Análisis de la Reforma Energética

Publicado el Agosto 14, 2013, Bajo Política, Autor MonaLisa.

Al fin el gobierno federal empezó a dar el golpe de la Reforma Energética. Mentira sobre mentira, la reforma parece ser más bien un recopilatorio de interminables contradicciones entre cada palabra, cada línea, que representa el engaño a una nación y el entreguismo total de nuestro recurso natural más preciado a potencias extranjeras.

Chito López ‏@HectorLopez2 7 August 13, 2013 / La Carabina 3030

En punto de las 11 de la mañana Enrique Peña Nieto presentaba su Iniciativa de Reforma Energética ante los medios de comunicación, representantes de universidades y funcionarios públicos. La propaganda y logística resultaron verdaderamente espectaculares y preocupantes. Y es preocupante porque la coordinación de propaganda ocupaba a casi todas las secretarías y miembros del gabinete de Peña Nieto.

La Secretaría de Hacienda, la de Economía e incluso la SEP, que nada tendría que ver con la Reforma Energética, manifestaban su apoyo desde las redes sociales. El gobierno partidista o el Partido de Estado se hacen presentes. Como siempre, no faltó la retórica de un discurso gastado y sin sustento.

¿Pero qué contiene en sí la Reforma Energética de Enrique Peña Nieto que la hace tan mala? ¿Por qué se le toma como un retroceso y una traición a la Nación?

La reforma propuesta por el Ejecutivo pretende modificar los artículos 27 y 28 de la constitución, que corresponden a los recursos naturales, entre otras cosas, como el petróleo y los monopolios, respectivamente.

En primera instancia y refiriéndonos al artículo 27 constitucional, la reforma plantea modificar el párrafo sexto que versa:

“En los casos a que se refieren los dos párrafos anteriores, el dominio de la Nación es inalienable e imprescriptible y la explotación, el uso o el aprovechamiento de los recursos de que se trata, por los particulares o por sociedades constituidas conforme a las leyes mexicanas, no podrá realizarse sino mediante concesiones, otorgadas por el Ejecutivo Federal, de acuerdo con las reglas y condiciones que establezcan las leyes, salvo en radiodifusión y telecomunicaciones, que serán otorgadas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones.

Las normas legales relativas a obras o trabajos de explotación de los minerales y substancias a que se refiere el párrafo cuarto, regularán la ejecución y comprobación de los que se efectúen o deban efectuarse a partir de su vigencia, independientemente de la fecha de otorgamiento de las concesiones, y su inobservancia dará lugar a la cancelación de éstas. El Gobierno Federal tiene la facultad de establecer reservas nacionales y suprimirlas. Las declaratorias correspondientes se harán por el Ejecutivo en los casos y condiciones que las leyes prevean.

Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos o de minerales radioactivos, no se otorgarán concesiones ni contratos, ni subsistirán los que en su caso se hayan otorgado y la Nación llevará a cabo la explotación de esos productos, en los términos que señale la Ley Reglamentaria respectiva. Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación de servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la Nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines.”

Para poder dejarlo de esta manera:

“En los casos a que se refieren los dos párrafos anteriores, el dominio de la Nación es inalienable e imprescriptible y la explotación, el uso o el aprovechamiento de los recursos de que se trata, por los particulares o por sociedades constituidas conforme a las leyes mexicanas, no podrá realizarse sino mediante concesiones, otorgadas por el Ejecutivo Federal, de acuerdo con las reglas y condiciones que establezcan las leyes, salvo en radiodifusión y telecomunicaciones, que serán otorgadas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones.

Las normas legales relativas a obras o trabajos de explotación de los minerales y substancias a que se refiere el párrafo cuarto, regularán la ejecución y comprobación de los que se efectúen o deban efectuarse a partir de su vigencia, independientemente de la fecha de otorgamiento de las concesiones, y su inobservancia dará lugar a la cancelación de éstas. No se otorgarán concesiones ni contratos respecto de minerales radioactivos. El Gobierno Federal tiene la facultad de establecer reservas nacionales y suprimirlas. Las declaratorias correspondientes se harán por el Ejecutivo en los casos y condiciones que las leyes prevean.

Tratándose del petróleo y de los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos no se expedirán concesiones y la Ley Reglamentaria respectiva determinará la forma en que la Nación llevará a cabo las explotaciones de esos productos. Corresponde exclusivamente a la Nación el control del sistema eléctrico nacional, así como el servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica; en dichas actividades no se otorgarán concesiones, sin perjuicio de que el Estado pueda celebrar contratos con particulares en los términos que establezcan las leyes, mismas que determinarán la forma en que podrán participar en las demás actividades de la industria eléctrica.”

Primeramente, se observa cómo en el texto actual de la Constitución se menciona que no se darán concesiones ni contratos respecto a hidrocarburos en general –petróleo, carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos. En cambio, la Reforma al artículo 27 sólo prohíbe el otorgamiento de concesiones y contratos en lo que se refiere a minerales radioactivos, pero que con respecto al petróleo, solamente no se expedirán concesiones, lo que libera y faculta al Estado para firmar contratos que permitan a empresas petroleras extranjeras explotar los recursos nacionales. Eso sí, la lógica y el discurso oficialista sigue afirmando que el petróleo es nuestro.

En segundo lugar y tratando el tema de la energía eléctrica, la Constitución determina actualmente que generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica es una actividad exclusiva del Estado. Lo que plantea la Reforma Energética es que la Nación se limite a controlar y “regular” el sistema eléctrico nacional, la transmisión y su distribución, sin que estas sean actividades exclusivas. Y más aún, la generación de energía eléctrica está abierta totalmente a la iniciativa privada a través de contratos.

En cuanto al artículo 28 constitucional, el párrafo cuarto que quieren reformar dice actualmente:

“No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en las siguientes áreas estratégicas: correos, telégrafos y radiotelegrafía; petróleo y los demás hidrocarburos; petroquímica básica; minerales radioactivos y generación de energía nuclear; electricidad y las actividades que expresamente señalen las leyes que expida el Congreso de la Unión. La comunicación vía satélite y los ferrocarriles son áreas prioritarias para el desarrollo nacional en los términos del artículo 25 de esta Constitución; el Estado al ejercer en ellas su rectoría, protegerá la seguridad y la soberanía de la Nación, y al otorgar concesiones o permisos mantendrá o establecerá el dominio de las respectivas vías de comunicación de acuerdo con las leyes de la materia.”

Y la iniciativa de Reforma Energética del Gobierno Federal pretende cambiar a:

“No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en las siguientes áreas estratégicas: correos, telégrafos y radiotelegrafía; minerales radioactivos y generación de energía nuclear; y las actividades que expresamente señalen las leyes que expida el Congreso de la Unión. La comunicación vía satélite y los ferrocarriles son áreas prioritarias para el desarrollo nacional en los términos del artículo 25 de esta Constitución; el Estado al ejercer en ellas su rectoría, protegerá la seguridad y la soberanía de la Nación, y al otorgar concesiones o permisos mantendrá o establecerá el dominio de las respectivas vías de comunicación de acuerdo con las leyes de la materia. Tratándose de electricidad, petróleo y demás hidrocarburos, se estará a lo dispuesto por el artículo 27 párrafo sexto de esta Constitución.”

Inmediatamente nos percatamos de cómo la electricidad, el petróleo y los hidrocarburos dejan de ser áreas exclusivas del Estado, complementando la modificación al artículo 27 y protegiendo la intervención de iniciativa privada.

¿Y qué tiene todo lo anterior de peligroso? Pues que con pocas líneas, adiciones, sustituciones o eliminación de parte del texto constitucional actual cambian radicalmente lo que compete al área de hidrocarburos y energía eléctrica. Si bien no se podrán “otorgar concesiones” a empresas extranjeras y/o privadas para que el beneficio de la explotación, prospección, refinación y distribución del petróleo sea directamente suyo, el Estado podrá celebrar contratos con las mismas para que lleven a cabo estas actividades.

La cuestión es que la manera de pagar este tipo de contratos es con efectivo o con su equivalente en porcentaje de los productos obtenidos. Esto quiere decir, con una parte del crudo extraído, por ejemplo. Entonces PEMEX y el Estado le pagarán a compañías como Shell, Petrobrás, ExxonMobil o British Petroleum por extraer el crudo, sea el pago en efectivo o con parte de la producción petrolera.

Esto repercute en las finanzas de México, ya que al entregar parte del presupuesto o peor aún, del petróleo, se pierden parte de las ganancias de PEMEX, lo que significa a su vez la pérdida de una parte de ese 40% del presupuesto federal que representa la petrolera mexicana. Si bien el Estado no dará concesiones directas a estas empresas, sí se podrán hacer partícipes de la ganancia. Entonces la ganancia que antes era neta para los mexicanos, ahora se compartirá con extranjeros. Por eso la importancia de modificar también el artículo 28. Sin esta, la participación del Estado con los hidrocarburos sería absoluta y lo que quieren es dejar entrar de lleno al capital privado.

¿Y qué tiene de malo compartir la ganancia? Pues que estamos compartiendo ese 40% del presupuesto anual de México y de alguna manera habría que compensarlo. Para poder compensar esa parte que se le quitará al presupuesto y mantener muchos de los programas sociales, la salud, la educación y demás, se tendrán que aumentar los impuestos, en especial el IVA. Este pasaría de un 19-21% en lugar del 16% actual. Además, sería un IVA generalizado, por lo que productos antes no gravados como los alimentos, los libros y las medicinas subirían también de precio.

Incluso por sentido común no se podría estar de acuerdo en regalar parte de nuestros recursos, por la simple excusa de no tener tecnología adecuada para explotar el potencial de PEMEX. Si PEMEX “carece” de tecnología especializada, es porque el gobierno durante décadas no ha reinvertido parte de la ganancia que genera el petróleo, sino que la ha absorbido en su totalidad. La última refinería construida en México, sólo por poner un ejemplo, fue en 1979. En 34 años el Gobierno Federal no ha invertido ni un peso en una nueva refinería. Y sólo es un aspecto, sólo es un ejemplo.

México no solo está yendo en contra de las tendencias internacionales actuales, sino que el gobierno utiliza argumentos sin sustento y un discurso desgastado. Enrique Peña Nieto afirma que la mayoría de los países que han implementado este modelo y estas reformas han salido adelante y son ahora potencias del mundo. Pero países como España, Reino Unido y Estados Unidos sólo demuestran la crisis financiera a la que los ha llevado el modelo neoliberal y la política privatizadora y entreguista de los recursos. Mientras Argentina, Venezuela y Brasil toman las riendas de su sector energético y estatalizan las empresas petroleras, México abre las puertas al capital extranjero.

Enrique Peña Nieto y su Reforma Energética describen el panorama actual como trágico y negro. Con las reservas petroleras acabándose y con un PEMEX atrasado y en la bancarrota. ¿Por qué entonces las compañías extranjeras están tan interesadas en México? ¿Una multinacional vendría a invertir millones de dólares a un país que casi ya no tiene petróleo? ¿Vendría a sacar de la bancarrota a una “empresa quebrada”? Y que digan que lo harían porque quieren el bienestar de México y sin una importante ganancia es no solo cínico, sino aberrante.

El que haya una participación de la iniciativa privada en PEMEX no significa que la gasolina y el costo de la energía bajen. Todo lo contrario. Si el Estado va a tener que pagar a las empresas extranjeras lo convenido en los contratos y además estas últimas tienen que sacar una ganancia por sobre el costo de producción, ¿dónde está la ganancia para PEMEX? Pagar por prospección, extracción, refinación y distribución del petróleo a empresas privadas y además sacar ganancia para el Estado –al fin y al cabo esa es parte de la urgencia de la Reforma Energética para el gobierno, ¿no?- ¿no va a aumentar el precio del combustible en lugar de bajarlo? ¿Qué queda entonces para México?

Lo mismo ocurrirá con la electricidad. México compra actualmente un alto porcentaje de la energía eléctrica que consume y suministra, en lugar de generarla. Por eso el Estado se ve obligado a otorgar un subsidio tan grande y permitir el elevado costo de la electricidad. Y en lugar de generar nuestra propia energía, terminaremos por comprar ese 30% restante y el precio de la luz subirá aún más. Estas políticas privatizadoras afectan a todos. Desde la familia nuclear que no podrá pagar la misma cantidad de alimentos, que no podrá pagar sus medicinas, su luz y la gasolina que necesitaran, hasta el pequeño empresario que verá ir la mayor parte de sus ganancias en el pago de servicios o en la pérdida de clientes por la necesidad de subir sus precios, porque los productos que ofrezcan dejarán de ser rentables al costo actual.

Pero el discurso es el mismo. Utilizando la figura de Lázaro Cárdenas el gobierno pretende justificar su Reforma Energética. Burdamente tergiversan y manipulan la historia. Descontextualizan las palabras de quien en 1938 expropiara el petróleo a quienes precisamente hoy quiere entregarse. Hace 75 años se decidió devolver este recurso a la Nación porque estábamos en la situación a la que queremos regresar: entregar a potencias extranjeras parte de la ganancia nacional y con un costo económico elevado para nosotros. Con esta Reforma, el gobierno promete –citando a Peña Nieto- la “creación de cientos de miles de empleos”, tal y como se prometió con la Reforma Laboral, aquella que dañaba los derechos de los trabajadores. Y aquellos cientos de miles de espacios laborales prometidos aún no aparecen. Pero seguimos creyendo que lo privado es lo mejor y a PEMEX le terminará pasando lo que pasó con Banamex, los Ferrocarriles y Telmex. ¿Ese es el bien que hace la intervención de capital privado?

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