#Los hijos de los trabajadores.

Publicado el Junio 22, 2012, Bajo Derechos Humanos, Autor Nonoy.


Publicado en HISTORIAS DE NADIE. Diego Enrique Osorno. Miércoles 24 de Agosto de 2011

El senado discutió y aprobó el 30 de abril de este año una ley general de estancias infantiles impulsada por padres y madres de niños fallecidos en el incendio de la Guardería ABC, ocurrido en Hermosillo, Sonora el 5 de junio de 2009. Una vez hecha la propuesta de los papás de las víctimas del siniestro, con la asesoría del abogado Lorenzo Ramos, el debate legislativo lo encabezaron los senadores Javier Castellón del PRD, Emma Larios del PAN, y en forma menos visible, Manlio Fabio Beltrones del PRI.

En esos días fui invitado a presentar en un auditorio del Senado, el libro Nosotros somos los culpables. La tragedia de la Guardería ABC, publicado por Grijalbo en 2010. Debido a cuestiones de trabajo, no pude ir al evento en el cual participaron Abraham Fraijo y Julio César Márquez, padres que han resistido intentos gubernamentales de comprar su dolor, así como también han tenido el coraje de no mezclar su demanda ciudadana con los mezquinos intereses de actores políticos, de varios partidos, que se han acercado buscando migajas electorales más que auténtica justicia para los 49 niños fallecidos.
El día de la presentación, el activista, mi amigo Daniel Gershenson, leyó un pequeño apunte que escribí pidiendo disculpas por la ausencia y explicando que el libro es resultado de tres silencios:
1.- El silencio de dolor ante el conocimiento de los detalles de la tragedia, los cuales fui recopilando como parte de mi trabajo como reportero, en los meses de junio y agosto de 2009 que pasé en la capital de Sonora;
2.- El silencio de una rabia nacida, la cual no dudo que brotaría en cualquier persona que se asome al caso para constatar la impunidad con la que operaba una red de corrupción bajo el esquema de subrogación del sistema de guarderías del Instituto Mexicano del Seguro Social;
3.- y finalmente, el silencio de respeto que uno siente cuando un grupo de obreros, sin ninguna experiencia política y con todo en contra, se organizan para exigir justicia, para que la muerte de sus hijos no se convierta en otro más de los absurdos de este país.
En Nosotros somos los culpables, la voz del escritor está callada para dejar que se escuchen las reflexiones de los padres, las narraciones detalladas de los testigos de la tragedia, el cinismo de algunos actores oficiales y el digno grito ciudadano de protesta que aún está exigiendo justicia.
Los reporteros no solo debemos aprender a contar bien las historias, a hablarlas. También debemos saber callar para que ciertas historias se cuenten con su propia voz.
La idea de cómo poder hacer un libro así surgió durante una reunión de colonos de Monterrey en la que se guardó un minuto de silencio por los hijos de los trabajadores que fallecieron en Hermosillo. Me puse a pensar en cómo traducir en palabras un momento de silencio tan intenso como aquél. El resultado fue un agolpamiento de imágenes pasando por mi cabeza, algunas vividas directamente, otras conocidas a través de decenas de testimonios que oí.
A veces los políticos padecen del mismo mal que padecemos los reporteros: No pueden, no saben callar para escuchar a los demás. Si la mayoría de los políticos oyeran el silencio alrededor de lo que sucedió aquél verano de 2009 en Hermosillo, Sonora, escucharían un grito encabronado de miles de madres y padres que, pese a lo desprestigiada que está la política en México, aún creen en el gobierno, aún creen que sus hijos no son vistos por la maquinaria burocrática como un negocio más. Por eso miles de obreros acuden todavía con sus bebés a las miles de guarderías públicas instaladas a lo largo del país, para luego irse a trabajar.
Que las palabras nos sean fieles, eso es lo que muchos quisiéramos en México, donde se habla y habla, pero hay un denso silencio: dos de esos silencios atraviesan el caso de la Guardería ABC: El del poder, que parece imbatible; y el de miles de mexicanos que nos sentimos agraviados por lo sucedido, con un silencio que un día lo van a tener que oír.

twitter.com/diegoeosorno

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: