La apuesta más fuerte de Peña Nieto

Publicado el Agosto 3, 2013, Bajo Columna de opinión, Noticias, Política, Autor Gloriamlo.

PRIVATIZAR EL PETROLEO MEXICANO


La apuesta más fuerte de Peña Nieto
Jesús Cantú
2013-07-27
Edición México

En diversos escenarios y con un mes de diferencia, el presidente Enrique Peña Nieto y el líder nacional del PAN, Gustavo Madero, presentaron los principales ejes (coincidentes) de una reforma energética que implica la apertura a la inversión privada, nacional y extranjera, de áreas hasta hoy reservadas exclusivamente al Estado mexicano. Esto significa simple y llanamente privatizar el sector petrolero al transferir una actividad pública al sector privado, aunque sea sólo parcialmente.

El 17 de junio Peña Nieto anunció en Londres al Financial Times y al semanario Bloomberg su propuesta para terminar con el monopolio estatal sobre la exploración y producción del petróleo y el gas, a fin de abrir a compañías privadas –mexicanas y extranjeras– la extracción de crudo en aguas profundas y el gas de esquisto, entre otros campos.

Peña Nieto fue puntual: “Es obvio que Pemex no tiene la capacidad financiera para estar presente en cada uno de los frentes de la generación de energía…La del gas esquisto es una de las áreas en las que existe espacio para las compañías privadas, pero no es el único”.

Al Financial Times le precisó: “Hay diferentes opciones sobre lo que debe ser la reforma, pero tengo confianza… en que será transformacional”. De acuerdo con el diario, el presidente mexicano agregó que la reforma incluirá “los cambios constitucionales necesarios para dar certeza a los inversionistas privados”.

El jueves 18, en la sede nacional del PAN, Madero, acompañado de los líderes parlamentarios de su partido, presentó una iniciativa para modificar los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución con el fin de que el capital privado, nacional y extranjero, participe en la industria petrolera.

El panista fue aún más preciso que Peña Nieto y aclaró que se pretende que la paraestatal compita con empresas privadas y asociaciones público-privadas en la exploración, producción, transportación, refinación y petroquímica mediante esquemas de concesión. Incluso el flamante coordinador de los senadores blanquiazules, Jorge Luis Preciado, manifestó que se rompería el monopolio de Pemex y habría diferentes expendedores de gasolina.

Aunque Peña Nieto se limitó al enunciado general, es obvio que la orientación de las reformas es exactamente la misma: abrir o “liberalizar” –como ellos dicen– el sector petrolero para permitir la inversión privada, lo cual, de acuerdo a sus expectativas, por cierto coincidentes con las de organismos de la iniciativa privada, permitiría revertir la caída de nueve años en la producción petrolera, incrementar la inversión extranjera en 30 mil millones anuales, aumentar el crecimiento del PIB en aproximadamente 1.5% adicional por año y añadir unas 100 mil plazas a la generación anual de empleo.

La apertura del sector petrolero al capital extranjero es la estrategia principal del gobierno de Peña Nieto para impulsar el crecimiento económico. La apuesta es que, aun con la oposición de los legisladores de los partidos de izquierda (PRD, PT y Movimiento Ciudadano), cuentan con el suficiente número diputados y senadores para alcanzar las dos terceras partes de las cámaras que se necesitan para reformar la Constitución. Lo cual es cierto si se suman las bancadas del PAN, PRI, PVEM y Panal; sin embargo, al menos en el Senado, la división panista puede ser un obstáculo mayor, pues a la reunión convocada para presentar la iniciativa de Madero acudieron únicamente 10 de los 38 legisladores blanquiazules.

Suponiendo que la división panista no afecte el apoyo a la reforma energética, la unidad de priistas y panistas puede romperse cuando se aborde otra reforma que no puede desvincularse de aquella: la fiscal.

Como bien argumentó Cuauhtémoc Cárdenas, la reforma energética necesariamente tiene que acompañarse de una fiscal, ya que hoy el equilibrio presupuestal de la federación depende fuertemente de los ingresos provenientes de Pemex. De cada 100 pesos que ingresan a la paraestatal, 70 se los lleva Hacienda, con lo cual cualquier modificación que afecte los ingresos de la petrolera tendrá que compensarse con otra que permita incrementar la recaudación gubernamental a través de mayores gravámenes. Y si en la reforma energética existe plena coincidencia, en la fiscal sí puede haber discrepancias.

Por otra parte, contra lo que plantean Peña Nieto y los panistas, en el Pacto por México no se habla de abrir a la inversión privada la exploración y la producción de hidrocarburos, aunque el compromiso 57 establece textualmente: “Se realizarán las reformas necesarias para crear un entorno de competencia en los procesos económicos de refinación, petroquímica y transporte de hidrocarburos, sin privatizar las instalaciones de Pemex”, lo cual sí implica hacerlo en estas áreas.

Sin embargo, las expectativas optimistas del actual gobierno descansan fundamentalmente en que se abra el sector a la inversión privada, nacional y extranjera, lo cual eventualmente puede frustrarse por los anuncios anticipados de Peña Nieto y Madero. Ambos declararon sus intenciones sin tener los proyectos acabados e integrados ni los votos asegurados. Y aunque generaron el apoyo entusiasta de la comunidad empresarial mexicana e internacional, también provocaron el endurecimiento de las posiciones opositoras, que también tienen espacios para transitar.

Si la propuesta de reforma energética de Peña Nieto viene en los términos que anticipó en Londres, contará con la oposición de los partidos que integraron la coalición Movimiento Progresista, los cuales necesitan restarle 15 votos en el Senado y 32 en la Cámara de Diputados para impedir la reforma constitucional. Para lograrlo, enfocarán sus baterías en el exlíder de los senadores blanquiazules, Ernesto Cordero (pues con los 23 senadores que lo siguen casi alcanzarían su objetivo) y en un buen número de legisladores priistas que en el pasado se manifestaron en contra de la apertura del sector petrolero a la inversión privada y –aunque no pudieron impedir la reforma a los documentos básicos de su partido– no tienen asegurado su voto a favor de esta iniciativa.

La aprobación de la apertura a la inversión privada en el sector petrolero es la piedra angular de la estrategia económica de Peña Nieto y su equipo, pero su aprobación todavía no está garantizada. Y como el éxito de este gobierno depende en buena medida del crecimiento económico, en el desarrollo de esta reforma prácticamente se juega su futuro.

Fuente: Proceso 1917

Post: Gloriamlo

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