EPN: empleo, en la lona. Pésimo arranque sexenal. México: el marcador real.

Publicado el Junio 20, 2013, Bajo Columna de opinión, Autor Ocelotl.

El EPN tenía “suscribido” que si se aprobaba la Reforma Laboral ésta “generaría los empleos que demanda la población mexicana”. RNR.

epn_titino

La Jornada/México SA/Carlos Fernández-Vega

Desafortunado, por decir lo menos, ha sido el arranque de la administración peñanietista en materia de empleo formal, con lo que, por si hubiera duda, se confirma que la reforma laboral sólo sirvió para aligerarle la carga a la patronal, pero ni de lejos para lo que en el discurso se promovió. Cómo estará la cosa, que hasta el inefable gobierno calderonista registró mejores cifras (aunque no por mucho) en este renglón durante sus primeros seis meses de estancia en Los Pinos.

De acuerdo con las cifras oficiales (del IMSS, avaladas por la Secretaría del Trabajo), en seis meses (hasta mayo pasado) de gobierno peñanietista la generación de puestos de trabajo en la economía formal a duras penas promedió 9 mil 784 plazas mensuales (contra cerca de 100 mil demandadas), de tal suerte que sólo uno de cada diez mexicanos logró colarse a la formalidad.

Permanentemente, la cúpula empresarial y el gobierno –sólo hay que escuchar a los voceros oficiales y oficiosos– se dicen sorprendidos porque la informalidad crece a paso veloz, que seis de cada diez mexicanos en edad y condición de laborar sobreviven en ese creciente sector. Pero más allá del discurso, ninguno de los dos hace mayor cosa por revertir esta situación e incorporar a la formalidad a esa gran masa que obtiene ingresos reducidos y carece de cualquier tipo de prestación, comenzando por la seguridad social. Por el contrario, el outsourcing a todo lo que da, con salarios de hambre y evasión fiscal. Y si se mantienen en el discurso, en un abrir y cerrar de ojos dicha relación será de ocho de cada diez, o más.

Oficialmente, de diciembre de 2012 al cierre de mayo de 2013 la siempre pujante economía nacional logró generar 58 mil 704 empleos formales netos (permanentes y eventuales urbanos), 15 mil plazas menos que con Felipe Calderón en igual periodo (2006-2007). El único consuelo que le queda al gobierno peñanietista es saber que, en igual lapso, a Ernesto Zedillo y a Vicente Fox les fue infinitamente peor, con la salvedad de que al primero le tocó el gran terremoto económico-financiero de 1995, y al segundo la primera recesión de la era Bush.

Así, la reforma laboral que tanta felicidad, empleo y bienestar traería a los mexicanos se ha quedado como asignatura pendiente, si es que (lo dudo) la intención realmente fue promover la formalidad a través de la modernización de la Ley Federal del Trabajo. En esos seis meses de estancia en Los Pinos, la nueva administración gubernamental debería estar presumiendo alrededor de 600 mil nuevas plazas en el sector formal de la economía, pero sólo libró menos de 10 por ciento de esa cantidad.

Sólo en el primer mes del nuevo gobierno, diciembre de 2012, el registro oficial documentó la cancelación de casi 250 mil empleos formales. De allí en adelante, penosamente se fueron recuperando los espacios perdidos, y sólo hasta abril de 2013 por fin se logró un saldo positivo neto en este renglón. Como se documentó en este espacio, en el cuarto mes del presente año la creación neta de empleo en el sector formal de la economía se aproximó a 25 mil plazas, el primer balance positivo desde el arranque de la administración peñanietista.

En mayo pasado se mantuvieron las cifras positivas en términos netos, aunque la creación de plazas formales no fue sensiblemente mayor (alrededor de 34 mil) a la registrada en el mes previo (25 mil), porque al final de cuentas el grueso de los mexicanos que demandan espacio en el mercado laboral del sector formal de la economía una vez más quedó fuera de la jugada. La perspectiva en este renglón no es muy grata que se diga, porque se mantiene la desaceleración económica y retenido el gasto público.

Sobre este último aspecto vale mencionar que, de acuerdo con un análisis del Grupo Financiero Banorte-Ixe (La Jornada, Susana González), “aun cuando el gobierno federal ha justificado la caída en el gasto público en los primeros meses del año con el argumento que así sucede cada inicio de sexenio, las cifras muestran que en el correspondiente al presidente Enrique Peña Nieto se registró la peor caída de las últimas cuatro administraciones. De enero a marzo de 2013 el gasto público cayó 10.4 por ciento, cuando en el primer trimestre de 2007, al iniciar el gobierno de Felipe Calderón, la reducción fue de 5.5 por ciento… de 2.8 por ciento con Vicente Fox y de 4.2 por ciento con Ernesto Zedillo”.

No se genera empleo, el poder adquisitivo de los salarios baja vertiginosamente, los 6 mil pesotes de Ernesto Cordero ya no alcanzan para pagar colegiaturas, letras del coche y demás de los clasemedieros, la economía se desacelera (aunque de por sí acumula tres décadas no muy acelerada que se diga) y el gasto público está congelado (por mucho que Enrique Peña Nieto asegure que son especulaciones sin sentido). ¡Qué panorama! Pero ojo: lo anterior, desde luego, no quiere decir que el gasto público esté retenido para todos, pues la clase política y amigos que la acompañan mantienen intocado su monárquico ritmo de vida.

Como muestra, allí está el más reciente viaje presidencial, los funcionarios de todas las siglas partidistas recibiendo billete tras billete, los faraónicos actos que organiza cotidianamente, las obras suntuosas, el gastadero de los partidos políticos y sus bancadas en el Congreso que todos los días desayunan, comen y cenan en restaurantes de lujo como si lo desquitaran, y por si fuera poco el estercolero panista, las manos sucias a todo lo que da, con todo y su milagro de los 16 millones de pesos que no tienen padre, pero sobre todo, madre.

Eso, y mucho más. Dinero público, abundante, que debiera destinarse, cuando menos, a cuestiones productivas, a generar empleo formal y bien remunerado, a estimular la economía y el desarrollo social, a fortalecer el poder adquisitivo de los salarios y a sacar de la miseria a millones de mexicanos. Pero no. Mientras, millones de mexicanos sobreviven en la informalidad o en el desempleo porque no hay recursos. Y así el país acumula décadas y décadas, en un putrefacto régimen que los mexicanos permiten vivir y reproducirse.

Las rebanadas del pastel

Sufren y se retuercen millones en el país porque, una vez más, los ratoncitos verdes mordieron el polvo. Perdieron 2-0 contra Brasil. ¡Qué lástima!, ¡qué horror!, pero el marcador que nunca los acongoja ni los hace sudar es el del México real: 60 millones de pobres contra 2 mil 540 multimillonarios, y esa sí es una tragedia.

cfvmexico_sa@hotmail.com

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: