta”… pero es de lo mejor que tenemos

La Jornada ha sabido moverse por la fuerza de los acontecimientos y en la dirección acertada para contribuir a la realización teórica y práctica de un trabajo periodístico que rinde su examen de Historia todos los días. Su producción informativa no parte de una idea abstracta sino un principio directo orientador y profundamente práctico. En La Jornada cada página, plagada de hechos, es un “hoy” en movimiento. Un lugar donde la realidad abre las cortinas de la historia para mostrar su desnudez cuerpo a cuerpo.

Es un despliegue de veracidad en la tinta electrificada con evidencias que mueve los ojos y los entresijos de la razón. Cada gota de realidad escurre sus consecuencias sobre las páginas a punta de sueños y compromisos. Se trata de abrir los ojos y actuar de inmediato organizadamente. La Jornada sueña para estar despierta con su lengua de jardín y su calendario triunfos en las arterias de la historia. Sangre de pensamiento tipografiado con ráfagas de amaneceres diariamente. El periodismo es peligroso si ama la verdad, si siente la urgencia de defenderla contra el gangsterismo mass media y el autoritarismo estatal que gustan de intercambiar roles para esconder el saqueo y el fraude, propiciar el olvido y la alienación, esconder a los muertos que producen y timar a los pueblos con historietas mediocres y miserables.

La Jornada vuela en sus hojas de carne, nube y plumas sostenidas por el viento de cada día derramado sobre la antesala de mañana. La Jornada no se apacigua, tiene garganta de aurora y música de pecho enardecido que se alza entre las manos como palabra insurrecta y deliciosa. La Jornada murmura rebeliones entre labios de rebelde y besos de llovizna. Ese es el himno mayor de sus trabajadores. Todo es cosa de saber leerlo.

Uno hojea La Jornada con los ojos abiertos hacia los cinco sentidos de las sílabas y las imágenes impresas. Uno lee en La Jornada cómo pesan los días y los años editoriales que abren los párpados del tiempo a los instantes informativos. Uno ve cómo el trabajo de informar es cosa de follajes sobre la planicie de las páginas. Es pensar y semilla de fuego en guerra. Es claridad de latidos tipográficos en un periódico girasol de la lucha cuyo amor empuña la vida en letras. Informar es abrir otra vez la boca y liberar las ideas en llamas sobre el césped de la lectura que incendiará la pradera, abrir los labios de periodista que descubre con tinta la sombra de lo invisible. La Jornada, por eso, tiene alientos de vida perdurable, incuba voluntades con espada persistente.

La Jornada tiene tareas urgentes para ayudar a acabar con lo que seca al mundo, con lo que nos deshace, con lo que nos enloquece. La Jornada tiene a la verdad como garantía visible, como espuma del tiempo, como imagen de labios que ven y dicen su poesía. La Jornada anda con el amanecer a cuestas y cabalga río arriba los minutos que vienen en tropel mientras acaricia palabras impalpables que andan en busca de catapultar conciencias. La Jornada va y viene, siembra ojos en sus páginas y siembra pensamientos en los ojos… con los vibratos de lo cotidiano. Madura en un instante el aire de la memoria y pone fecha de imprenta al futuro que inspira. La Jornada nace como un reflejo diario que escala instantes en imágenes y palabras para cubrir con su lucha un mar de signos tatuados de estrellas.

Ese periodismo que milita en La Jornada es un espejo de los avances y las derrotas sociales entre los días pluviales de la conciencia… es una flor bajo la lluvia de los hechos insomnes. Un triunfo nuestro que nos exige y nos pone a prueba entre destellos de realidad que empuñan una revolución a la luz del vértigo equidistante. La Jornada trabaja, a diario, un yo cincelado con noticias, un yo ensimismado en un nosotros con la deriva de los días ante los ojos.

Uno quiere siempre que La Jornada brille con más relevancia política y más presencia de virtudes, que brille su periodismo emergente en un mundo donde los vicios no terminan de morir y las virtudes no terminan de nacer. Uno quiere siempre más de esos fulgores de periodismo de transición y en combate con su disciplina de convicciones dialécticas acuciosas y emocionadas críticamente. Jornada sin reservas de páginas, como fuerza de todos, como canción de gesta, como Revolución Permanente. Una Jornada que bañe siempre al viento de mañana con follajes de hemeroteca activa y pensamientos rebeldes en la antesala campesina y obrera que verá, con sus ojos de fechas, los escombros del capitalismo…

Que La Jornada sea incansable que ande con la cabellera desatada, que llene sus páginas con las fechas revolucionarias más anheladas. Que sus tintas torbellino de batalla se propaguen transparentes como lluvia de noticias plenas de fulgores irredentos. Que sus tintas tomen el color de la revolución y que lluevan en todo el mundo las verdades más esclarecedoras, con su belleza convulsiva, con sus imágenes triunfantes, con sus plumas aleteando el poderío de las palabras sustanciadas de Historia revolucionaria. La Poesía misma. Preparémonos que no hemos visto, todavía, la mejor Jornada.

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Universidad de la Filosofía

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