#Luis Eduardo Aute: «Estamos siendo colonizados por terroristas financieros»

Publicado el Noviembre 18, 2012, Bajo cultura, Autor Nonoy.

ABC.es Música. 18/11/2012
El veterano cantautor aúna reflexión personal y crítica social en «El niño que miraba el mar», con película incluida
Los viejos cantautores nunca mueren. O, por lo menos, a algunos no les abandonan esos seres intangibles dotados de poderes inspiradores a los que Luis Eduardo Aute canta en «El niño que miraba al mar», su nuevo disco, de la siguiente manera: «Puedo decir, después de todo lo sufrido, agasajando a las musas con el corazón, que aún no sé qué impulsa ese primer latido, que me demanda darles sangre de canción».

La portada de este trabajo es la fotografía que provocó la llegada de esas musas. Tomada por su propio padre, en ella se puede ver al autor de «Al alba» con dos años de edad, mirando al mar, en el malecón de Manila (Filipinas, lugar donde nació). Una imagen muy parecida a otra que le hizo su hija en La Habana, hace dos años. Con ambas imágenes empezó a trabajar en la película «El niño y el basilisco», dibujada por él a lápiz y que se incluye en formato DVD.

-¿Qué queda de ese niño que se ve en la fotografía?

-De eso tratan las canciones y la película. Creo que el paso del tiempo nos convierte en lo contrario de lo que queríamos ser, o va a apareciendo un monstruo que no sabíamos ni que existiera, en este caso el basilisco. Algunos procuran mantener ese niño todo lo que pueden, y creo que en ese ámbito están los artistas, que intentan mantener esa mirada, mientras que en otros ámbitos se fomenta la dimensión más perversa del ser humano, de la competitividad enfurecida, que provoca que saques al monstruo que tienes oculto para poder sobrevivir. Esto es una jungla, y cada vez más. .
Esa fotografía me la hizo mi padre, en el año 45, al poco de terminar la Segunda Guerra Mundial. Y hace dos veranos estaba en Cuba, paseando por el malecón con mi familia, y nos hicimos unas fotos. Mi hija me hizo una sentado de la misma manera, frente al mar. Sentí la necesidad de dar vida a esas imágenes, como hice hace once años con «Un perro llamado dolor», y en mitad de ese proceso salió la canción «El niño que miraba el mar», y de esta salieron todas las demás.

-¿Qué querías ser de mayor en el momento de la fotografía?

-No me acuerdo, era muy pequeño. Se trata un poco de eso, de imaginar en qué estaría yo pensando. Dentro del CD hay una serie de fotos donde se ve que había como cascotes. Era un malecón lleno de restos de barcos hundidos, y el mar era una imagen muy siniestra. Las fuerzas aéreas norteamericanas habían bombardeado para desalojar a los japoneses. Fue un asedio de doce o trece días, por lo que me han contado. Tal vez estaba pensando en que había otro mundo posible que no fuera tan siniestro, porque por allí detrás todo eran ruinas, no quedó piedra sobre piedra.

-En el disco hay menos sexo y amor, y más realidad social.

-Quisiera que no fuera así, pero la realidad es dura, y no puedo ser insensible a todo lo que está pasando. Una manera de expresar lo que siento y pienso es a través de la música y de las imágenes. Ya me hubiera gustado que todo fueran canciones de amor, pero no ha lugar. Ya en mi disco anterior, «Intemperie», asomaba bastante todo esto. Está Europa descalabrándose. La Europa del sur, la de los países llamados PIGS, está siendo colonizada por la Europa del norte, y por encima de eso, hay unos intereses financieros internacionales, piratas financieros, terroristas financieros, que intentan controlar el mundo a base de guerras, o de endeudar a los países, que es otra forma de conquistar. Hay un nuevo orden mundial que iniciaron Reagan y la Tahtcher, de neoliberalismo desaforado, que ya está incluso superado, y los políticos son lamentablemente unos súbditos de esos poderes. Y en esas estamos. Yo soy optimista, creo que saldremos de todo este desastre, pero con alternativas muy distintas, recuperando el sentido de la vida y la razón de ser del ser humano, y no a través de esta rendición a los intereses de los mercados, unos mercados que son como el gran dios que dirige todo.

-¿Un puñado de canciones pueden servir para algo?

-No lo sé, ni me lo planteo, pero tampoco sería capaz de no ser sensible a todo esto. Es como la pasada huelga general. No sé si va a servir o no, pero me sentiría muy incómodo no apoyándola. Lo que no puedes es no hacer nada, que estén machacándote, machacándote, machacándote, y decir: «Venga, machacánodme más». Por lo menos, déjame el derecho al pataleo.

-¿Cómo te planteas el directo de este disco?

-Lo llamo «cine conciertos». En ellos se proyecta la película de 20 minutos, y luego el concierto. Lo he hecho ya en Murcia y ha funcionado, la gente ha aplaudido después de la película y ha seguido el recital. Es una propuesta distinta, al igual que a esto (señala el CD) lo llamo «cine disco».
-Igual que intentas que sea un entorno familiar, agradable, dando las entrevistas en tu casa, en los conciertos se nota que te gusta crear un ambiente de intimidad con el público.
-No tanto porque me guste o no, sino por necesidad. Tengo que crear la sensación de que estoy aquí, en mi casa, aunque con más gente; si no, me da mucho vértigo, pensando en esa gente que se ha comprado las entradas, que ha venido de no sé dónde, para verme a mí, que no sé qué interés puedo tener a los demás. Necesito un clima de cierta familiaridad para salir al escenario.

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