Te invito a una conferencia: Frida Kahlo: “Filosofar y Pintar”‏, @FBuenAbad

Publicado el Julio 16, 2013, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

frida
Te Invito a una conferencia en Buenos Aires, que impartiré sobre Frida Kahlo.
Inscripción TE:15 3200 4563 antes de 10pm

Texto sobre Frida por Fernando Buen Abad.

Militancias de la imaginación en sus fuentes filosóficas.
Frida Kahlo: filosofar y pintar

Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón (1907-1954) nació en Coyoacán, al sur de la Ciudad de México, el 6 de julio de 1907.

“A todos les estoy escribiendo con mis ojos”.

No todo es sufridera en Magdalena Carmen Frida Kahlo y Calderón1 (1907-1954) Su vida y obra son, también imaginación lúdica que milita su fantasía revolucionaria con la idea de “transformar al mundo” con su capacidad sui géneris de amar locamente.

Praxis de la Revolución Socialista que le abre un lugar indispensable al problema del Amor loco. Cursis abstenerse. Se trata de un “amor” filosofía y brújula, precipitado de pasiones, concreto y “maravilloso”, (sólo lo maravilloso es bello) de carne y espíritu con su magia, sentidos, unión, elección, sorpresa, desarrollo, juego, pérdida de controles, inquietudes, locuras, derroches, provocaciones, explosiones… dolores. Y lucha de clases. Un placer incómodo para la burguesía.

Frida vivió el amor como una de sus fuerzas esenciales, como un arma pasional de orden socialista, amor hacia sí y hacia otros a plena luz de la sinrazón objetiva cargada con emociones fantásticas. Objetividad dialéctica de las luchas contra la derrota, la huída… fuerza filosófica capaz de modificar y predisponer la vida en una síntesis de tonalidades emocionales para luchar contra la liquidación burguesa del imaginario revolucionario. Ese es su fin práctico mejor y uno de sus saltos cualitativos predilectos contra el Capitalismo. Fantasía tributaria del “arte popular”, fantasía real, militante del Partido Comunista Mexicano2 e imaginería pictórica intimista, relicario de colores incendiario… hechos tesis revolucionaria. Aunque a muchos vendedores de “pintura” se les olvide.

Frida ofrece sus textos pictóricos bajo una coartada lógica, coherente, irrefutable, que no sabe explicarse sin las debilidades que la hacen poderosa y sin sus errores más acertados. Su obra es un texto filosófico electrizante y vivo magullado por los desplantes esnobs de mil manías burguesas que Frida exorciza de manera poético-truculenta sobre el calvario de una clase social enferma y desahuciada. Dialéctica de una experiencia personal cercada por los dolores de su vida, postración, desintegración del cuerpo y sufrimiento consustancial. El capitalismo mismo. “Nunca pensé en la pintura hasta 1926, cuando tuve que guardar cama a causa de un accidente automovilístico. Me aburría muchísimo ahí en la cama con una escayola de yeso (me había fracturado la columna vertebral así como otros huesos), y por eso decidí hacer algo. Robé unas pinturas al óleo de mi padre, y mi madre mandó hacer un caballete especial, puesto que no me podía sentar. Así empecé a pintar.3”

Frida es una revolución filosófica tangible, de carne y hueso, en el amor y en sus padecimientos “Yo sufrí dos accidentes graves en mi vida”, dijo una vez, “uno en el que un autobús me tumbó al suelo… el otro accidente es Diego”. 55 pinturas. Sus cuadros son tesis poético-políticas en un carnaval de dolores sacralizados con imágenes de sí misma. Objetividad surrealista de trabajo “ácido y tierno, duro como el hierro y delicado y fino como el ala de una mariposa, adorable como una hermosa sonrisa, profundo y cruel como lo más implacable de la vida”. Diego Rivera

Frida, fantástica y sangrienta, es también una bofetada y un beso revolucionario con los pies sobre una tierra, llena de ignominia, explotación, miseria y barbarie. El mundo todo. Frida es una reconciliación intimista con las urgencias revolucionarias tramitadas emocionalmente entre sensaciones, virajes de ánimo y desgarraduras psicológicas y políticas. Lo de afuera adentro, lo de adentro afuera. Esperanza, desesperación y furia. Humor negro honesto, seductor y cachondo. Revolucionario, pues. Se bebió de un sorbo la Revolución Mexicana, como beben algunos su tequila, y le dio al arte una fascinación irreverente que corta con su filo fino todo paradigma de sumisión o esclavitud. Ni sumisa al dolor ni resignada a la postración. Rebeldía visible. “Imágenes de nacimiento y aborto, autorretratos dobles, con órganos internos a la vista, entrañas femeninas elevadas a objeto de arte. Khalo se definía como “la gran ocultadora”. Sus auto-retratos dejan ver las facciones de máscaras de perfil estático, resultado de los mecanismos de auto control y de la búsqueda de distanciamiento subjetivo4”.

“El trabajo de Frida Kahlo es la mecha de una bomba” A. Bretón

Hija de la Revolución con su cuerpo herido de arte, política y cultura. “Las cartas en las que Frida habla de su vida política son una reliquia, se trata de una lista de preguntas y pensamientos sobre el comunismo, realizada a partir de 1938. Estas páginas fueron escritas por Kahlo, cuando León Trotski y su esposa Natalia vivieron exiliados en México5” Contrajo la polio siendo una niña, una barra de acero le atravesó la pelvis en un accidente, se le amputó una pierna, fue intervenida quirúrgicamente en 32 ocasiones.

Todo ese dolor y la aceptación del propio cuerpo como una cárcel infernal, se plasma en su pintura, en sus autorretratos, donde aparece lanceada y repleta de aceros y corsés. Filosofa sobre sus heridas sin condolencia como símbolo mismo de la lucha contra una realidad cruel fabricante de sufrimiento a escala nacional, mundial y emocional. Frida contiene las heridas revolucionarias de una mujer amante, de imágenes embriagadas con móviles prehispánicos e insurreccionales cuya representación es unidad significante y continua de una “escritura automática” de la revolución permanente, “automatismo psíquico” de las cicatrices cuya identidad, robada al dolor, no es sólo individual sino histórica. Una Coyolxauqui del siglo XX.

Por eso, en su manera de amar abismal, desenfrenada y definitiva se fragua el cuerpo filosófico de su obra torturado a fuerza de mantener abiertas las puertas del inconsciente revolucionario en una época cuya espontaneidad política producía ganas de vivir, comer, dormir, producía el deseo de la revolución socialista como un deseo de carne y hueso, deseo genital y militante. Esa revolución es Frida misma. Epicentro y organización, creación, extensión del filosofar marxista en su propio ser y fuente ella misma de beligerancias simbólicas ordenadas azarosamente bajo el mandato de la realidad. “He sido capaz de hallar una forma personal de expresarme en la pintura, sin que me empujara prejuicio alguno 6”

Frida abreva en todas las relaciones de la revolución con la subjetividad. Su adhesión al programa comunista, aun con sus contradicciones o limitaciones, en nada difiere de su compromiso con la causa revolucionaria en la liberación de las imágenes contra los yugos esteticistas burgueses. Hombro a hombro con el pueblo mexicano que, a pesar de los detractores y los defraudadores, mantiene correas de transmisión revolucionaria permanentes.
La Revolución Socialista es programa y es acción, indisociables y emocionantes… requiere la armonía entre pensar y hacer dialécticamente, incluso bajo el influjo del color, la música, las formas pictóricas… esa base filosófica está al alcance de Frida y se mueve dentro de ella bajo una sola ley: la vida revolucionaria.

Contra toda interpretación individualista, contra toda tergiversación mercantil, contra la edulcoración de Frida en manos de saltimbanquis mercenarios; están las pruebas fidedignas de una filosofar sobre la praxis revolucionaria y socialista, está su adhesión al materialismo dialéctico, está su fuerza imaginativa, su seducción irracional, mágica lúdica… y está la belleza convulsiva extraordinaria de su obra fresca siempre.

Frida no le tuvo miedo a sus limitaciones físicas, de género y de clase social, hizo suyas las premisas del comunismo, del materialismo dialéctico y las volvió paisaje en una deriva de dolores y penurias donde Frida participa en forma activa, no se sentó a llorar sus penurias, las sufrió en movimiento revolucionario para no andar con payasadas escapistas. “… Aprender que yo no soy sino una ‘pinche’ parte de un movimiento revolucionario”.

La revolución es “la única razón para vivir”, pero es que Frida entiende por Revolución no la palabrería de bibliotecas zurdas, no las poses del intelectual insatisfecho, no la pataleta del burgués pajero, no la audacia timorata de las señoras indignadas… su idea de revolución tiene relación con el aire que respira, con los sístoles y los diástoles, con la vida misma en cada minuto y en cada episodio cotidiano. Aun insatisfecha, descontenta de los logros, permanentemente “Mi pintura no es revolucionaria, para qué me sigo haciendo ilusiones de que es combativa. No puedo.” las ideas de Frida tienen los colores de una lógica revolucionaria, en pleno movimiento, en su realidad capitalista hermafrodita de monstruos “¿Qué haría yo sin lo absurdo y lo fugaz?”

Frida no se propuso ser emblema sólo de mujeres. Todo sectarismo de género desaparece en su convulsión estética que fluye sin cesar contra los esquemas burgueses emergentes de ese “feminismo” que se hace pasar por revolucionario entre consignas huérfanas de clase. Nada en su obra es sencillo ni accesible y eso es lo que la convierte en una obra de pensamiento visual deseable. En todas las ideas de Frida gotean las herencias de las luchas emprendidas por las mujeres hacia su emancipación definitiva, no por mujeres (sólo) sino por proletarias. Filosofía de mujeres que aprovechan cuanta oportunidad se ofrece para plantear demandas sociales, económicas y políticas revolucionarias destinadas a transformar todo esteriotipo del papel de las mujeres en la familia y la economía. Frida es de esas.

Mujeres cuya problemática es la problemática de la lucha de clases sin eufemismos ni escapatorias. Frida es de esas, que mira sin piedad las condiciones insoportables que van de mal en peor. Para las mujeres y para todos… Frida no sabe resignarse, no se queda satisfecha con su “suerte” ni con su “papel de mártir”. Frida logró pegar un salto monumental contra el capitalismo al lado de sus cuadros que son también grito desesperado contra la miseria y la barbarie, la atención médica insuficiente, las condiciones laborales desastrosas, la represión policíaca y militar… y contra todos los estigmas y las desventajas, “Soy mujer, pero tengo talento”, clama Lisístrata desde la Acrópolis. “No sé si mis pinturas son o no surrealistas pero, lo que sí estoy segura es que son la expresión más franca de mi ser”, Frida escribió una vez. Como mis temas han sido siempre mis sensaciones, mis estados de ánimo y las reacciones profundas que la vida ha producido en mí, yo lo he llevado objetivamente y plasmado en las figuras que hago de mi misma, que es lo más sincero y real que he podido hacer para expresar lo que yo he sentido dentro y fuera de mí misma7”.

Frida por eso es voz de muchas mujeres que piensan en hacer la guerra al capitalismo con el arte incluso, hacer del talento un poder emancipatorio, desarrollar el “genio” contra las más terribles congojas, y con el arte, abrir frentes de vida. Frida es una de las exponentes principales del filosofar revolucionario de su tiempo no para mantener entretenida a la niña, que salida de sí, sentaba a su lado mientras pintaba aparatos mecánicos de su cuerpo; sino para sentirse mujer en tránsito espiral para la pintura donde se convirtió en mujer de arte.

“Experimento intensamente una amistad imaginaria con una pequeña niña, más o menos de la misma edad que yo… La sigo en todos sus movimientos y mientras danza le cuento mis problemas secretos.” Discípula de la luz en el círculo de la producción artística que se tropieza con la historia y halla algunas respuestas concretas en las ideas de una obra que amalgaman sueños, recuerdos de la infancia, vivencias femeninas, temores y horrores del dolor. Su filosofar pictórico es una guerra que va en búsqueda de la verdad y explora la alquimia, la magia de la sensibilidad artística de un lenguaje visual donde lo femenino es sombrío y predominan los colores de una realidad cotidiana de mundos fantásticos, de estrellas para ascender sin detener su movimiento.

Todo es posible. El mundo interior y los cambios se mueven incansablemente a través de lo insólito. Humor exquisito al servicio de la imaginación revolucionaria, el movimiento, la alegría, la luz y los enigmas donde, “solamente lo maravilloso es bello”.

Frida superó rápidamente las limitaciones conservadoras y manías estéticas que frenaron durante mucho tiempo la conciencia revolucionaria de muchas artistas. Su lucha es un salto magnífico. Es obvio que esto no se debe a su condición de mujer sino a su condición de luchadora revolucionaria. Lo que tiene de avance es que entendió claramente que para explotar a los trabajadores, extenuándolos en jornadas criminales, no hay distinción de géneros que valga. Frida entiende muy bien las reglas del juego burgués: Mano de obra barata, materia prima regalada… esclavitud y resignación a toda costa… lo supo y lo vio de cerca y por eso sus cuadros no se quedan quietos.

El mundo de Frida es un mundo problemático cálido y húmedo, pleno de sugerencias y evocaciones cercanas a los mundos interiores de una mujer sensible y única heredera y participe de una revolución. Cree en la capacidad de la imagen en el lienzo y revive los espacios interiores primigenios y vitales lleno de poesía e imaginación. Aprendió a utilizar las herramientas filosóficas que vivió en sus primeros años como reflejos que no esperan mucho para desagarrar un mundo opresivo a partir del cual logró mirar cara a cara a la muerte con quien mantendría una relación estrecha no sin desafiarla a juego artístico. Mujer madre a pesar de todo. “Tenía tantas ganas de tener un pequeño Dieguito que lloré bastante, pero ya todo pasó y no hay nada más que hacer que soportarlo”, escribió Kahlo luego de su primer aborto en 1932_8

Amor hasta por los codos.

Nada como las cartas de Frida para entender su filosofar: “Según el diario la ‘Jornada’, “los escritos muestran a una mujer preocupada por su amor por Diego (“te amo más que a mi vida”, le dice), por su necesidad del arte, su activismo político, su experiencia con el dolor y su conciencia de la muerte9”. Frida es un filósofo del amor, también. Filosofía de sentimientos que buscan asilo pictórico para alargarse la vida. En su obra se forma un círculo de ideas para una expedición minuciosa sobre cada rasgo del amor, cada matiz, cada lujo. Trabajó con un microscopio de pinceles que pintó dibujos detalladísimos de todos sus sentimientos amorosos y no tanto. Retrató el interior de un filosofar la vida en el escenario del amor. Frente al amor. Su carácter de luchadora marca con su ejemplo todos los modos y los medios de la batalla. Ternura disciplinada de amor determinante en las horas más críticas y desarrollado con una capacidad de amar ciertamente descomunal e inspiradora.

El sábado 31 de enero de 1948, Frida le escribió a Diego: ”Como siempre, cuando me alejo de ti, tomo dentro de mí tu mundo y tu vida, y así es como puedo sostenerme por más tiempo10″. Carta a Diego de 1940 “Ahora que hubiera dado la vida por ayudarte, resulta que son otras las ‘salvadoras’… Pagaré lo que debo con pintura… Lo único que te pido es que no me engañes en nada, ya no hay razón, escríbeme cada vez que puedas, procura no trabajar demasiado ahora que comiences el fresco, cuídate muchísimo tus ojitos, no vivas solito para que haya alguien que te cuide, y hagas lo que hagas, pase lo que pase, siempre te adorará tu Frida”.

Frida es acción amorosa convertida en fuerza esencial para el movimiento de masas, revolucionario y mundial, donde ella imprime al amor dimensiones de reivindicación indispensables como un principio completamente necesario en la construcción del socialismo. Aunque aun muchos camaradas no lo entiendan o no quieran entenderlo. A las condiciones que Frida sufrió, en tormentos de todo, tipo esgrimió el amor como parte del programa socialista, de la lucha de clases. Amor que madura, que organiza, que lucha día a día, que suma y a su vez organiza más amores. Esa es su filosofía, una manera de pensar el amor como búsqueda y revelación de lo irracional. Su filosofía expresa sus ideas en pintura y poesía, en su manera de vivir. Para Frida la revolución social es el primer paso del amor en sus mejores búsquedas y revelaciones.

Frida esgrimió su filosofía del amor como mediadora entre la vida y el subconsciente, un objeto de los deseos objetivado por las necesidades de expresarse libremente. Amor como una revolución política, como la sublevación del espíritu y su emancipación de la religión, la lógica, sentido común, la fe, la ley, la burocracia, la obediencia a autoridad, y militarismo. Había un lugar para el amor en el movimiento de lo racional, en sus interrogaciones a los poderes, en la exploración de poderes misteriosos y regenerativos conectados a los deseos desde la realidad y hasta los sueños, del consciente y del inconsciente, del pasado y del presente.

El amor enriquece lo irracional en el mundo de realidad, crea un espacio para lo racional en el mundo de la fantasía. El amor compagina el mundo en una tentativa a revelar orden interno en el mundo de la fantasía. El amor toma los elementos de su ambiente, las calles y los bosques, en un viaje hacia un lugar alquimia de orden universal sin normas de los papeles de géneros.

Frida filosofa sobre el amor en su obra que tiene ojos propios de mujer revolucionaria puestos sobre un mundo en plena etapa de revoluciones que dan marco al deseo de Frida por la maternidad, embarazo, lactación, la madre y el miedo… rechazaba el papel tradicional de la mujer y empujó sus limitaciones al movimiento que contribuía a la expresión consciente de lo femenino.

Frida sabia a su modo que sólo una revolución social íntegra proporcionará a la humanidad los medios para emancipar sus fortalezas amatorias y organizar humanamente a la sociedad, entonces pasará a ser sujeto amante con voluntad y fuerza emocional para vencer la explotación. El amor de Frida es un filosofar escanciado en su obra hasta tal punto que incluso sus adversarios sienten la necesidad de imitarla… la obra de Frida es un triunfo dialéctico de una fuerza todavía desconocida en sus mejores expresiones.

“De cualquier manera que se conciba la relación entre el desarrollo social y la liberación del individuo, todo revolucionario debería esforzarse por realizar, al menos en su propia conciencia, la síntesis entre su deseo de liberación social y su deseo de liberación espiritual” La obra de Frida mueve a producir insurrecciones contra la explotación, no puede ser separada de la indignación que produce el espectáculo de degradación, miseria y barbarie que ha creado el Capitalismo… por eso la filosofía, la obra y la vida de Frida no divide al deseo revolucionario sino lo integra a su praxis del Amor Loco, complejo y amplio, con dignidad alta, que busca llegar al fondo del proceso revolucionario permanente para terminar con toda alienación y toda miseria. “…y francamente yo ya no tengo ni la más remota ambición de ser nadie, me vienen guangos los `humos` y no me interesa en ningún sentido ser la `gran caca11…”.

Hay que leer a Frida “se limpia la imagen de Frida de tanto pegoste inadecuado que le han puesto en las últimas décadas12”. El día en que fue sepultado el cuerpo de Frida, muerta a los 47 años de edad, el 13 de julio de 1954, su féretro fue cubierto con la bandera Comunista.

“Recuérdame, mi amor”

Frida Kahlo

No es que las modas hicieran suyo el peso de una imagen frágil o una persona indefensa. Frida estaría contentísima con el boom generado por, para y desde su obra plástica. Estaría satisfecha con el efecto seductor de su exotismo dirigido, sobre la estética posmoderna hambrienta de identidad global. Asunto, por otra parte, de estética burguesa y de muchos pesos.

Convertida en emblema de cierto snobismo intelectual, Frida consiguió ofrecer un espejismo pesado, que se cotiza hoy entre los pesos pesados del mercado artístico. Ni muy revolucionaria, ni muy tradicionalista. Lo suficiente para excitar duendes de genialidad mágica, un poco efectista, otro poco copista, un tanto chantajista y extraordinariamente hábil con la lengua.

Su nombre sirve para bautizar restaurantes, galerías de arte, movimientos feministas y marcas de ropa en Acapulco, Cancún o Amsterdam. Estética de la mezcolanza muy impregnada con la biografía de Frida. Intelectual nacionalista con ingredientes de lesbiana, promiscua, machista, stalinista. Todo eso muy rentable hoy por hoy. Víctima del destino, de sus pasiones y de sus simulaciones. Idolo perfecto para llenar el vacío de ciertas vaciedades. El mejor epitafio de Frida es su obra misma.

Uno quiere a Frida Kahlo un tanto irremediablemente. Por compasión sin lástima, por complicidad sin pudor o por todo junto. Su obra plástica constituye un folletín melodramático que en muy contadas ocasiones deriva en genial. Su obra es una biografía ilustrada que se refugia en cierto realismo mágico para diluir obviedades. Su multi celebrada originalidad, pisa tangencialmente los linderos del plagio frente a la plástica popular mexicana en las iglesias, los retablos o agradecimientos por sanaciones milagrosas. No hay virtuosismos, no hay sorpresas (excepto fuera de México), no hay propuesta. Y sin embargo, por momentos Frida encuentra la convulsión estética. La belleza misma.

Encuentra la imagen justamente donde es invisible. Eso de salvaje que está en su obra, eso de tensión nerviosa que momentáneamente genera estallidos volcánicos, a ratos sutil, a ratos burdamente, le abren paso a dimensiones que Frida misma no se propuso. La obra de Frida está más allá de su autora, llevada por una dosis generosa de casualidad o azar. Otra cosa es exagerar sus virtudes por razones de snobismo o de mercado.

El oficio de querer a Frida Kahlo, con sus sinsabores y contradicciones, se nutre milagrosamente con las raíces históricas mexicanas. Frida representa a cierta burguesía ilustrada venida a revolucionaria y nacionalista en virtud de ciertas coyunturas políticas. Burguesía y burocracia. Ni renuncia radical al “discreto encanto de la burguesía” ni militante al lado masas trabajadoras, más allá de las marchas callejeras o su militancia en el Partido Comunista.

Es que las verdades de Frida estaban en otra parte muy íntima, reveladora y estremecedora del ser mujer en su tiempo, por su tiempo y pese a su tiempo. Entre interrogaciones y búsquedas la obra más revolucionaria de Frida radica en la sensibilidad expuesta para dialogar frontalmente con la vida y la muerte, su fortaleza, crueldad e ironía, su aparente desamparo, que realmente era poderío irreverente para vencer calamidades descomunales. La dimesión concreta de otra mujer posible. Temple de heroína, de guerrero, de fiera y de madre. Todo metido en un cuerpo que simboliza las desventajas más inclementes. Suma de factores arquetipo y estereotipo femenino, que se filtran en su obra como crónica puntual de sensibilidad totalmente irracional e incontrolable. Ello era, es, Frida. Lo demás es forma. Y se vende bien.

Lo fundamental no se aprecia, entiende y disfruta. Y es una lástima. A la sustancialidad femenina, misteriosa, animal, seductora y sutilísima que aparece muy escasamente en su obra, Frida Kahlo agrega un grito peculiar, único e íntimo que habita fantasmagórico el espíritu femenino. Grito audible sólo en condiciones de sensibilidad y fraternidad muy especiales, grito desoído mayormente. Que semejante portento de transmisión, revelación y ofrenda, grito de vida tarde o temprano, se convierta en pincelada, en color, en textura o en signos icónicos es asunto de un misterio que Frida mantuvo como peso específico de su obra, aunque no fuese frecuente. Aunque fuese misterio y potencia para ella misma.

Misterio y enigma fulgurante que hizo por Frida mucho más de lo que uno imagina. Flujo fantástico de imagen no visible, todo lo interior a borbotones para una lección revolucionaria sin moralejas, la libertad de la expresión: la vida misma. Eso ningún peso lo paga.

1 http://es.wikipedia.org/wiki/Frida_Kahlo
2 Durante estos primeros años el PCM vivió los mismos conflictos ideológicos que enfrentó el movimiento comunista en el mundo, como la división entre estalinismo y trotskismo que causó la expulsión de militantes célebres como Diego Rivera y Frida Kahlo por su respaldo a León Trotsky, mientras otros como David Alfaro Siqueiros permanecían fieles al movimiento estalinista.http://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Comunista_Mexicano
3 Declaraciones de Frida Kahlo a Julien Levy, Nueva York 1938. http://www.homines.com/arte_xx/frida_kahlo/index.htm
4 http://www.modemmujer.org/docs/9.17.htm
5 http://www.tiwy.com/read.phtml?id=45&mode=uno
6 http://www.revistasculturales.com/a/372/1/frida-kahlo-la-frente-y-el-perfil.html
7 http://www.pbs.org/weta/fridakahlo/life/index_esp.html
8 www.reflejos.com/onlinepdf/20050904/20050904_Ref_p13.pdf
9 Subastarán archivo de la pintora mexicana Frida Kahlo http://www.tiwy.com/read.phtml?id=45&mode=uno
10 http://www.jornada.unam.mx/2002/11/23/03an1cul.php?origen=cultura.html
11 Fragmento de una larga carta enviada por Frida al doctor Leo Eloesser desde Coyoacán, el 15 de marzo de 1941 http://lettersfromwonderland.blogspot.com/2006/04/las-cartas-de-frida.html
12 Raquel Tibol http://www.jornada.unam.mx/2004/07/08/08an1cul.php?origen=cultura.php&fly=2

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Universidad de la Filosofía

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