Catástrofe que nos desnuda por @RicardoRocha_MX

Publicado el Septiembre 18, 2013, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

Ricardo Rocha / 18 Sept. 2013 / El Mañana

Nuestra capacidad de reacción, como sociedad en su conjunto, es ahora la prioridad máxima para auxiliar a quienes requieren hoy más que nunca de nuestra ayuda.

Sin embargo, también debiéramos darnos un espacio para reflexionar sobre el hecho dolorosísimo de que estos fenómenos naturales nos desnudan y exhiben como el país despiadadamente desigual que todavía somos.

El encuentro entre el huracán y la tormenta tropical en nuestro territorio ha sido brutal.

Los embates del viento y del agua han provocado al menos medio centenar de muertos.
Ríos, arroyos y lagunas se salen de sus cauces y arrastran todo a su paso.
Cerros que se desgajan por las lluvias incesantes de días sin final.
Decenas de ciudades golpeadas.
Cientos de comunidades aisladas por el fango.
Puentes que se vienen abajo.
Túneles taponeados por lodo y piedras.
Centenares de deslaves en las zonas serranas y montañosas.
Costas y bahías invisibles por la intensidad de las precipitaciones.
Cientos de miles de casas destruidas o de plano desaparecidas.

Y, según la Secretaría de Gobernación, más de un millón 200 mil damnificados por la trágica coincidencia de un huracán llamado Ingrid y una tormenta tropical llamada Manuel.

Un evento que nuevamente nos pone a prueba al gobierno federal, estatal y municipal, así como a la Cruz Roja y otras entidades civiles.

Nuestra capacidad de reacción, como sociedad en su conjunto, es ahora la prioridad máxima para auxiliar a quienes requieren hoy más que nunca de nuestra ayuda.

Sin embargo, también debiéramos darnos un espacio para reflexionar sobre el hecho dolorosísimo de que estos fenómenos naturales nos desnudan y exhiben como el país despiadadamente desigual que todavía somos.
Según datos oficiales, 29 estados —es decir, la inmensa mayoría— fueron castigados en mayor o menor medida por los meteoros.

Sin embargo, esas afectaciones fueron muy diversas no sólo en la medida de la intensidad de lluvias y vientos.
Se trató otra vez del contraste inmisericorde entre la riqueza y la pobreza.

Lo dicho desde aquella tragedia cuando Paulina embistió fieramente a Acapulco: lo que en la costera fueron molestias, en los cerros fueron tragedias.

Ahora tenemos los casos de miles de varados en ciudades y centros turísticos que han padecido trastornos porque en esos lugares se cerraron aeropuertos o quedaron inutilizadas las carreteras.
Pero debemos mantener viva nuestra capacidad de asombro con las imágenes de quienes han perdido todo: desde un ser amado hasta su casa tragada por las aguas o arrastrada y desparecida.

Por supuesto que son los más pobres los que más padecen: las aguas causan inconvenientes en las construcciones sólidas, pero son infinitamente crueles con las chozas.

Así que, si en el día a día la pobreza se nota, en desastres naturales como el que padecemos se evidencia insultantemente.

Sobre todo ahora que estamos discutiendo qué país queremos ser, con el debate de dos reformas que nos pueden cambiar el destino: la energética y la hacendaria.

En la primera con la drástica polémica de la privatización en Pemex que ha generado dos posturas enfrentadas: la de quienes desde la izquierda más dura afirman que significa un gigantesco salto hacia atrás en la historia; enfrente, un gobierno que trata de convencernos deque es la última oportunidad de revitalizar a Petróleos Mexicanos y dotarla de ventajas tecnológicas y financieras que hasta ahora no ha tenido.

En paralelo, se calienta cada vez más la controversia entre lo que el gobierno de Enrique Peña Nieto ha propuesto como una reforma fiscal con un profundo sentido social: sin IVA a alimentos y medicinas y con un Seguro Universal, que recoge reivindicaciones que aun las izquierdas consideran suyas; del otro lado los patrones y señores del dinero aseguran que no les irrita que se propongan impuestos a las utilidades accionarias o a las ganancias de la Bolsa, sino que se trate de una reforma hacendaria que promueve un Estado de bienestar, pero no un Estado productivo.
En cambio, establecen que agrede a la clase media por aquello del impuesto a las colegiaturas, además de que se recarga en los contribuyentes de siempre.

Por eso creo que no estaría mal una gira conjunta de funcionarios, empresarios y legisladores por las zonas ahora más castigadas por los fenómenos naturales.
Ojalá se decidieran a cambios de fondo que eviten que cíclicamente, irremediablemente, este país siga exhibiendo sus miserias.

@RicardoRocha_MX
Periodista

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