Delincuencia: la terca realidad

Publicado el Enero 10, 2012, Bajo Nacional, Noticias, Autor @gabriel_Mzuma.

Salvador Camarena/ Sin embargo.mx/ 10 enero 2012/.

* El discurso en contra de “la guerra de Calderón” tiene exitosos promotores. Los hay muy serios: gente que cuestiona con datos, análisis e incluso propuestas alternativas. Los hay, como en las corridas de toros, que hablan para la tribuna, logrando aplausos a radicales ideas como aquella que sostiene que el Presidente debería “parar” lo que “él” ha provocado. Cada quien tendrá nombres para ubicar en cada una de esas categorías.

* Pero qué hacemos con la terca realidad que nos dice, por ejemplo, que recientemente las autoridades detectaron gasolineras que despachan normalmente combustible y llevan dos años sin comprarle a Pemex. El tema del robo y tráfico de combustibles es ya calificado de alarmante. Enseguida algunos datos.

En diciembre, oleoductos en suelo veracruzano fueron objeto de ataques con explosivos de activación a distancia. Dos de ellos llegaron a estallar y uno más fue localizado sin que hubiera explotado. Las autoridades creen que podrían ser ensayos para intentar detener la operación de alguna refinería. El gobierno calcula que en los 5 mil kilómetros de oleoductos hay 1,500 tomas clandestinas, más del doble de las reportadas en 2010 por el director de Pemex, Juan José Suárez Coppel, quien en junio informó que el año anterior habían detectado 710 tomas clandestinas. El crecimiento del robo de combustible es calificado como “exponencial”.

Y si se habla exclusivamente de ductos de Gas L.P., el crecimiento del problema se ilustra con la diferencia entre las 11 tomas detectadas en 2009, y las 58 que se encontraron el año pasado. Según las autoridades, las pérdidas en este renglón dejaron ya de ser apuntadas por el gobierno en el renglón de “merma”.

El problema es mayúsculo. Un funcionario lo ponía en estos términos: “te dañan el ducto, te quita el producto, te infiltran…” Y hasta te hacen competencia, pues diversos reportes hablan de que los criminales son ya vendedores de combustible en el mercado nacional e incluso internacional. El gobierno calculaba en octubre pasado que las pérdidas por robo de energéticos rondan los 12 mil millones de pesos.

Pemex no estaba preparado para ataques de esta magnitud. Apenas ahora se han iniciado los protocolos para integrar el cuidado de esas instalaciones, ductos incluidos, a los respectivos C-4 de las distintas entidades en donde se encuentran. Eso, sin mencionar los riesgos que este tipo de tomas suponen para decenas de poblaciones en todo el país.

Pero establecer un sistema de seguridad adecuado conllevaría una inversión multimillonaria. Si se abriera ese debate en estos momentos, uno sobre la urgencia de dotar de la debida seguridad a las plantas, las refinerías y los ductos en contra de los delincuentes, ¿avanzaría esa discusión para atacar de frente el problema? ¿O México se daría el lujo de esperar a que se vaya Calderón, se revise por enésima ocasión qué hacemos con las bandas del crimen organizado y sólo entonces descubramos que, de nueva cuenta, los criminales, dotados de tecnología de punta como lo están, han tomado enorme ventaja de nuestra propensión a perdernos en la discusión sin avanzar a la velocidad requerida?

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