Antes de trascender, la intérprete todo lo logró

Publicado el Agosto 5, 2012, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.


Blanche Petrich / La Jornada / Publicado: 05/08/2012 14:34 /
Foto EFE

* Apenas en julio pasado volvió a Madrid y se hospedó en la Residencia de Estudiantes. Se encontró y comió con su amigo Pedro Almodóvar, vió Las Cibeles y entró al El Prado.

México, DF. Antes de morir, Chavela Vargas logró realizar un sueño que acariciaba desde hacía años:

volver a Madrid y amanecer en la Residencia de Estudiantes donde –solía contar– en sus largas estadías en los años 90 había departido tantas noches de insomnio con el alma errante del poeta andaluz Federico García Lorca, cuya poesía había hecho suya. Quería comer una vez más con su amigo Pedro Almodóvar, ver Las Cibeles y entrar al Museo de El Prado. Todo lo logró.

En efecto, la creadora de la emblemática canción Macorina, que abanderó la libertad sexual, dedicó todas sus fuerzas en julio pasado para realizar ese sueño.

Cruzó el Atlántico el 2 de julio, con sus inseparables enfermeras Liliana Achu-Fan y Lorena Barrera, con Cortina y el joven cineasta Rubén Rojo Aura, que realiza un proyecto documental sobre la vida de la artista. Y en su primera mañana, a bordo de la silla de ruedas en la que quedó confinada después de un accidente cardiovascular en 2009, decidió ir a El Corte Inglés. Luego de comer en una las entrañables fondas castellanas de la ciudad, propuso visitar El Prado. Más tarde, en otro sitio, ordenó una copa de vino. El tacto del rojo destilado, que hacía más de 30 años no probaba, le calentó el corazón, confesaría a los comensales.

Días después se presentaba en concierto, al lado de la cantante Martirio (otra andaluza), con la obra contenida en el libro-disco Luna Grande, de la disquera CoraSon, donde recrea la poesía lorquiana. Cantó con toda el alma. El agotamiento fue tal que de ahí fue trasladada al hospital Princesa. Ahí sintió nuevamente que la pelona, como llama a la muerte –que le fue tan familiar–, la volvía a rondar. Ya no pudo ir personalmente a la presentación del libro Dos vidas necesito, versión hispana de Las verdades de Chavela. Cortina la representó.

Pero Vargas Lizano decidió no morirse en España. Contra todo pronóstico, luego de ese viaje aterrizó de regreso, en un vuelo de Iberia, al Distrito Federal. Llegó sonriendo. Abordó la ambulancia que la esperaba y desdeñó la habitación y los médicos que la esperaban en el Instituto Nacional de Nutrición, por cualquier emergencia. Regresó a Tepoztlán, a la sombra de su cerro, el Chalchitépetl, al lado de Lola, su perra xoloizcuintle.

Este texto se publicó el pasado jueves 2 de agosto, en la versión impresa de La Jornada. La versión íntegra se lee en http://www.jornada.unam.mx/2012/08/02/sociedad/045n1soc

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: