La unidad de la izquierda – columna de @epigmenioibarra

Publicado el Febrero 10, 2012, Bajo Columna de opinión, Noticias, Autor @gabriel_Mzuma.

Milenio Noticias/ Epigmenio Ibarra – Acentos/ 10 febrero 2012/

► Contra todo pronóstico y, quizá, lamentablemente demasiado tarde, la izquierda unida habrá de enfrentar los comicios presidenciales de julio. Eso claro si supera los obstáculos aún pendientes. Por lo pronto y por esa batalla interna recién ganada: bien por ella, mejor por el país.

► Falta ahora saber si esa izquierda que ha soportado pugnas internas, superado conflictos tribales, es capaz de recuperar el impulso ético que la caracterizó hace años y puede volver a los principios que la convirtieron, en 1988 y en 2006, en una esperanza para millones de mexicanos, llevándola a las puertas del poder.

■ Falta también saber si esa misma izquierda que se ha mimetizado con el sistema político mexicano, del que hizo suyos usos y costumbres, puede, todavía, recuperar el aliento, la creatividad y la audacia.

● Si sus dirigentes y candidatos pueden sacudirse la nube de ayudantes, deshacerse de las etiquetas que ellos mismos, comportándose como se han comportado, se han ganado a pulso, y reencontrar su vocación de luchadores sociales.

Y digo luchadores no rijosos. Gente que, con serenidad, lucidez y firmeza, es capaz de identificar y defender, hasta sus últimas consecuencias, los intereses de las grandes mayorías; convencerlos así, con su conducta, con sus actos, de no regalar su voto a los mismos de siempre.

No fue la publicidad, no fueron las encuestas las que llevaron a Cárdenas en 1988 a ganar la Presidencia. La tv le dio entonces la espalda y aún así, al encarnar las demandas de un pueblo sediento de justicia, superó al PRI, al mismo PRI que ahora toca volver a vencer.

Tampoco fue la publicidad lo que hizo a la izquierda conquistar la ciudad y menos todavía la que en 2006 llevó a López Obrador a las puertas del poder. Al contrario.

Flaco favor hicieron entonces al tabasqueño —y pueden volvérselo a hacer ahora— sus publicistas y expertos electorales. Ese 0.56 podía haberse ampliado lo suficiente para impedir el fraude si, con menos aparato y menos spots, hubiera sido López Obrador el mismo estadista de las históricas jornadas del desafuero.

Falta saber, pues, si esta izquierda anquilosada, con mentalidad de aparato, rehén de expertos en imagen publica es capaz de cambiar y de establecer una comunicación efectiva con aquellos electores que, hoy por hoy, no la distinguen de las formaciones partidarias tradicionales.

Tal como están las cosas en nuestro país, ese es el reto mayor para la izquierda: desmarcarse de la clase política de la que, para satisfacer sus propias ambiciones y apetitos, forma parte.

Para ganar debe la izquierda, y más todavía en estos tiempos de desprestigio profundo de la política y los políticos tradicionales, volverse de nuevo “opción ciudadana”.

Para ganar, la izquierda ha de encontrar la forma de escuchar, hablar, conmover y convencer a los jóvenes. A esos jóvenes que no le tienen ya ninguna confianza; que no salen a marchar bajo sus banderas; cuyas luchas e intereses no parecen preocupar sino en tiempo de elecciones a sus dirigentes.

Para ganar, la izquierda ha de enfrentar el problema de la guerra. Correr el riesgo de poner como primer punto de su agenda la pacificación del país y la búsqueda de formas más efectivas, inteligentes e integrales de combatir al crimen organizado.

Son los jóvenes los que, en esta guerra de Felipe Calderón matan y mueren. Son los jóvenes a los que el narco, a punta de plata y de plomo somete. Son los jóvenes a los que este gobierno criminaliza; de los que dice con desparpajo, con descaro, “se matan entre ellos”.

Son los jóvenes a los que este modelo económico, el del PRI y el del PAN, olvida; a los que margina y deja sin educación, sin empleo, sin oportunidades de cara a la migración forzosa o a la muerte.

Es con los jóvenes con los que caminó Cárdenas. Fueron ellos quienes llenaron las calles e impidieron la intentona de golpe de Estado desde el Estado que fue el desafuero. A su encuentro ha de ir la izquierda o al fracaso y a la entrega del país al autoritarismo.

Debe la izquierda respirar, trasmitir, si quiere remontar la cuesta, frescura, audacia y compromiso y no caer, como ha caído, víctima de la vanidad de sus propios dirigentes y candidatos que sueñan con ver su rostro multiplicarse en las calles y en la pantalla de la tv.

No avanzara la izquierda con esloganes. Tampoco con el derroche de centenares de millones de pesos en publicidad. Si en eso se concentra tiene desde ya la batalla perdida.

Sus adversarios tienen más dinero y más experiencia; saben vender mejor su producto y tienen las herramientas y librar la guerra sucia. Una guerra que los propios exabruptos de la izquierda —que su afán por la consigna y su gusto por atizar el fuego en la plaza— aceita y profundiza.

Puede el país volver al pasado o peor todavía continuar por la senda de sangre, empobrecimiento y muerte de Felipe Calderón. Todo apunta en que ese habrá de ser el resultado de las próximas elecciones.

Tiene la izquierda la obligación, el deber histórico, de constituirse de nuevo en esperanza de transformación profunda del país; debe antes transformase a sí misma y hacerlo con urgencia e imaginación.

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