Empezó el 26 de julio de 1968, El bazucazo a la Preparatoria 3 – Parte 3/3

Publicado el Julio 26, 2013, Bajo Noticias, Autor MonaLisa.


Aspecto del operativo del Ejército Mexicano durante la toma de la Preparatoria número 3, en el barrio universitario, la madrugada del 30 de julio. En esta página, la fotografía de Héctor García publicada en La Cultura en México, el suplemento de la revista Siempre!, en agosto de 1968.

* Así la autoridad restableció el orden el 30 de julio de 1968


Secuelas del ataque brutal al portón de la Preparatoria 3. Foto de Armando Lenin Salgado

A “la 1:05 horas con una bazuca, fue volada la puerta de la Preparatoria 3, conminando el Ejército a los estudiantes que se encuentran en el interior, para que salgan”, reportó la madrugada del 30 de julio un agente de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS) de la Secretaría de Gobernación.

Gustavo Castillo García / La Jornada / Reportajes publicados en 2008

Tras el bazukazo, “la huida de los estudiantes fue cortada por los granaderos y hubo decenas de detenidos”, informó el diario Excélsior. Mientras que El Universal, con mayor precisión, publicó que “la enfermería del plantel estaba tinta en sangre. Paredes, pisos, techo, mobiliario, puertas y ventanas, fueron mudos testigos de los sangrientos hechos que culminaron con la participación del instituto armado”.

Esta versión se completa con el testimonio de un estudiante de aquella preparatoria en ese tiempo, quien presenció los hechos y señaló, en días recientes a La Jornada, que “la noche del 29, ante el temor de que los granaderos o militares intentaran abrir la puerta por la fuerza, se colocaron algunos muebles contra el portón de San Ildefonso, y los jóvenes también se agolparon, como si fueran barricada, pensando que los soldados empujarían”.

Más de 100 detenidos

Un informe de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) es preciso en detalles: “con el apoyo del Ejército, miembros del cuerpo de granaderos entraron a la preparatoria indicada y aprehendieron aproximadamente a 100 estudiantes, los que fueron transportados a la Jefatura de Policía; varios de ellos iban lesionados o golpeados. Posteriormente entró el Ejército, deteniendo a 15 estudiantes más, posesionándose del inmueble y rodeando las calles adyacentes”.

Mientras que otro reporte de la DFS señalaba que “como consecuencia de que se habían acentuado los desórdenes en diferentes partes de la ciudad, tanto en el perímetro de la Preparatoria 1 como en La Ciudadela, en Santiago Tlatelolco y otros lugares, con secuestro de camiones, algunos de los cuales quemaron; las líneas de transporte urbano suspendieron el servicio; lapidación de varios edificios, saqueos, etcétera, se solicitó la intervención del Ejército, para que apoyara a la policía en su labor de restablecer el orden, por lo que a las 0.45 horas del día 30 del actual llegaron al edificio de las preparatorias 1 y 3, fuerzas de paracaidistas, una compañía de asalto y elementos del 44 batallón de infantería”.

Las tropas estaban al mando del general José Hernández Toledo, el mismo que el 2 de octubre de aquel año encabezó el contingente militar que actuó en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

Los soldados procedían del Campo Militar Número Uno e iban en un convoy integrado por camiones de transporte, tanques ligeros y jeeps equipados con bazukas y cañones de 101 milímetros, refiere el libro El movimiento estudiantil de México, de Ramón Ramírez.

A su vez, el Libro blanco del 68, elaborado por la Procuraduría General de la República (PGR), señala que “desde el mediodía (del 29 de julio) se empezaron a formar largas colas (sic) en las paradas de autobuses, sobre todo en las zonas céntricas, y los capitalinos iniciaron un alud de llamadas telefónicas a las direcciones de Policía y de Tránsito protestando y pidiendo se restableciera el orden y se reiniciara el servicio de transporte colectivo.

“Durante la tarde y la noche el panorama se agravó de sobremanera (sic). Seis manzanas del barrio estudiantil se encontraban ya segregadas al (sic) resto de la ciudad por las barricadas y por la acción ofensiva de los estudiantes y grupos de personas ajenas al estudiantado que, junto con aquellos, se habían concentrado en las preparatorias 1 y 3 de las calles de San Ildefonso y Justo Sierra, ocupando sus edificios y convirtiéndolos en arsenales de cadenas, piedras, varillas, bombas molotov e incluso algunas armas de fuego.”

Los reportes de la DGIPS refieren, de manera cronológica, lo que sucedió en esa zona las últimas horas del día 29 y las primeras del 30 de julio. Muchos de ellos reiteran hechos, por lo que sólo se incluyen aquellos que agregan información al relato:

“A partir de las 19:00 horas (del 29 de julio) empezó a haber concentración de estudiantes en el Zócalo, habiéndose reunido aproximadamente mil 500.

“19:45 horas, dos transportes de granaderos hicieron acto de presencia frente a Palacio Nacional, con la sola presencia de éstos sin haber hecho contacto dispersándose los estudiantes por 5 de Mayo, Tacuba y 16 de Septiembre. Un grupo aproximado de 350 estudiantes se reagruparon en las calles de Palma y pidieron permiso a los granaderos para dirigirse a su escuela.

“21:00 horas, se encontraba un contingente de 600 estudiantes entre Justo Sierra y Guatemala, los que apedrearon a los granaderos, resultando heridos por ambos bandos, por lo que se presentaron a este lugar las ambulancias de la Cruz Roja y Cruz Verde.

“21:20 horas, aproximadamente, hicieron contacto (sic) granaderos y estudiantes en las calles de Tacuba y Monte de Piedad, siendo éstos desalojados hacia las calles de Donceles y Brasil, habiéndose dividido en dos grupos, uno por las calles de Donceles y otro por Guatemala.

“21:40 horas, hicieron nuevamente contacto (sic) granaderos y estudiantes en las calles de Argentina esquina con Guatemala.

“22:00 horas, los estudiantes atravesaron un autobús en las calles de Justo Sierra y Argentina. Continuaron la piedriza (sic) contra los granaderos, habiendo resultado lesionados de ambos lados.

“22:45 horas, entre Guatemala y Licenciado Verdad atravesaron un camión los estudiantes para incendiarlo.

“22:50 horas, un grupo de estudiantes lanzaron bombas molotov a la puerta principal de la (tienda) Conasupo, que se encuentra en las calles de Argentina, la cual comenzó a incendiarse, pero posteriormente no alcanzó a quemarse.

“Hasta esa hora habían llegado al Hospital de Traumatología de Balbuena 27 lesionados, de los cuales 25 son estudiantes y dos granaderos. Por el momento se han clasificado las lesiones de cinco estudiantes, como (clave) 289, que tardan en sanar menos de 15 días y no ponen en peligro la vida, los cuales ya fueron enviados a la jefatura de policía en calidad de detenidos.

“23:00 horas, un autobús empezó a incendiarse en la calle de Guatemala y Licenciado Verdad, y otro en Seminario y Guatemala, aproximadamente hay 600 estudiantes.

“0:45 horas (del 30 de julio), llegaron las fuerzas aerotransportadas (elementos de elite del Ejército) al mando del general José Hernández Toledo, llegando también siete transportes powers y cinco camiones Dina. Hay también elementos de aerotransportación (sic) en las calles de Moneda y Seminario y de Argentina y Guatemala.”

En el libro de Ramón Ramírez se asienta que casi a la una de la madrugada la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) emitió un comunicado de prensa, en el que afirmaba que la intervención de la milicia en el conflicto se dio “a petición el regente del Distrito Federal, general Alfonso Corona del Rosal, y en apoyo de la policía para hacer frente de la situación planteada por los agitadores”. También, que “el orden quedó restablecido entregando la situación a las autoridades policiacas del Distrito Federal”.

Esa madrugada, luego del bazukazo, otro informe de la DGIPS señalaba que “los estudiantes que se encontraban en el exterior de esta escuela (Preparatoria 1), en número de 300, salieron corriendo dirigiéndose rumbo a las calles de Balderas, muchos de ellos dieron la vuelta por Bucareli y nuevamente se introdujeron a su escuela”, y agrega: “al mismo tiempo, granaderos se posesionan de la Preparatoria número 2”.

A la 1:30 horas, el jefe del Departamento del Distrito Federal (DDF), Alfonso Corona del Rosal, declaró que al intervenir “el Ejército para restablecer el orden subvertido por estudiantes y agitadores profesionales”, los policías de la capital se retiraban y “quedaba la ciudad bajo el control del instituto armado”, contradiciendo con ello lo que minutos antes había afirmado la Sedena en su comunicado de prensa.

A la 1:50, los granaderos entraron en la Preparatoria número 1, “a sacar a los que se encontraban dentro, apostando al Ejército en el exterior”. A esa misma hora, en la Ciudadela, refiere el reporte de la DGIPS, otro grupo de policías “está entrando” a las vocacionales 2 y 5, forman un “cordón y rodeando (sic) la Ciudadela; se cree que al interior de la Vocacional número 5 habrá unos 400 estudiantes. En las calles de Atenas y Bucareli, elementos del cuerpo de granaderos están efectuando aprehensiones de estudiantes de la Vocacional número 5”.

Y agregaba: “Se apostaron soldados en las calles 16 de Septiembre, 5 de Febrero, 20 de Noviembre, Tacuba, Pino Suárez, Moneda, Corregidora, Guatemala y 5 de Mayo”, así, los soldados sustituían a los granaderos que habían permanecido en esas calles.

Minutos más tarde, los reportes asientan: “A la Preparatoria número 7 llegaron grúas de tránsito, apoyadas por elementos policiacos, con el fin de rescatar los vehículos que estaban secuestrados.

“2:30 horas, quedó desalojado completamente de estudiantes San Ildefonso.”

En la sede del DDF se ofreció una conferencia de prensa convocada por su titular, Alfonso Corona del Rosal, en la que participaron el secretario de Gobernación, Luis Echeverría, y los procuradores generales de la República y de Justicia del Distrito Federal, Julio Sánchez Vargas y Alberto Suárez Torres, respectivamente, en la cual se afirmó que “la acción desarrollada por el Ejército esta madrugada para terminar la agitación estudiantil, tuvo como base que fue razonable; sirvió a los intereses de la colectividad y estuvo apegada a la ley”.

Corona del Rosal, luego de hacer un recuento de lo sucedido desde el 26 de julio, señaló que “la conducta de las autoridades fue en respuesta a un plan de agitación y subversión perfectamente planeado (sic)”, y que “la decisión tomada estuvo basada en la razón, de acuerdo con los intereses de la colectividad y con apego a la ley”.

Aseguró que la “filiación de los promotores del plan de agitación y subversión se encontraba en la identidad de algunos de los detenidos y en la propaganda por ellos desplegada. La verdadera responsabilidad la establecerán las autoridades judiciales, pero se trata de elementos del Partido Comunista”, y agregó: “es falso que haya habido muertos durante los disturbios, y el Ejército se retirará de las zonas ocupadas en cuanto se restablezca la normalidad”.

Por su parte, Echeverría añadió que “las medidas extremas adoptadas se orientan a preservar la autonomía universitaria de los intereses mezquinos e ingenuos, muy ingenuos, que pretenden desviar el camino ascendente de la Revolución Mexicana, y México se esfuerza por mantener un régimen de libertades que difícilmente se encuentra en otro país”.

Sánchez Vargas señaló que “fue la Central Nacional de Estudiantes Democráticos la que planeó los acontecimientos, y dadas las condiciones imperantes en la ciudad, legalmente podía solicitarse la intervención del Ejército para restablecer el orden, que debe ser y es esencial para el desarrollo de las instituciones. En cumplimiento de mi misión, de velar por la seguridad de la República, se ha consignado a varios responsables de los acontecimientos”.

A su vez, Suárez Torres afirmó que “la decisión fue profunda y responsablemente meditada por los funcionarios. No es deseo del gobierno llenar las cárceles, pero no nos detendremos en obrar con toda energía, aunque siempre dentro de la ley”.

También esa madrugada, la Secretaría de Educación Pública dio a conocer la suspensión de actividades en todos los planteles del Instituto Politécnico Nacional (IPN), y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por su parte, comunicó que las clases en todas sus escuelas y facultades quedaban también suspendidas.

A las 4:00 horas, la DGIPS señalaba que “había 34 lesionados en el Hospital de Traumatología de Balbuena y 21 en la Cruz Roja, entre estudiantes, policías y personas ajenas al conflicto, pero que se vieron involucradas en el mismo”.

No hubo reportes durante casi cinco horas, pero a las 9:30 horas, los informes de la DFS señalaban que “frente a las oficinas de Acción Social, que se encuentran ubicadas en el mismo edificio del café central de la Ciudad Universitaria, se llevó a efecto un mitin con asistencia aproximada de 250 estudiantes.

“Posteriormente este grupo subió a la Torre de Rectoría a informar al rector (…) solicitándole la desaparición del cuerpo de granaderos, la destitución de los jefes policiacos (sic) y que se reanudaran las clases.

“En el ala de humanidades, en todos los planteles se efectuaron reuniones y asambleas permanentes, concretándose a informar sobre la intervención del Ejército y de los granaderos en las preparatorias 1 y 2; que había gran cantidad de heridos y detenidos e inclusive tenían conocimiento de que había varios muertos (…).

“Pidieron que se reúnan los comités ejecutivos (de las sociedades de alumnos) y representantes de grupos políticos del área de humanidades, con el objeto de organizar pláticas con los organismos del ala técnica de la Ciudad Universitaria y del IPN, y en esta forma poder lograr la unión y presentar un frente único ante las fuerzas represivas del gobierno.

“En la Facultad de Ciencias acordaron (…) decretar la huelga indefinida (…), en Veterinaria se llegó al acuerdo de apoyar el movimiento estudiantil, en la misma forma procedieron los comités de las facultades de Química, Ingeniería y Arquitectura.”

Otro informe, censurado en cuanto al remitente y dirigido a Fernando Gutiérrez Barrios, señalaba: “me permito comunicar a usted, que el día de hoy (30 de julio), en diferentes lugares de la ciudad fueron detenidos y conducidos a la jefatura de policía por elementos de los servicios especiales de la misma, 343 elementos que participaban en desórdenes estudiantiles.

“Se hace notar que la mayoría de estos elementos fueron puestos en libertad previa investigación e interrogatorio, seleccionándose solamente a los que se consideraban acreedores a consignación por delitos del fuero común o federal”, el documento se refería a 40 personas.

En la Facultad de Medicina de la UNAM, prosigue otro informe de la DFS, los alumnos acordaron solicitar que las tres camionetas que posee esa escuela, “sean entregadas (…) para que funcionen como ambulancias y se formen brigadas médicas con el fin de atender a los estudiantes heridos.

“En la Escuela Nacional de Odontología (…) los alumnos se reunieron en asamblea permanente, ya que se había violado la autonomía universitaria y no sería extraño que el Ejército irrumpiera con su ola represora en la Ciudad Universitaria; que deberían armarse de varillas, piedras, instrumental quirúrgico y toda clase de materiales que sirvieran para defender la autonomía, que contaban con el apoyo de las universidades de Puebla, Veracruz y Jalisco, de las que ya habían recibido telegramas de apoyo.”

Antes del mediodía, se anunció que el día 1º de agosto el rector encabezaría una marcha en defensa de la autonomía universitaria.

Los reportes de la DFS dan cuenta de que a las 12:30 horas, en la explanada de la Rectoría, se realizó un mitin con asistencia aproximada de 300 estudiantes, entre los que se encontraban la mayoría de representantes de comités ejecutivos de sociedades de alumnos y de grupos políticos de la UNAM.

“El rector de la universidad izó el pabellón nacional a media asta en señal de luto. Algunos estudiantes se refirieron a los sucesos de anoche en algunas preparatorias. El mismo rector Javier Barros Sierra, pronunció las siguientes palabras:

“Universitarios: hoy es un día de luto para la universidad; la autonomía está amenazada gravemente. Quiero expresar que la institución, a través de sus autoridades, maestros y estudiantes, manifiesta profunda pena por lo acontecido.

“La autonomía no es una idea abstracta; es un ejercicio responsable que debe ser respetable y respetado por todos.

“En el camino a este lugar he escuchado un clamor por la reanudación de las clases. No desatenderemos ese clamor y reanudaremos a la mayor brevedad posible las labores.

“Una consideración más: debemos saber dirigir nuestras protestas con inteligencia y energía. ¡Que las protestas tengan lugar en nuestra casa de estudios!

“No cederemos a provocaciones, vengan de fuera o de adentro; entre nosotros hay muchos enmascarados que no respetan, no aman y no aprecian a la autonomía universitaria.

“La universidad es lo primero, permanezcamos unidos para defender, dentro y fuera de nuestra casa, las libertades de pensamiento, de reunión, de expresión y la más cara: ¡nuestra autonomía! ¡Viva la UNAM! ¡Viva la autonomía universitaria!”

Próxima entrega 1º de agosto La colocamos a continuación:

Barros Sierra sale en defensa de la UNAM y marcha con miles de estudiantes
Gustavo Castillo García

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Esta es la primera de dos fotografías inéditas de Rodrigo Moya sobre la marcha del primero de agosto de 1968, que luego de estar archivadas durante 40 años hoy se publican en La Jornada
Esta es la primera de dos fotografías inéditas de Rodrigo Moya sobre la marcha del primero de agosto de 1968, que luego de estar archivadas durante 40 años hoy se publican en La Jornada
Primero de agosto: un día como hoy, hace 40 años, miles de personas se preparaban para marchar de la rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) al Zócalo, en protesta por la violación a la autonomía de la casa de estudios y la violencia gubernamental ejercida contra alumnos de esa institución y del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Esa era la ruta inicial, pero finalmente, ante la posibilidad de una represión militar, el punto de retorno a la universidad fue el cruce de Insurgentes y Félix Cuevas.

Al mismo tiempo, en Guadalajara, Jalisco, el presidente Gustavo Díaz Ordaz declaraba: “Una mano está tendida (…) los mexicanos dirán si esa mano se queda en el aire o bien (…) se ve acompañada por millones de manos que, entre todos, quieran restablecer la paz y la tranquilidad de las conciencias (…) estoy entre los mexicanos a quienes más les haya herido y lacerado la pérdida transitoria de la tranquilidad en la capital de nuestro país por algaradas en el fondo sin importancia” (El Día 2/VIII/68).

Pero la realidad contradecía el discurso presidencial: el conflicto estudiantil crecía y la Secretaría de la Defensa Nacional desplegó a miles de efectivos armados y vehículos artillados en la capital para evitar que los manifestantes llegaran al Zócalo. Para ello convirtió, según testimonios y documentos, en cuarteles momentáneos el Palacio Nacional y los sótanos de la Plaza México.

La marcha partió, “tal como se había programado, a las 16:30 horas de la explanada de la rectoría con un contingente de más de cien mil personas, en el que también participaron estudiantes del Politécnico, Chapingo y la Normal”, reseña Ramón Ramírez en su libro El movimiento estudiantil de México, publicado por Era, en 1969.

Malestar creciente

El texto también da cuenta de “un gran despliegue de fuerzas armadas en la avenida Insurgentes, a la altura de la Ciudad de los Deportes” (sitio donde se encuentran la Plaza México y el actual estadio Azul), para contener a los manifestantes si pretendían llegar a la Plaza de la Constitución.

El Universal publicó (2/VIII/ 68): “Inusitada expectación, pánico y asombro causó entre los vecinos de las colonias Nápoles y Del Valle el despliegue del Ejército Nacional”, ya que, además, había “decenas de vehículos policiacos y personal de la jefatura de Policía, Policía Judicial y Dirección Federal de Seguridad, en las –casi siempre– tranquilas calles de las mencionadas colonias.

“Para la mayoría de los habitantes de esa zona resultó una sorpresa que desde temprana hora fueron estacionados tanques con ametralladoras giratorias y vehículos militares, que materialmente rodearon las citadas colonias.”

Ese diario publicó, el primero de agosto en su editorial, el texto: “Respetuosos, respetados”, que apuntalaba la versión oficial de lo sucedido en los días anteriores:

“Para fortuna de los más de 6 millones de habitantes del Distrito Federal, el reprobable intento de perturbar la paz y romper el clima existente desde hace mucho tiempo, gracias al óptimo clima social que priva en México, hoy se frustró, oportunamente, en virtud de las atinadas y enérgicas medidas tomadas por las autoridades sobre los escandalosos hechos registrados en días pasados.

“Y si todos los sectores sociales condenaron en forma unánime los desmanes de las turbas estudiantiles y seudoestudiantiles al conocer lo ocurrido, también han aplaudido sin restricción alguna las providencias adoptadas por el gobierno, particularmente la rápida y valiosa intervención del Ejército Nacional, puesto que los alborotadores ya no tenían respeto alguno para los guardianes del orden público.”

En ese contexto de confrontación e inmersos en el clima de linchamiento generado por los medios de comunicación, informes de la Secretaría de Gobernación revelaban que en Palacio Nacional fueron concentrados cientos de soldados, así como vehículos blindados para enfrentar a los manifestantes si intentaban llegar al Zócalo.

Lo mismo ocurrió en la Plaza México, que se ubica a poco más de un kilómetro de Félix Cuevas y el cruce con Insurgentes. Vehículos artillados y de transporte de personal, así como soldados de infantería, permanecieron durante varios días estacionados en el lugar. De allí saldrían para tomar Ciudad Universitaria la madrugada del 18 de septiembre.

Otro reporte de la Secretaría de Gobernación –que tiene gran importancia, porque documenta la aparición en esos días del grupo que en 1971 alcanzaría notoriedad con el nombre de Halcones– da cuenta que el primero de agosto de 1968, al mismo tiempo en que inició la marcha, “a las 16:30 horas, arribaron al Zócalo ocho camiones del Departamento del Distrito Federal (DDF), con 260 hombres del Servicio de Limpia y Transportes, quienes en caso dado actuarían como elementos de choque, en caso (sic) de ataques de estudiantes”. Esos golpeadores estaban bajo el mando del teniente coronel Manuel Díaz Escobar, subdirector de servicios generales de la mencionada dependencia.

El rector Javier Barros Sierra había fijado un día antes su posición respecto del movimiento, durante un mitin ante más de 20 mil personas, en el cual aseguró: “Permanezco al lado de los universitarios en su protesta contra los ataques a nuestra autonomía y en sus manifestaciones pacíficas tendientes a la reivindicación de su personalidad estudiantil ante el pueblo de México (El Día 1/VIII/68)”.

Luego de la violenta toma de las preparatorias de la UNAM y las vocacionales del IPN por policías y militares, la cual incluyó el disparo de una bazuca que destruyó el portón principal de San Ildefonso, el rector de la UNAM declaró: “Durante casi 40 años la autonomía de nuestra institución no se había visto tan seriamente amenazada como ahora.

“Culmina así una serie de hechos en los que la violencia de la fuerza pública coincidió con la acción de los provocadores de dentro y de fuera de la universidad.

“La autonomía de la universidad es, esencialmente, la libertad de enseñar, investigar y difundir la cultura. Estas funciones deben respetarse. Los problemas académicos, administrativos y políticos internos deben ser resueltos, exclusivamente, por los universitarios. En ningún caso es admisible la intervención de agentes exteriores y, por otra parte, el cabal ejercicio de la autonomía requiere respeto a los recintos universitarios.”

Antes, en su discurso del 31 de julio, Barros Sierra había advertido: “Hoy, más que nunca, es necesario mantener una enérgica prudencia y fortalecer la unidad de los universitarios. Dentro de la ley está el instrumento para hacer efectiva nuestra protesta. Hagámoslo sin ceder a la provocación”. También anunció que encabezaría una “manifestación en la que presentaremos, fuera de la Ciudad Universitaria, nuestra demanda de respeto absoluto a la autonomía universitaria” (Excélsior 1/VIII/68).

Para el rector, en aquella movilización se dirimía, “sin ánimo de exagerar (…) no sólo los destinos de la Universidad y el Politécnico, sino las causas más importantes, más entrañables para el pueblo de México. Por primera vez, universitarios y politécnicos, hermanados, defienden la vigencia de las libertades democráticas en México”, enfatizó.

La marcha del primero de agosto fue seguida por agentes de Gobernación. Los reportes eran enviados cada cinco minutos a su centro de operaciones y concluyeron hasta después de las 22 horas.

La amenaza militar

El despliegue militar provocó que se modificara el destino de la marcha, que inicialmente debía llegar al Zócalo. Por ello, Barros Sierra dijo antes de iniciar la movilización: “Al saludarlos fraternalmente, quiero comenzar por indicar que, por petición de numerosos sectores de maestros y estudiantes de la universidad, y para demostrar una vez más que vivimos en una comunidad democrática, nuestra manifestación se extenderá hasta la esquina de Insurgentes y Félix Cuevas”.

Agregó que, en la medida en que supieran demostrar que podían “actuar con energía, pero siempre dentro del marco de la ley, tantas veces violada, pero no por nosotros, afianzaremos no sólo la autonomía y las libertades de nuestras casas de estudios superiores, sino que contribuiremos fundamentalmente a las causas libertarias de México”. Luego pidió estar “alertas sobre la actuación de posibles provocadores”.

Ante el riesgo de provocaciones, un grupo de preparatorianos se trasladó a Insurgentes y Félix Cuevas, donde se formó una valla que bloqueó el paso de los manifestantes, que pretendían seguir hasta el Zócalo; así, los participantes tuvieron que seguir por avenida Coyoacán y luego avanzar sobre avenida Universidad hasta regresar a Ciudad Universitaria.

“Los estudiantes tuvieron innumerables muestras de simpatía por parte del público durante todo el recorrido, que se realizó en completo orden”, refiere el libro de Ramón Ramírez, situación que corroboran los informes de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales de la Secretaría de Gobernación.

Sin embargo, miles de estudiantes del IPN y la UNAM creyeron que la marcha llegaría hasta el Zócalo y algunos se adelantaron, pero fueron “rechazados” por militares y policías, dice un informe de Gobernación.

Al respecto, un reporte de la DGIPS señalaba: a las “18:15 horas, se encuentra un contingente de 3 mil estudiantes en el lugar. Por las puertas de Palacio Nacional salieron tres secciones con 40 elementos del Ejército cada una; la primera dio vuelta en las calles de Moneda, la segunda siguió hasta la altura de 5 de Mayo y Madero, y otra se encuentra en Pino Suárez. Asimismo, empezaron a llegar granaderos por la calle de Francisco I. Madero portando escudos.

“18:25 horas, quedan dentro de Palacio Nacional varias unidades militares. Llegan a la Plaza de la Constitución 12 transportes grandes con tropas.

“18:30, alrededor de la explanada se encuentran motociclistas de tránsito. En la parte de Catedral, Moneda y en el DDF se encuentran transportes de granaderos.”

Regreso a Ciudad Universitaria

Los reportes oficiales dieron cuenta de la presencia estudiantil en diversas zonas del centro de la ciudad, mientras la marcha iniciaba su regreso a Ciudad Universitaria. Los jóvenes se reunieron antes de tratar de llegar a la Plaza de la Constitución en el Monumento a la Revolución; en la esquina de Madero y San Juan de Letrán; en la Vocacional 5, en la Ciudadela y hasta en la Catedral.

Cerca de las 20 horas, “elementos de las fuerzas armadas desalojaron las aceras de la plaza del Zócalo. Los estudiantes que se encontraban en el lugar, al ser desalojados. gritaban: ‘juntos, juntos’ (…) las personas son invitadas por los soldados a retirarse; los que no lo hacen reciben empujones y culatazos”.

Luego, en el Monumento a la Revolución, “los soldados les manifestaron (a los jóvenes) que se trataba de un recinto sagrado”, pero éstos continuaron lanzando porras a la universidad y al Politécnico, y cantaban “estrofas del Himno Nacional”.

Ese día también se inició la conformación del Consejo Nacional de Huelga. Universitarios y politécnicos, unidos con estudiantes y maestros de Chapingo y la Normal, daban comienzo a su lucha organizada contra la represión y el autoritarismo.

(Siguiente entrega, 4 de agosto) Ver link: Intromisión de la CIA en el conflicto estudiantil

Próxima entrega: 13 de agosto, ver link aqui: Los estudiantes muestran fuerza con una gran marcha – Los jóvenes se apropian de todo espacio público

Siguiente entrega: 27 de agosto, ver link en: Persecución militar y desalojo del Zócalo

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