#ColumnaRNR por @LeguDaniel: Reseña crítica de Metrópolis

Publicado el Diciembre 25, 2013, Bajo Columna de opinión, ColumnaRNR, Autor @Sociologuito.

Radio la Nueva República | Columna RNR
Daniel Leguízamo | @LeguDaniel diciembre 25 de 2013

Datos de la película:

Metrópolis (1927)
Director: Fritz Lang
Guión: Fritz Lang y Thea von Harbou

El arte tiene el poder de trascender el tiempo y el espacio, por el hecho de que habla de la esencia humana sin importar el contexto en el que la obra haya sido creada. Metrópolis tiene esta cualidad, podemos situar la película en la génesis de ideales alemanes posteriores a ella, pero el resultado e impacto que ha tenido alrededor del mundo y a través del tiempo son inmensos; el film ha sido reinterpretado infinidad de veces para sublimación de los espectadores.

Simplifica el complejo entramado social en dos clases que viven en ambientes completamente opuestos. La primera es la clase obrera, la integran habitantes del subsuelo y se les relaciona con lo “no grato”; ahí se depositan los cadáveres, ahí es donde se deposita la basura. En nuestra sociedad “moderna” la tierra ya no es más la madre que da vida, ahora es un depósito de lo inservible y donde viven los obreros; habitan en el mismo plano que las máquinas y las fábricas en las que laboran. Arriba, en el mundo de los rascacielos -asemejando el mito cristiano de la torre de Babel- (representado en la película como el lugar en que los humanos se organizan para crear algo tan alto y tan grande, inclusive más que Dios), en estas enormes torres habitan los intelectuales y poderosos, con enormes jardines y juegos para sus hijos.

Encontramos la división de clases, no sólo desde la óptica marxista. Cualquier persona que haya o no escuchado de Marx, puede identificarse con el choque entre el reprimido y el represor. El grupo de los primeros figura en la película como una multitud cabizbaja de paso lento y pesado, personas hartas de su condición de explotados, tragadas por máquinas que vislumbran demonios de la antigüedad y que devoran obreros como si fueran objeto de sacrificio a la “modernidad”.

La lucha entre las dos clases “imaginarias” son eternas, ésta es la característica principal de la inmortalidad de la película, plasma la eterna lucha entre opuestos. Diferencia de clases que en nuestro tiempo toma un nuevo rumbo, una división cada vez más marcada y donde las desigualdades son más amplias. Los marginados están cada vez más limitados en su vida y pensamiento, y los directores de la economía mundial son más poderosos, con lujos de niveles surrealistas.

Bajo nuestro contexto el planteamiento en el cual se desarrolla el conflicto en Metrópolis no es descabellado, vivimos dentro de una sociedad de contrastes: de rascacielos y ciudades subterráneas, de hambre y derroche, de harapos y “alta costura”. Somos una distopía plasmada en el cine hace ochenta y seis años.

La historia conjuga mitos clásicos, es la síntesis del mito arquetípico del héroe, el guía de éste es al mismo tiempo su deseo, una analogía a la virgen María de nombre igual; María es el artefacto, la tentación, la provocación, la máquina, la mujer, la rebelde.

Es la imagen del símbolo que siguen las masas con la predicación de: “El mediador entre el cerebro y las manos ha de ser el corazón”. Como ideal noble de lucha pero al mismo tiempo con tintes de aceptar la vida precaria de obrero que se tiene, María es tomada como símbolo de subversión y remplazada por el robot creado por la ciencia al servicio de los poderosos, robot que destruye el ideal de los alzados.

Movimiento natural en nuestras sociedades de consumo, donde si algo se vuelve un peligro para la estructura o sistema y es lo suficientemente poderoso o se encuentra integrado fuertemente a la cultura, el sistema termina por aceptarlo, integrarlo y finalmente corromperlo, o simplificarlo como objeto de moda, despojado de todo significado de sublevación que alguna vez pudo tener. Por esta razón ahora podemos ver la imagen de los revolucionarios Zapata o Che Guevara en cualquier artículo de moda: atuendos de “hippies” reducidos a una imagen aceptada, sin la fuerza de reflexión y carente de la idea con la que el movimiento fue generado.

De esta misma forma, en la película María se vuelve el símbolo de corrupción y vida de lujos, baila en el bar Yoshiwara como objeto de deseo para todos los poderosos que viven en la superficie, lleva a la propia destrucción a los que alguna vez guió, confronta las clases, sacando de cada una la peor parte. El símbolo ha caído.

Metrópolis se realiza con una idea vaga y naciente de lo que se volvería el nacional socialismo alemán, está engendrada bajo este contexto; pero en el núcleo, en la estructura misma de la película se encuentra la humanidad representada en todas las imposiciones y represiones que ésta ha padecido, producto de sus mismos movimientos. Encontramos enormes similitudes con nuestro momento histórico. Metrópolis guarda el mito del héroe, la imagen del símbolo corrompido, la explotación del oprimido y la lucha.

Las características de esta película son las universalidades necesarias para que la historia no sólo sea vigente, sino para que sea el reflejo de nuestra realidad magnificada en sus diferencias entre los individuos, y a su vez desvirtuada de sus figuras heroicas para transformarse en simples productos y modas.


Official Trailer Metrópolis

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