#ColumnaRNR por @MarcoAvilaP: “Enséñenos, académicos”

Publicado el Enero 6, 2014, Bajo Columna de opinión, ColumnaRNR, Autor @Sociologuito.

Radio la Nueva República | Columna RNR
Marco Ávila | @MarcoAvilaP 06 enero de 2014

Enséñenos, académicos.
Como ya se sabe muy bien, durante el último año los poderes constituidos aliados con los poderes fácticos consolidaron legalmente la oportunidad de ejercer de manera más contundente el dominio sobre la clase trabajadora. No es secreto que tuvieron poca resistencia de la gran mayoría de mexicanos y fue sólo el Morena, la CNTE y el SME quienes se esforzaron por dar la batalla política de manera organizada.

Por supuesto que lo deseable fue un movimiento de masas en resistencia que impidiera que las reformas más lesivas en nuestra historia contemporánea se legitimaran por los mismos levantadedos antiparlamentarios del siglo pasado. Pero no fue así, ¿qué le pasó a la sociedad mexicana? Nos preguntamos todos, sí, todos.

La respuesta ha intentado salir a flote en muchas mesas de debate con sendos especialistas; intentaron explicar académicamente que los liderazgos fueron insuficientes, que los movimientos sociales son unipersonales y ahí reside gran parte del problema, que fuimos incapaces de hacer lo que demanda la teoría de la acción revolucionaria. Otro tipo de respuesta se centró en que los movimientos sociales son tibios y sus líderes auténticos reformistas; no se acataron las tácticas radicales que empoderaran al Pueblo para hacerlo activo políticamente. Los recuerdos académicos de la obra de Carlos Marighella Teoría y acción revolucionarias (Diógenes, 1971) venían a la cabeza nítidamente, pero ahora de manera ridícula.

Cupo entonces la pregunta ¿pudiera ser, acaso, que una parte de la respuesta residiera precisamente en quien intentaba contestar la pregunta? No es incorrecto expresar que gran parte de los científicos sociales y humanistas (pues en ellos recae la autoridad para sugerir resoluciones a las problemáticas colectivas) no han salido por décadas de los cubículos de investigación en los que firmemente nos dicen que estamos mal, estamos reprobados en acción revolucionaria. Por otro lado, quienes hicimos resistencia, tampoco somos capaces de conocer los conceptos y los términos académicos de la lucha que emprendemos de modo que nos conducimos con “infantilismos, romanticismos y terror nacionalista”.

¿Y si nos enseñan?, después de todo, en las universidades públicas se forman los profesionales que habrían de resolver los problemas que el Pueblo de México les presenta, pues para eso las universidades son gratuitas y su presupuesto proviene del esfuerzo de la sociedad en su conjunto.

¿Y si dejamos de ser objetos de estudio y mejor somos compañeros?, pareciera que esa sería la mejor alternativa académica para los que se han dedicado por años muchos a la cosa pública. Es decir, en términos epistemológicos no hay mejor forma de conocer que relacionándose con el objeto de estudio. Igualmente, en ese sentido, para la sociedad organizada, serían compañeros muy valorados.

¿Cómo no hacer estas preguntas si el Pueblo de México confía en sus intelectuales y sus universidades? Hablando en términos de preferencias, los menos avispados siguen a Sánchez Susarrey, Ricardo Alemán, el payaso politólogo Brozo o el junior Loret de Mola. Especialistas de la diatriba, carentes de argumentación y rabiosos dedicados, teclean con fuerza reaccionaria y motivación monetaria los textos que sirven para legitimar mediáticamente cada uno de los golpes que le asestan al Pueblo de México, al que juramos defender cuando egresamos de nuestras universidades públicas. ¿Y nuestros intelectuales: politólogos, lingüistas, historiadores, sociólogos, economistas, filósofos, literatos, comunicólogos y demás universitarios, dónde están para defender a los mexicanos desilusionados y desesperados?

Por supuesto que cuando se escribe, se tiene presente a quien te hará favor de leerte. Es como cuando los académicos le escriben a sus pares que fallamos en la defensa de la Nación, sus textos los conocen ellos y sólo ellos. Rompiendo con su costumbre, mi texto va dirigido a los cubículos de los institutos de investigación, a los que imparten clases y a los que las reciben.

No nos han vencido y este año seguiremos luchando y los siguientes también. El Pueblo de México seguirá demandando de sus esfuerzos, los mismos que aceptaron prestar cuando se recibieron de especialistas sociales. Cada quien haciendo lo que puede, con sus esfuerzos y no necesariamente organizados de la misma manera; pero organizados.

Guardando las distancias temporales, escribió Gordon Childe en Los orígenes de la civilización (F.C.E., 1954) que ya desde la revolución urbana había especialistas en las sociedades humanas, a miles de años de distancia en sociedades más complejas ustedes decidieron ser los nuestros. Será nuestro honor luchar a su lado.

Y si pudiéras modificar el último párrafo chingón. Rescatemos juntos la Patria que le enseñan a sus estudiantes. No todo está perdido y con su contribución, el Pueblo de México hará historia dignamente. Lo bueno es que algunos, muy prestigiados, ya salieron de sus cubículos. No cabe duda que se trata de una excelente noticia.

¡Feliz 2014!

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