LENGUAS INDÍGENAS MUEREN ANTE DESDÉN DEL ESTADO

Publicado el Julio 22, 2013, Bajo Nacional, Noticias, Política, Autor @Sociologuito.

Cuando un idioma muere también lo hace la cultura de un país. Pero en México, las lenguas originarias están en riesgo y, ante la indiferencia del gobierno, miembros de diferentes etnias luchan por preservar su esencia.

Ciudad de México, 22 de julio (SinEmbargo).– Fueron 25 años viviendo a medias. De salir a la calle sin poder comunicarse con todos, sin ir a la escuela. Hasta que la curiosidad de Jacinta Tzec le dio para preguntar cómo se decía “vamos a pasear”. Así comenzó a aprender español, sin maestros de por medio ni teorías didácticas, armada sólo con el deseo de entender lo que los otros estaban diciendo.

Esta mujer de 48 años es “mayera”, apelativo que utilizan en Campeche para designar a quienes tienen el maya como lengua madre. Habla hasta por los codos sin sintaxis y con un acento marcado, como es común en quienes aprendieron un segundo idioma en la edad adulta.

“Cuando yo empecé a salir a la calle ellos decían palabras que yo no le entendía (sic), ahorita hay poco que no entiendo. Uno que creció con maya para aprender español es difícil: así como un niño va a enseñarse a caminar, así se siente uno para aprender a hablar español”, cuenta en entrevista telefónica donde la bocina del auricular no amilana su elocuencia.

En México seis de cada 100 habitantes de cinco años o más hablan alguna de las 364 variantes lingüísticas indígenas que persisten, con lo que el país tiene el segundo lugar de América en número de lenguas maternas vivas, refieren el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali)

Jacinta vive en Nunkiní, en el municipio de Calkiní, en Campeche. La opción de ir a la escuela nunca fue para ella porque no hablaba español, y su madre no tenía la capacidad de proveerles educación formal a sus seis hijos. Es tejedora de tapetes, unos rectángulos de palma que estaban destinados para los reyes mayas y después los usos y costumbres los hicieron más democráticos, pero cuando era joven tuvo que salir de su casa para hacer trabajo doméstico.

La situación de Jacinta no es privativa, actualmente 26.6% de los hablantes de una lengua indígena no sabe escribir un recado, mientras que sólo 5.1% de los no indígenas tampoco puede hacerlo, según datos del Censo de 2010 del Inegi. Esto sucede aun cuando la educación es un derecho y obligación instituida en el artículo tercero de la Constitución.

Con esas ganas de aprender que la caracterizan, Jacinta terminó la primaria en los programas de educación del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) y no ha parado… ahora está a punto de conseguir su título de bachiller.

HERENCIA CULTURAL EN RIESGO

En términos generales todas las lenguas indígenas en México están en mayor o menor riesgo, afirma Fabricio Glaxiola Moraila, director general adjunto del Inali. Pero es cierto que se está haciendo un esfuerzo para preservar el mayor número de ellas.

El Inali elaboró el Catálogo de las Lenguas Indígenas Nacionales, donde se tienen datos oficiales del número de familias lingüísticas, las variantes, las zonas geográficas donde se ubican y el número de hablantes. Hay información tan específica como, por ejemplo, que el ayapaneco de Tabasco sólo lo hablan dos personas. Estos datos sirven como base para la elaboración de acciones.

De cualquier forma, los retos son grandes. Lo principal para que las lenguas sigan vivas es que se transmitan. En 80 años se perdieron más de la mitad de los hablantes: en 1930, un 16% de la población dominaba un lenguaje originario mientras que en 2010 sólo lo hacía 6.5%; lo grave es que la estructura poblacional está envejeciendo y los niños ya sólo son hispanoparlantes.

“Por ejemplo, con el kumiai, en Baja California (298 hablantes), ocurre que las abuelas hablan la lengua pero las hijas ya no. Entonces ahí hay un programa en el que se les paga a las abuelas para que cuiden a los nietos y lo hagan en su lengua”, explica Glaxiola Moraila.

En algún momento de su vida, Jacinta dejó el trabajo doméstico y regresó a tejer sus tapetes. En Campeche comenzó a haber turismo y ella encontró una fuente de ingresos suficiente.

Alejada de programas gubernamentales y de una forma muy intuitiva, Jacinta lucha porque su cultura no se pierda, ni siquiera lo hace con el discurso de “dejar su granito de arena”, para ella es tan natural como respirar. Al ver que era una de las últimas tejedoras instó a sus amigas a que aprendieran y ahora tiene alrededor de 15 alumnas, la mayoría jóvenes. Lo mismo está haciendo con el maya, para ella es importante que sus hijos y sus nietos lo aprendan.

“Como me decía mi hijo: ‘Mamá, antes me decías que aprendiera español y ahora me dices que no deje la maya, ¿qué, nos estamos volviendo todos locos?’. Pero no, es que la maya es importante, la tenemos que dejar bien fuerte en nuestros hijos porque de la maya venimos, ahí crecimos, ahí está todo lo que somos, ¿o no es así?”, lanza Jacinta su pregunta a través de la bocina del teléfono con una inocencia que desarma.

De las 68 agrupaciones lingüísticas que compilan las 11 familias y 364 variantes dialectales, cuatro son las que concentran el mayor número de hablantes: náhuatl, maya, mixteco y zapoteco.

Otro hecho destacable es que es más común que un indígena sea bilingüe: siete de cada 10 indígenas domina un segundo idioma, refiere el Inali, pero sólo cinco de cada 10 mexicanos lo hace, de acuerdo a una encuesta de la empresa de relaciones laborales trabajando.com

UN ESFUERZO POR ESCRITO

Si Claudia Ruiz, de 25 años, repostera del restaurante Dúo, en el Distrito Federal, visita a sus abuelos y quiere contarles lo que ha hecho, tiene que hacerlo en tzotzil ya que sus orígenes son chamulas; es bilingüe prácticamente desde que aprendió a hablar porque sus padres no querían que perdiera la lengua de sus antepasados.

Eligió su profesión no porque recuerde las espumeantes ollas de los guisos de su abuela y su madre sino porque le gustaba el uniforme de chef, pero desde su trinchera ha hecho una aportación para que la lengua que le enseñaron de niña, persista. Publicó el recetario Ve’ eliletik chamo, que además de estar en español se tradujo al tzotzil. El documento es producto de su proyecto de tesis en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), institución que acogió y financió la edición.

“En la presentación del libro yo aproveché para decir lo orgullosa que estoy de mi origen. Independientemente de si eres indígena, de Europa o vienes de otro país, todos debemos sentirnos orgullosos de lo que somos”, afirma Claudia quien, a pesar de hablar tzotzil, reconoció que no sabe escribirlo y tuvo que mandar su libro con un traductor profesional.

En el volumen toma recetas originarias de San Juan Chamula, Chiapas, y en algunos casos las adapta. El objetivo es que sea un documento útil tanto para quienes hablan español y viven en la ciudad como para los que hablan tsotsil y están inmersos en esa cultura. Se vende en la Unicach, algunas librerías en Chiapas y en el restaurante Dúo.

Esta iniciativa es un ejemplo de cómo se cierra el círculo para que las lenguas indígenas sobrevivan: sus hablantes deben seguir enseñándolas, pero esto lo harán siempre y cuando les sigan siendo útiles.

Por ejemplo, el maya para Jacinta es una herramienta para atraer turistas a su escuela y éstos a su vez le compran tapetes a ella y a sus alumnas.

“Acaba de estar aquí un señor de las alemanias, no me preguntó nada del español ni de inglés. Empezó a hacerme preguntas de maya”, recuerda.

Pero preservar las lenguas no es sólo un atractivo turístico. Hay una deuda del monoculturalismo de la sociedad mexicana, que tiene como idioma oficial el español, con la diversidad cultural de las lenguas originarias.

Salud, educación, impartición de justicia, son algunos de los temas que necesitan reforzar su enfoque intercultural para que no sólo estén pensados para los hispanoparlantes.

Un ejemplo muy tangible es el de la educación, donde menos de 5% de los hablantes de lenguas originarias alcanzan un grado de licenciatura y ninguno adquiere posgrados, aunque éste es un rezago general en México, porque sólo 12% de la población está licenciada.

LA DISCRIMINACIÓN

“¿Por qué?”, es una pregunta que se ha hecho Claudia Ruiz las múltiples veces que ha sentido la discriminación por ser indígena.

“Nos lo han hecho (discriminar) tanto a mis hermanos como a mí, nos han demostrado que todavía existe. Cuando yo recién llegué al Distrito Federal hubo gente que no quería aceptarme, incluso en los trabajos, independientemente de que yo ya había estudiado una licenciatura. Es una sensación de ‘tú y yo no somos iguales’”, reclama.

Ella es testigo de que muchos padres chamulas ya no les enseñan el tzotzil a sus hijos para evitarles “la vergüenza” o de cómo conocidos de su misma edad prefieren aprender inglés. Los actos discriminatorios están prohibidos por el artículo 1 párrafo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Este es el mayor problema que reportan los miembros de las minorías étnicas, de acuerdo a la Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México Enadis 2010, elaborada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred). Dicho documento se tradujo al náhuatl.

“Es que desgraciadamente todavía existe (la discriminación). Yo veo esta parte de los papás que por evitar que sus hijos sean rechazados o se sientan humillados, ya no les transmiten sus tradiciones”, cuenta Claudia, quien alguna vez tuvo la tentación de esconder sus orígenes, aunque eso es algo que ya no está dispuesta a hacer.

Otro dato que destaca es la respuesta que los encuestados hicieron a la pregunta: “¿Estaría dispuesto o no estaría dispuesto a permitir que en su casa vivieran personas con una cultura distinta?”, donde seis de cada 10 contestó no estar dispuesto.

A las personas entrevistadas les pidieron que identificaran su tono de piel en una lámina con rostros. La mayoría tendían a seleccionar un color más claro que el suyo, pero esto era más evidente en las mujeres.

Ante el panorama anterior, una de las áreas prioritarias del Inali, explica Fabricio Glaxiola, es la comunicación social.

“El principal enemigo de las lenguas es la discriminación y a través de comunicación social es como se logra revertir la tendencia de los no hablantes a discriminar y de los propios hablantes a la transmisión generacional, dice”.

El funcionario, entonces, deslinda responsabilidades. Además del esfuerzo que hacen las instancias gubernamentales por preservar las lenguas originarias; de los proyectos que los mismos miembros de las comunidades como Jacinta y Claudia impulsan, la sociedad mexicana en general debe de comprometerse con esta lucha.

“Del México de la colonia para acá se han perdido alrededor de 150 lenguas. Pero aquí el asunto es que cuando un idioma se muere también lo hace todo el grupo, toda la familia cultural”.

Por lo anterior, afirma Glaxiola, sí es un tema importante para atender que se pierda una, dos, 10 o 100 lenguas indígenas.

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/22-07-2013/692589.

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