Miles de huérfanos por la creciente violencia en el país

Publicado el Febrero 29, 2012, Bajo Columna de opinión, Nacional, Autor @gabriel_Mzuma.

Cicatrices de la violencia

El es un mexicano que debió crecer junto a sus padres, pero hoy se le puede considerar la víctima colateral más pequeña de la violencia desatada por el crimen organizado y su combate.

El Universal / 27 febrero 2012 /

Tenía 32 días de nacido. Aún no estaba bautizado, y la madrugada del 22 de diciembre enfrentó lo cruento de la violencia a la que él y sus progenitores eran ajenos.

Ráfagas de armas AK-47 acabaron con la vida de sus padres, ambos de 19 años y estudiantes de preparatoria que viajaban en un camión de la línea Estrella Blanca por una carretera de Veracruz. Mientras tanto, el cuerpo del bebé permanecería durante más de 40 minutos debajo de los cadáveres de sus padres, en un charco de sangre pero aún abrazado por su madre, y ya con quemaduras en el rostro. Por unos minutos sería un niño de nadie, desprovisto de todo, con la identidad abandonada.

En su pierna derecha se abría una herida de bala, hasta que ya casi asfixiado fue transferido al hospital más cercano. Ninguno de los pasajeros de aquel autobús de la muerte podía ayudar o tocar aquellos tres cuerpos hasta que el Ministerio Público accediera al lugar. Pero quizás al bebé le restaban fuerzas o el coraje necesario para salvar la vida.

Dicen que su llanto no cesaba. Cuentan también que el chofer del camión desobedeció las órdenes de los sicarios e intentó acercarse al pequeño para rescatarlo, y esa fue la razón por la que también fue asesinado. Una bala entró al cuello de Erika; otras en la cabeza de Florentino; y varias más en la espalda del chofer, todas a quema ropa.

■ Aquel día, los padres del recién nacido regresaban de Monterrey —lugar al que habían ido para probar suerte — cuando fueron acribillados dentro del autobús en la carretera Pánuco-Tantoyucala. Dicen que Erika comenzó a gritar, entró en pánico, y por eso fusilaron al matrimonio.

Ellos iban rumbo a Huautla en la Huasteca hidalguense, para pasar la Navidad con sus padres y presentarl al bebé por primera vez.

La casa de Francisco y Catalina, los abuelos paternos, ya estaba lista para recibirlos. Nada de lujos. Luces de colores, tamales y refrescos para la cena de Navidad, y un Nacimiento que como todos los años fue colocado con la ayuda de Saturnino de 18 años, Samuel de 12, Johana de 7 y Heysel de cinco.

Jorge, el mayor de los siete hijos de la familia Hernández Cortéz, los alcanzaría para las fiestas decembrinas. El primogénito vive en la ciudad de México y labora en el Ejército. Araceli, la hija de 22 años vive en Monterrey, y también los alcanzaría.

Pero las celebraciones no habrían de darse.

El 23 de diciembre Erika Morales y Florentino Hernández sí regresarían a su comunidad pero en una carroza fúnebre, guiada por una patrulla de la PGR,y otra de la AFI delegación Veracruz. Ese mismo día el bebé arribó al hospital de Huejutla De Reyes, Estado de Hidalgo. Ahí lo recibiría Jorge, el mayor de los hijos.

Ocurrió también que al depositar los ataúdes dentro de la casa, Catalina exigió ver el cadáver de su hijo, para cerciorarse que realmente se trababa de él, y lo encontró desnudo dentro del féretro, lo mismo que a su nuera. Ambos en distinto cajón, pero sin ropa.

Fue entonces cuando Catalina entró a su casa, y decidió que lo primero que debía hacer era escoger algo para vestirlos, en lo que llegaba la mamá de Erika para el entierro. Ella, la señora Adela Cortéz, venía del DF.

Ahora Catalina se esforzaba por organizar la muerte de los hijos, “para que nada les hiciera falta en el más allá”, asegura esta mujer de 42 años, a la que le faltan la mayoría de los dientes delanteros, por la carencia de recursos para tratárselos. La clínica más cercana está a una hora de camino en terracería.

Catalina abrió un cajón del armario, y escogió una falda de flores para su nuera. La acababa de comprar para sí misma, pero decidió que Érika la estrenaría. Y para su hijo un pantalón negro y camisa blanca. Calcetines blancos, y zapatos a un lado de los pies. “Puestos no. Porque los zapatos podrían pesarle en su camino”, agrega Catalina.

Al féretro de su hijo le agregaría 7 tortillas, un refresco, una cerveza, un poco de café, dulces, la mochila de su escuela, una taza, un plato, 300 pesos “por lo que se pueda ofrecer”, una servilleta, un guaje con agua, junto con siete camarones de río para que el agua nunca se seque. A Florentino sus padres de decían Tino.

Catalina prefirió no incorporar nada al féretro de Érika —“por respeto a mi suegra”— dice. Aunque al final, y antes de cerrar el cajón decidiera que Erika también debía llevarse 300 pesos al otro lado; una toalla para secarse, harina de nixtamal para ahuyentar a los pollos, y una playera de su hijo.

El nieto es como un hijo

Cuando llegamos al lugar Florentino está bañando a su nieto con una jícara. Mientras, Catalina camina descalza, y aún sin bebé en los brazos —durante la entrevista— ella no para de mecerse, como si el ritmo o el vaivén del arrullo materno los hubiera recuperado de súbito con la llegada de su primer nieto. Quizás éste sea el retorno de la hospitalidad y las posibilidades del cuerpo materno.

Mientras tanto, el recién estrenado abuelo Florentino arrancaba las luces navideñas y el nacimiento, y sacaba las cosas del cuarto que antes ocupaba Florentino, para ahora alojar ahí el cajón mortuorio de su hijo, y la nuera.

A Florentino le toca medir el cajón para cavar una fosa. También el cajón de la nuera que no conocía. “Cuando se fueron de Huautla hacia Monterrey, Erika ya iba embarazada, pero decidieron decirnos que se habían casado cuando el bebé nació”, agrega Florentino.

Entre los abuelos paternos y la abuela materna decidieron quién se quedaba con el bebé, que en enero bautizaron en el DIF estatal con el nombre de Erick Florentino, “para que lleve el nombre de su madre y de su padre”, aseguran los abuelos paternos, quienes ahora ya están en trámites para adquirir la tutela definitiva de su nieto.

La cicatriz que tiene en la pierna izquierda de Erick Florentino permanecerá y crecerá con él. “Lo demás, lo que vivió en ese camión, ojalá que se le borre de la mente”, dice su abuela.

Otros especialistas como la doctora Lilia Pankowski hablan de un fenómeno psicológico conocido como Focos de Hamer, el cual indica que cada enfermedad es originada por un choque o trauma que nos toma sorpresivamente.

“Cuando ocurre este evento o conflicto inesperado, el cerebro recibe el impacto en un área específica y esto a su vez causa una lesión llamada Foco de Hamer, por lo que resulta probable que en su adolescencia Erick Florentino pudiera presentar ataques de pánico”.

Florentina, a su vez es absolutamente intolerante ante el llanto de su nieto-hijo. Dice “que ya chilló todo lo que tenía que llorar en ese camión, ahí tirado quién sabe por cuánto tiempo al lado del cuerpo muerto de mi hijo y mi nuera”.

El miedo a que Erick sufra ha empujado a esta familia completa hacia la vida. Todos lo mecen. Todos lo cargan. Todos juegan con él. Erick Florentino quizás ha ayudado a que la familia Hernández Cortéz vuelva a reconocer la vida; aunque no será hasta que coloquen la cruz en la lápida de Florentino que su cuarto volverá a ser ocupado como antes por su hermano Saturnino.

Dice además que al principio Erick Florentino lloraba mucho, pero sus abuelos lo llevaron con una santera que le colocó una pulsera roja en el puño derecho, y le hizo una limpia para que ya no llorara.

Ahora, a dos meses de lo ocurrido, Florentino de 50 años, aún sigue cabizbajo, porque no se conforma con ya no ver a su hijo.

A su vez, los planes para Saturnino que está por terminar sus estudios de Preparatoria, también están cambiando. “La verdad es que tenemos miedo. No sabemos por qué mataron a mi hermano y a mi cuñada. Yo quiero estudiar informática. Pero con todo esto que ocurrió voy a tener que dejar mis estudios para apoyar a mis padres económicamente”.

“Me falta jugar fútbol con mi hermano como lo hacíamos todos los días a las 4 de la tarde en la cancha. Pero lo urgente en la casa es el dinero, los pañales, leche, ropa, cobijas, zapatos y uniformes para mis hermanos”, concluye Saturnino.

Apoyo de las autoridades

Según Jorge Rocha Trejo, subsecretario de Gobernación de la Huasteca hidalguense, el mismo grupo de hombres armados atacaron, con minutos de diferencia, otros dos autobuses matando a 16 pasajeros en los límites de Temporal y Pánuco, dice en entrevista con EL UNIVERSAL.

“Los cinco presuntos delincuentes fueron abatidos por fuerzas federales, y de acuerdo con el Ministerio Público el ataque fue un asalto que derivó en un enfrentamiento. Se aseguraron una camioneta blindada, cinco armas largas, 54 cargadores y ocho teléfonos celulares”.

Asegura que los apoyos del gobierno de Hidalgo han sido los trámites para el traslado de las víctimas y del menor de Pánuco a Huautla, así como el papeleo ante el Registro Civil, y la entrega de parte de la señora Lupita Romero, presidenta del patronato DIF estatal, de ropa para el bebé, y verificar la salud del menor.

También se asegura que el subprocurador de la Defensa del Menor realice los trámites para la custodia definitiva a los abuelos paternos.

Éstos últimos están registrados en el programa de Oportunidades. La empresa Estella Blanca, el 20 de febrero, entabló un acuerdo con la funeraria Armenta para que liquidar los 9 mil cuatrocientos pesos de los trámites funerarios de Ericka, y los 9 mil ochocientos de Florencio.

Erick Florentino, aún no sabe de imdemnizaciones o acuerdos públicos; lo que quiere es que su abuela madre lo cargue todo el tiempo, mientras Francisco, su abuelo, mece la cuna y desgrana elotes a la vez. Después y con suerte Erick Florentino dormirá bajo la alfombra de mazorcas que por ahora dan el sustento apenas elemental, pero seguro que requiere su nueva familia.

Seguramente a esta hora del día, los niños de la familia Hernández Cortéz estarán en la escuela, y Catalina y Florencio en sus respectivas labores, porque como escribió José Saramago en su libro El equipaje del viajero: “Sabemos muy bien que la vida tiene sus exigencias inmediatas”.

Miles de niños huérfanos por la creciente violencia en México

Vídeo: youtube – telesurtv

• En México, cada vez más niños huérfanos requieren apoyo. Organizaciones sociales exigieron al gobierno emprender acciones de atención a infantes afectados por la violencia que se vive en el país. Se estima que al rededor de mil niños y niñas han quedado huérfanos como resultado de la lucha contra el narcotráfico que ha emprendido el gobierno federal, principalmente en la frontera norte.

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