Los dictadores siempre vuelven y hay que estar muy alerta – Benito Taibo

Publicado el Mayo 9, 2013, Bajo cultura, Nacional, Autor Pepe Garduño.


Por: Mónica Maristain/SinEmbargo MX

Los dictadores siempre vuelven y hay que estar muy alerta”, dice el escritor Benito Taibo, autor de la flamante novela Querido Escorpión (Planeta), especie de homenaje a las historias latinoamericanas que de la mano de Miguel Ángel Asturias, Augusto Roa Bastos y Alejo Carpentier, entre otros, diseñaron el paisaje político de nuestra adolescencia.

El autor de Polvo y Personal normal se alinea en la escasa tradición mexicana del humor aplicado a la literatura, expresado por Jorge Ibargüengoitia, a quien también honra en Querido Escorpión, cansado como se siente de “la solemnidad” de los intelectuales nacionales.

En Arcadia, una pequeña isla del Caribe, hay más secretos que hechos conocidos, más miedo que felicidad, más murmuraciones que respuestas, porque nadie se atreve a preguntar en voz alta nada que pueda llegar a oídos del dictador: eso podría significar servir de alimento a los tiburones, desaparecer del mapa, morir en un “accidente” o acabar en las mazmorras de Ipiranga, la siniestra prisión del régimen, cuenta la sinopsis.
“Como comprenderás, mi novela es un homenaje a las novelas de dictadores y no a los dictadores”, aclara por las dudas Benito Taibo, en entrevista exclusiva con SinEmbargo.

“Por ejemplo, La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, es la última gran novela sobre los dictadores. Quería honrar esas historias que abonaron mi educación sentimental, tanto ideológica como literariamente”, dice el menor de los hermanos Taibo.

“Intenté meterme en esa isla del Caribe (Arcadia, el sitio imaginario donde transcurre Querido Escorpión) y desde allí contar una historia que sucede en un tiempo indeterminado. En realidad todo es una enorme broma que parte de una frase de Honorato de Balzac que dice que ningún poder es inocente”, explica el autor nacido en ciudad de México en 1960.

“Si ningún poder es inocente cómo un hombre pequeño que en teoría no se mete en política, acaba involucrado hasta el fondo y cometiendo pecado por omisión”

TENÍA QUE HABER UN PERIODISTA

Hijo y hermano de periodistas, Benito dice ser capaz de escribir en medio de un bombardeo y que su oficio le permite tener varias historias en la cabeza. En Querido Escorpión, no se privó, por supuesto, de poner un reportero de El Faro del Caribe, heredero de la sección de horóscopos.

Este hombre semi calvo de dientes blanquísimos que dice ser un escritor furtivo, también se presenta como chef profesional de la improvisación, gourmet que disfruta lo mismo birria o langosta y un devorador de libros.

Toca madera durante la entrevista y aboga porque nunca más en el cielo continental sobrevuele el águila del poder de facto, a contrapelo de los intereses y voluntades de su pueblo. Pero su optimismo no llega a morigerar el vaivén implacable de la historia.

“Todo es cíclico y como el huevo de la serpiente de Ingmar Bergman, está ahí, está siempre y se está incubando todo el tiempo”, advierte.
“El día menos pensado en que estemos celebrando el triunfo del partido de futbol de no sé qué, nos daremos cuenta de que el huevo eclosionó y se convirtió en una puñetera, terrible realidad”.

La producción literaria de Benito Taibo inició como poeta joven; es autor de Siete primeros poemas (1976), Vivos y suicidas (1978), Recetas para el desastre (1987) y De la función social de las gitanas (2002).

–      ¿No se siente un poco anacrónico escribiendo sobre las pasadas dictaduras latinoamericanas?

–      Al contrario, me siento un poco futurista (risas) Es cuando me entra el propio miedo a lo que acabo de decir. No, de anacrónico nada. Creo que los libros de gente como Augusto Roa Bastos y Alejo Carpentier, entre otros, deberían poblar los estantes de las librerías del mundo y ser leídos por las nuevas generaciones.

–      ¿Cómo encaja Jorge Ibargüengoitia en todo esto?

–      Ibargüengoitia inventa un lugar, un país, que se parece terriblemente a México y hace algo muy sarcástico, que es mostrar en un espejo la verdad verdadera, no la apariencia de la verdad. Creo que en este país nos falta mucho sentido del humor y sobre todo en los escritos en general. Necesitamos más del sarcasmo, de la broma…

–      Bueno, la solemnidad es uno de los graves defectos de los mexicanos…es una enfermedad crónica, diría yo…

–      Y la de los intelectuales ni te cuento…piensan muy seriamente lo que van a decir, para que las palabras que salgan de su boca se conviertan en letras de oro que adornen los pasillos del Colegio Nacional.

–      En ese contexto de recuperación del humor en la literatura, ¿cuánto le importa ser tomado en cuenta como novelista?

–      Mi único compromiso es con los lectores, porque yo sólo soy un lector y como tal me asumo. Claro, tal vez sea un lector especial porque di finalmente un salto al vacío, pero eso no cambia en nada mi esencia. Escribo las cosas que me gustaría leer. Mi compromiso es con el cuate de a pie que puede mirarme a los ojos y decirme: – Me divertí como un enano con tu libro.

–      Tengo la percepción de todos modos que de un tiempo a esta parte, ha tomado las riendas de su carrera y la ha hecho un poco más ortodoxa, en el sentido de publicar en forma periódica…

–      Siempre tuve un enorme pudor sobre los hombros. Escribí poesía desde 1976 y de repente un día descubrí que quería contar otras historias que la poesía no me permitía desarrollar. Lo que pasó en los últimos tiempos es que me solté el pelo, a pesar de que soy calvo…

–      ¿Reniega de su poesía?

–      ¡No! Estoy muy orgulloso de ella. Por otro lado, no he dejado de escribir poesía, la estoy acumulando para cuando la pueda publicar.

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