Ahí no estaba Pemex

Publicado el Octubre 22, 2013, Bajo Petróleo, Autor LluviadeCafe.

¡¡¡ENTÉRENSE!!!
– AHI NO ESTABA PEMEX

El helicóptero alzó el vuelo, a unos veinte metros de altura.
Discurrió encima de unos carriles marcados en tierra y los siguió hasta llegar
a la pista, desde donde aceleró y comenzó a elevarse sobre el aeropuerto de
Ciudad del Carmen. Volábamos ya sobre las aguas del Golfo de México, en
dirección a las plataformas petroleras de Pemex. Así comenzó mi viaje, hace
algunos años, cuando tuve la oportunidad de conocer Cantarell, el yacimiento
petrolero más rico de México.

La noche anterior habíamos pernoctado en la casa
de visitas de la paraestatal en Ciudad del Carmen, ahí nos recibió el entonces
subdirector de Pemex Exploración y Producción (PEP), y nos mostró una
presentación sobre Cantarell y su explotación. Al día siguiente, muy de mañana,
partimos al helipuerto.

Al cabo de menos de una hora de vuelo, empezamos a
ver plataformas. Nos explicaron que se trataba de instalaciones de exploración.
Pocas son propiedad de la paraestatal, la mayoría están contratadas a empresas
internacionales. Ahí, solo encontramos algo de Pemex.

Poco tiempo después, el helicóptero aminoró su
velocidad, justo cuando empezamos a ver las superestructuras que constituyen
uno de los conjuntos, Akal. Se trata de un complejo petrolero conformado por
varias plataformas interconectadas entre sí. Verdaderos gigantes que muestran
sus tripas de acero, que suben y bajan y los circundan cual míticos laberintos.
A distancia están los mecheros, en donde se quema el gas que se expele del
campo petrolero. La instalación en la cual aterrizamos sí era de Pemex. Nos
mostraron todo el conjunto y su centro de operación. ¡Fascinante!

Frente a nosotros se alzaba una estructura enorme
que emitía un ruido ensordecedor, aún cuando estaba bastante lejos. Se trataba
de la parte del proceso de extracción petrolera, encargada de generar presión
en el yacimiento. Inyectaba más de un 1 millón de m3 al día de nitrógeno, para
lograr que el aceite fluyera por los pozos. Compuesto de tres inmensas
edificaciones, se trataba de un colosal complejo de origen español. Ahí no
estaba Pemex.

Despegamos de la plataforma y, en pocos minutos,
estábamos frente a un gigantesco buque petrolero, el Ta´kuntah, que orgulloso
ostentaba el águila de la empresa petrolera nacional en su chimenea; ahí
aterrizamos. Nos internamos en el navío para llegar por fin a cubierta,
llamando nuestra atención, el hecho de que todos los marineros eran
extranjeros. Recorrimos el enorme buque tanque con anclaje especial en la proa,
lo cual le permite permanecer estable en un solo lugar, aún en las peores condiciones
marinas. En realidad el barco, nos explicaron, era propiedad de un corporativo
japonés, podía almacenar hasta 2 millones 400 mil barriles de petróleo y estaba
rentado por 15 años, a razón de 1.5 millones de pesos diarios, por la empresa
trasnacional. Ahí no estaba Pemex.

Del Ta´kuntah, volamos a Cayo Arcas. Ahí están las
estaciones de carga de barcos petroleros. Nos mostraron cómo opera el llenado
de las grandes embarcaciones, y la precisión de su medición. Obviamente esto no
lo hace la petrolera mexicana, sino una empresa internacional, de prestigio
mundial, encargada de garantizar la medición exacta de los barriles de petróleo
que carga cada navío. Ahí tampoco está Pemex.

Llegó la hora de la comida y nos trasladamos a una
enorme plataforma que resultó ser el hotel más cercano. Se trataba de una
instalación inmensa, con cientos de camarotes, destinada a recibir a los
centenares de trabajadores externos que prestan su servicio a las diferentes
empresas privadas contratadas por Pemex. El hotel-plataforma estaba arrendado a
una empresa noruega, la cual operaba íntegramente el albergue. Ahí, pues, no
estaba Pemex.

Luego de la comida, el helicóptero que nos
transportaba nos llevó a varias plataformas de exploración antes de girar rumbo
a tierra. Comenzaba a atardecer. El calor tropical enfrentado desde un grueso
uniforme amarillo, el peso de las botas industriales, el casco y los lentes,
nos habían fatigado. El trayecto de regreso resultó reconfortante, con
crepusculares vistas del Golfo de México. Antes de regresar al helipuerto,
sobrevolamos el complejo productor de nitrógeno, instalado en la costa
campechana. Se trata de un consorcio japonés, dedicado a la producción de éste
elemento, vital para mantener la declinante producción petrolera de Cantarell.
Ahí no se encontraba Pemex.

Aterrizamos sin novedad en el helipuerto que
resguarda la flota de varias decenas de helicópteros, arrendada a una empresa
americana, al igual que los múltiples lanchones de carga que circulan entre las
plataformas marinas. Ninguna es de Pemex.

Conclusión de mi interesante
viaje:

En el fondo, Pemex Exploración y
Producción es un gigantesco administrador de contratos de servicio. En nuestro
gran centro productor de petróleo todo el mundo participa: noruegos,
singapurenses, japoneses, estadounidenses, entre otros.
El grueso de la operación es
internacional y privada, y la parte paraestatal mexicana es bastante limitada,
por así decirlo: ¡inexistente!

Esa es la verdad, que no nos
engañen.

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