Entreguismo priísta

Publicado el Octubre 10, 2012, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.


Luis Linares Zapata / La Jornada / 10 octubre 2012

A la futura administración priísta, encabezada por el modernizador para toda ocasión, ya le anda por volver a sus genéticas andadas: el contratismo y la entrega de bienes nacionales a propios y extranjeros. Para ello prepara, a marchas forzadas, dicen, la famosa reforma energética. Un engendro adicional de las llamadas estructurales.

Modificaciones legislativas ad hoc que han terminado, una tras otra, inscritas en el mármol para la posteridad de las frases inocuas: un paso más, no el definitivo es cierto, pero, eso sí, dado en la dirección correcta, exclamarán los palafreneros del oficialismo.

Peña Nieto, en su visita de pisa y corre, dijo a Dilma Rousseff que Petrobras, la empresa brasileña de energía, será el modelo a seguir. Entremos pues, aunque sea de manera superficial, al análisis de dicho modelo. Los afines a la reforma energética sostienen que la privatización es el aspecto crucial para el éxito obtenido por esta empresa. En efecto, el accionariado mayoritario de esa empresa fue vendido a través del mercado de valores. Aún así, el gobierno brasileño siempre retuvo la mayoría (38 por ciento) aunque no preservó la posibilidad de nombrar a su directorio, cosa que, en varias ocasiones, lamentó el propio Lula. En tiempos recientes y bajo el paraguas protector levantado por un Lula da Silva en sus mejores días, Petrobras aumentó el capital de 147 mil millones de dólares a 224 mil millones de dólares. Ciertamente una capitalización inmensa, la más grande colocación de valores en el mercado mundial. Eso ha llevado a Petrobras a ser una de las compañías más valiosas del mundo.

Pero ese no parece ser el distintivo a imitar de Petrobras, porque tal clase de operaciones son, hoy por hoy, imposibles para Pemex. Sus deudas enormes, pasivos laborales y régimen fiscal lo impiden. Lo que ciertamente hay detrás del éxito en Petrobras ha sido, en primer término, la constante y masiva inversión en varios renglones cruciales para su desarrollo. El principal renglón lo absorbe la investigación en múltiples campos y que deriva en innovación tecnológica. Petrobras ha concentrado sus recursos en exploración en aguas profundas, biotecnologías, petroquímicos, producción eléctrica y petrolíferos (algunos productos de estos últimos son usados por autos de Fórmula 1). En biodiesel y en etanol son líderes globales y alcanzan volúmenes suficientes para la exportación masiva además de satisfacer el mercado interno. El modelo Petrobras, entonces, es el de una empresa integral de energía. Posee en la actualidad 15 refinerías propias y dos más rentadas. En ellas produce todos los petrolíferos y petroquímicos que Brasil requiere. Su producción de crudo actual ronda los 2 millones de barriles por día, menor a los 3 millones de barriles diarios de Pemex. Sus exploraciones en mares profundos han dado buenas noticias: para este año obtendrán de sus campos de Presal (a más de 5 mil metros de tirante de agua) unos 100 mil barriles diarios. Petrobras ha invertido hasta en proyectos paralelos: orquesta, escuelas de música, de teatro o futbol.

Petrobras no es una empresa extorsionada por el gobierno. Su régimen fiscal es similar al de una empresa privada, le cobran 35 por ciento de impuestos sobre utilidades. Algo por completo alejado de la situación depredadora a la que ha estado sujeta Pemex durante ya décadas con su 75 por ciento de impuestos. Datos recientes muestran que Pemex pagó más impuestos, durante el calderonato, que toda la utilidad bruta obtenida en idéntico periodo. Al carecer de flujo de efectivo para invertir, a Pemex se le ha endeudado al extremo más oneroso (Pidiregas), Petrobras, en cambio, ha podido movilizar masivos recursos en expandir sus campos de acción, diversificar sus energías, explorar en varias partes del mundo, capitalizarse a costo bajo e investigar. Los brasileños, allá por los años 60, construyeron su primera refinería. Pemex, en ese mismo periodo, construía varias. En los años 70 los brasileños copiaron el diseño y los objetivos del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), todo un ejemplo internacional. De algún tiempo a la fecha el IMP ha terminado en la ruina, años de saqueo neoliberal lo han refundido hasta convertirlo en meros capacitadores de operaciones superfluas. Petrobras no ha caído en el contratismo y, menos aún, en el entreguismo. Tiene, obligada por las normas de los cotizantes en bolsa, una gestión profesional donde el amiguismo y la improvisación de directivos han sido reducidos al mínimo. Su flota de 172 buques es notable, muchos de ellos propios. Pemex ha desmantelado la suya y contrata todo con el extranjero como lo prueban los flotahoteles de reciente adquisición.

Por años, algunos críticos y viejos petroleros mexicanos han insistido en integrar la producción de gas con la de electricidad. Nunca se les ha hecho caso. Petrobras incluso invirtió en 15 hidroeléctricas y renta otras dos. No descuidó, tampoco, las termoeléctricas (8 de ellas son de su propiedad). En el México de la modernidad neoliberal prianista, se cierran termoeléctricas propias de CFE y se deja de turbinar en las enormes hidroeléctricas para comprar, a precios leoninos, la electricidad que producen las plantas concesionadas a los productores llamados independientes. Es por eso que la CFE se descapitaliza de manera acelerada y pierde dinero a raudales. Es por tal engendro estratégico que los actuales precios que se imponen a los consumidores nacionales sean prohibitivos.

Los contratos que permiten concesionar y contratar con terceros renglones reservados en exclusiva a Pemex son, por completo, inconstitucionales (contratos de servicios múltiples. CSM). Una ruta similar, con sus instrumentos consiguientes, se seguirá para la tramposa apertura privada de que se habla. El botín es claro: refinerías, exploración y producción en aguas profundas, ductos para transporte de gas, petrolíferos y crudos, y alguna que otra lindura de negocio adicional. Se seguirá estirando la cuerda de manera por demás irresponsable hasta que reviente, ¡qué duda cabe!

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