¿Quién es? Vázquez Mota, el trampolín

Publicado el Marzo 30, 2012, Bajo Política, Autor MonaLisa.

MARCELA TURATI / PROCESO / 30 DE MARZO DE 2012


Josefina Vázquez Mota, aspirante panista a la Presidencia. Foto: Octavio Gómez

MÉXICO, D.F. (apro).- Por su novatez en la política, a la entonces recién nombrada secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, sus críticos no le daban tres meses de estancia al frente de la “secretaría de los pobres”. Sin embargo, sobrevivió hasta la recta final en el gabinete foxista y abandonó el cargo durante el último año para armarse un proyecto transexenal.

Su nombramiento se interpretó como una “cuota” del PAN, aunque ella, hasta ese momento se declaraba no militante en el partido. Fue notificada de su designación apenas 18 horas antes de ser presentada como parte del gabinete del área social.

Sus cartas de presentación eran ambiguas: consejera de la Coparmex, buena oradora, autora del libro de autoayuda Dios mío, hazme viuda por favor, e invitada a participar como diputada bajo las siglas del panismo. Cuando los head hunters presentaron sus propuestas, Vicente Fox ya tenía colocados a sus amigos, y había una rebatiña por esa Secretaría.

Vázquez Mota fue incluida en el “gabinete del cambio” cuando se esperaba que Vicente Fox cumpliera los milagros que había prometido y que la gente le exigía por haber sacado al PRI de Los Pinos.

Desde que Vázquez Mota se estrenó como titular de la Sedesol hizo política. Repetía constantemente su preocupación por el “blindaje electoral” de los programas sociales, y con esa intención invitó a las organizaciones sociales vigilantes del voto –entre ellos Alianza Cívica–, a los gobernadores de los estados y a los organismos internacionales para que acompañaran su empeño.

Paradójicamente, “empanizó” a la Secretaría, pues en 24 de las delegaciones estatales de la dependencia en los estados nombró a miembros activos del PAN. Varios de ellos habían tenido cargos políticos como alcaldes, dirigentes estatales del partido, coordinadores regionales de la campaña de Fox, funcionarios en administraciones panistas o legisladores del ámbito local y federal. En las oficinas centrales era la dependencia con mayor presencia blanquiazul dentro del gabinete social.

La propia Vázquez Mota fue postulada por Acción Nacional a la Cámara de Diputados. El exconsejero nacional del PAN, Gonzalo Robles, fue subsecretario de Prospectiva, Planeación y Evaluación. El excoordinador general de Delegaciones, Julio Castellanos, fue diputado y presidente municipal de Zamora. El comisionado de la Unidad de Transparencia y Combate a la Corrupción, Luis Reza Olivas, era cercano colaborador del exgobernador panista de Chihuahua Francisco Barrio, Sergio Soto Priante, coordinador de asesores, fue militante del PAN.

En los inicios de la gestión se le criticó por haber nombrado como su vocero al editor de la publicación de la Iglesia católica Desde la Fe, José de Jesús Castellanos, quien duró en el cargo un par de meses. Pero confundió a sus críticos y silenció a la izquierda cuando invitó a trabajar con ella a personalidades provenientes de la academia y de las organizaciones sociales.

Fue el caso del activista Rogelio Gómez Hermosillo, cazamapaches por excelencia desde Alianza Cívica, a quien designó titular de Oportunidades, así como el de la feminista Cecilia Loría, quien encabezó el Instituto Nacional de Desarrollo Social (Indesol). De esta manera silenció las quejas de que dotaba de recursos a organizaciones de ultraderecha.

Esos esfuerzos fueron vistos como un intento para despartidizar los programas sociales y asignar recursos a organizaciones independientes.

Además, colocó en subsecretarías a reconocidos expertos como Rodolfo Huirán –el demógrafo más confiable por haber conducido con independencia al INEGI– y Miguel Székely, más de escritorio, a quienes invitó a trabajar incluso cuando fue designada titular de la SEP durante el sexenio calderonista.

En su afán de desmontar las estructuras corporativas priistas, creó una línea telefónica para denunciar desvíos de los programas sociales, difundió campañas publicitarias en torno al apartidismo de los recursos antipobreza, y modificó los métodos de entrega de recursos a los más pobres.

Continuismo

Durante su gestión predicó el “blindaje electoral” de los programas sociales; sin embargo, en varias ocasiones fue acusada por los partidos políticos opositores de usar los padrones con fines electorales. Cuando se incorporó a la campaña presidencial de Felipe Calderón no resistió la tentación de usar sus contactos, y convocó a organizaciones que Indesol había apoyado a los actos de campaña de su candidato.

En cuanto dejó su cargo en Sedesol se desató el escándalo al descubrirse la triangulación de recursos del Programa de Vivienda Rural para financiar las campañas a diputados y senadores del PAN, a través de organizaciones “fachada” como Huehuetepetl Comunitaria. El fraude consistió en el desvío de 57 millones de pesos de la dependencia cuando Vázquez Mota era su titular.

Aunque del “gobierno del cambio” se esperaban programas progresistas, diferentes a los asistencialistas que había manejado el PRI, para el combate a la pobreza, éste no se caracterizó por la innovación. Pese a que Vázquez Mota terminó con la tradición de desmantelar lo que hicieron sus antecesores, tampoco inventó métodos nuevos. Sólo administró el programa Progresa –heredado de la administración zedillista– al que depuró de falsos pobres, dotó de más recursos y cambió el nombre por el de Oportunidades.

Toda la estrategia social priista fue barnizada durante el foxismo bajo el lema “Contigo” y acompañado del logotipo de rehilete de colores. Pero, básicamente, dio continuidad a los programas ya establecidos.

Para detonar el desarrollo en las zonas de mayor pobreza, Vázquez Mota apostó por el programa Microrregiones para el Desarrollo. Aunque fue presentado como un proyecto innovador que imprimiría el sello foxista a la política social, se trató de una copia del Programa de Atención a Zonas Prioritarias creado durante el sexenio anterior. La diferencia consistía en que se amplió a 250 regiones.

El impulso innovador no le alcanzó para todo el sexenio, pues antes de que éste terminara ya había sufrido reducción presupuestal y a su encargado Gerardo Priego lo sacrificaron para evitar confrontaciones con los priistas. Pasó entonces a segundo plano el discurso que anunciaba la colocación de “banderas blancas” en las zonas más marginadas, señal de que se habían abatido los niveles de pobreza y la falta de servicios.

Asimismo, perdió fuerza la creación de polos regionales de desarrollo donde se construirían centros comunitarios de desarrollo para canalizar las demandas locales y podrían detonarse proyectos productivos, a fin de que los productos de los más pobres accedieran a mercados internacionales. También se aplazó el “apadrinamiento” de los empresarios a los municipios con mayores carencias.

En lo que se refiere al manejo presupuestal para fines políticos, desde el comienzo de su gestión Vázquez Mota le echó ojo al Ramo 33, cuyos recursos se destinan a los municipios. Le pareció que éstos estaban mal asignados. Aseguraba que algunos alcaldes vivían de administrar la pobreza y que cada año disponían de grandes recursos sin mejorarla vida de la gente. En contrapartida, afirmaba, el presupuesto disminuía para los que tenían buen desempeño. Entre sus exigencias estaba que hubiera mayor transparencia.

Sus señalamientos molestaron a gobernadores y alcaldes. El gobierno de Chihuahua se rehusaba a firmar convenios con Sedesol, y en Oaxaca varios alcaldes priistas secuestraron a uno de sus enviados cuando se reunía con alcaldes panistas que querían acusar al gobierno local de bloqueo de recursos.

A medio sexenio tuvo que sacrificar a uno de sus alfiles: Gerardo Priego, un tabasqueño surgido de las filas de Coparmex que se encargó del programa de Microrregiones. La razón: haber acusado al gobernador oaxaqueño José Murat de caciquismo por bloquear el desarrollo, y aludir al resto de gobernadores priistas en su crítica.

Vázquez Mota siempre evitó confrontaciones. Para ello se valía de su discurso con un guión armado sobre la pobreza, de su hablar pausado, de su sonrisa permanente, de su mirada astuta, de su diplomacia y de su agilidad mental para responder preguntas difíciles. Sin embargo, no se salvó de las patadas entre políticos.

Cifras increíbles

En su gestión unificó el padrón de asistencia social para que las listas de beneficiarios no estuvieran dispersas, lo depuró y reservó los nombres como confidenciales. Eso le valió el reclamo de los gobernadores y alcaldes que querían que les entregara esa información para tener su propio mapeo de la pobreza. En un par de ocasiones hubo denuncias porque funcionarios de Sedesol utilizaron los padres para invitar a los más pobres a votar por ciertos candidatos.

Otra de sus acciones fue la contratación de estudios de diagnóstico para todo tipo de mediciones. Entre éstos estaban los que indicaron por primera vez que las administraciones priistas produjeron 53 millones de pobres y no los 40 millones que se creía. También se efectuaron análisis para conocer las preferencias de compra y hábitos de consumo de los pobres, sus sueños y dificultades, el mapa de geo-referenciación de la pobreza o las nuevas metodologías de medición de la pobreza.

A partir de su administración la pobreza se clasificó de un modo diferente al considerar en primer término las capacidades patrimoniales o alimentarias.

A dos años de que se inició el “gobierno del cambio” fue anunciada la reducción de la pobreza. Incluso el presidente Fox se atrevió a anunciar que en 15 años de política continuada se acabaría la pobreza.

En la Cámara de Diputados no resultó creíble la aseveración de la disminución de la pobreza extrema en un 16% en dos años; es decir, que en ese lapso 3.4 millones de personas dejaron de ser miserables. Le reprocharon sus fórmulas de medición de la pobreza. Señalaron que era imposible ese logro en un contexto de estancamiento económico, aumento de desempleo, estancamiento de salario y subejercicio presupuestal. La acusaron de manipular la medición de la pobreza para realizar maniobras de tipo electoral.

En su defensa esgrimió varios argumentos que, según ella, justificaban la mejoría económica ente la población más pobre: la coordinación gubernamental, las remesas que envían los migrantes, el crecimiento del padrón de beneficiarios de Oportunidades, los subsidios de Procampo y la estabilidad económica. Sin embargo, no convenció a sus detractores.

Pese a todo creó una estructura integrada por académicos independientes que se dedica a medir la evolución de la pobreza y anualmente presenta las cifras. Su proceder fue ensalzado por organismos internacionales que apoyaban sus afanes de transparencia, la ampliación del padrón de Progresa –convertido en Oportunidades– y la inserción de los más pobres al mercado formal.

Con ese apoyo contrató deuda con el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (mil millones de pesos) para las mediciones de los alcances de los programas asistenciales, consolidar los apoyos en las zonas de pobreza urbana y formalizar la propiedad de los pobres.

Su formación como economista la llevó por los caminos de la defensa a la reforma hacendaria, pues anclaba la superación de pobreza a esas reformas. Desde el inicio pidió su inclusión en las reuniones del gabinete económico.

Su gurú fue el economista Hernando de Soto, el peruano que pregonaba que los pobres necesitan acceder al mercado. Con ese criterio señalaba que darle valor a la propiedad privada era un instrumento para progresar, por lo que tenían que formalizar su propiedad, y que los pobres deberían acceder a los mercados internacionales.

Quiso hacer una cruzada antipobreza que conjuntara los tres órdenes de gobierno, a todas las secretarías y a empresarios. Sólo entre los hombres de negocios tuvo una mayor respuesta, por lo que les dio un menú de municipios o necesidades para que eligieran cuál querían “apadrinar” y ayudar a incluir al progreso y al mercado.

De acuerdo con la asignación de tareas, a Comex le correspondió dotar de pintura y Cemex construyó pisos de cemento en localidades en condiciones de extrema pobreza. Si se trataba del envío de remesas se pedía ayuda a Western Union. Tec de Monterrey, Apasco, Maseca, Banorte, Nestlé, Banamex, Bimbo, Bancrecer, Microsoft o Ilusión eligieron a las microrregiones de acuerdo con su ubicación geográfica.

Un ejemplo de la participación empresarial en acciones contra la pobreza es el programa “Saber Cuenta” creado para que Banamex se embolsara el nicho de los más pobres al darles posibilidades de ahorro y de crédito, y asesoría para administrarse. Según el anuncio que se hizo, Sedesol puso a disposición de Banamex un millón 300 mil cuentas bancarias registradas mediante el Programa Oportunidades, para brindarles educación financiera a 5 millones de familias.

El nicho de los pobres

En varias ocasiones Vázquez Mota promovió ante empresarios a los pobres del país como un mercado millonario en el que vale la pena invertir. En una comida con los miembros del Club de Industriales, en la que estuvieron presentes Lorenzo Servitje y Manuel Arango, presentó la Encuesta sobre patrones de consumo de los hogares pobres en torno a los hábitos de consumo, necesidades y anhelos de un mercado que abarca 25 millones de personas, las más pobres del país. Invitó a los asistentes a que dejaran de ver a los pobres como un grupo que sólo requiere de alimentos y servicios básicos, para considerarlos como potenciales compradores de electrodomésticos, muebles e incluso automóviles.

“Necesitamos superar la pobreza porque necesitamos ver a la política social como una pieza de competitividad y ya no solamente como mecanismos de compensación o de asistencialismo”, dijo en aquella ocasión, según consigno el periódico Reforma.

En éste y otros programas nunca quedaron claros los beneficios que recibieron los empresarios por “apadrinar” a los más pobres o insertarlos al mercado.

Durante su gestión, Liconsa compró 37% de la leche a Lala y no a los productores locales para quienes fue creado el proyecto. Los métodos cambiaron en cuanto estalló el escándalo.

Uno de los mayores fiascos fue el anuncio del programa “Pa’ que te alcance” que dotaría de alimentos a los mexicanos que pasan hambre. No prosperó y todo quedó en promesas por parte del presidente Fox.

Su jugada maestra fue la aprobación de la Ley de Desarrollo Social que obliga a firmar convenios con cada entidad para la asignación de recursos estatales, y que prohíbe que se reduzcan los recursos destinados al combate a la pobreza en las asignaciones presupuestales.

Además este ordenamiento permite establecer evaluaciones serias sobre el combate a la pobreza que los recursos no podrán ser menores al año pasado, y deberán de crecer cuando menos a la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto que registra el país, y esto deberá hacerse siempre y cuando se tenga la suficiencia presupuestaria.

Al finalizar el sexenio foxista su equipo de trabajo sabía que con la incorporación de Vázquez Mota al gabinete y su supervivencia en éste durante todo el sexenio, contra todos los pronósticos, le abría la posibilidad de mantenerse en cargos de alto perfil. En corto, en la dependencia ya se hablaban de los afanes presidenciales de la secretaria.

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