#ColumnaRNR por @MarcoAvilaP: ¿Las letras al Pueblo? Primera Parte

Publicado el Marzo 2, 2014, Bajo ColumnaRNR, Autor @Sociologuito.

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Radio la Nueva República | Columna RNR
Marco Ávila | @MarcoAvilaP marzo 02 de 2014.

“Libre, y para mí sagrado, es el derecho de pensar. La educación es fundamental para la felicidad social; es el principio en el que descansan la libertad y el engrandecimiento de los pueblos.” Benito Juárez García.

El humanista mexicano Ambrosio Velasco escribió que la creación de bibliotecas está ligada a momentos trascendentales de nuestra historia, ya desde la derrota mexica que posibilitó, casi de inmediato, la inauguración de esos nuevos depósitos de información al servicio de la élite social o bien desde el triunfo republicano que en términos culturales se consolidó con la creación de la Biblioteca Nacional de México; las bibliotecas son parte de nuestra historia, no podemos renegar su utilización.

Vayamos para atrás. Los amoxcallis (depósitos de amoxtlis; conocidos como códices) resguardaban información para uso exclusivo de la élite gobernante. Funcionaban como bibliotecas al mismo tiempo que como editoriales; la información que resguardaban y que producían servía para gobernar mejor, para entender la naturaleza y la sociedad. Los mecehuales no tenían acceso a esa información, no hay registro de ello. El esquema de dominación se modificó y con ello también los depósitos de información; llegaron las bibliotecas.

Los indígenas y mestizos, en términos generales, fueron privados de la información contenida en las bibliotecas (en eso sí hubo continuidad: los menos acomodados fueron también los menos instruidos). Únicamente peninsulares, criollos y aquellos que ascendían en la escala social podían acceder a los libros, a las letras. No podía ser de otra forma porque la instrucción se concebía como un privilegio de clase (para algunos mercaderes todavía es válido ese principio). La educación era esencialmente para desempeñar oficios, lo cognoscible era la Biblia y ¿Qué nos dice ese documento al respecto?

“Ahora, hijo mío, a más de esto, sé amonestado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio es fatiga de la carne.” Eclesiástes 12:12
“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” Eclesiástes 12:13

Al paso de los siglos y, por paradójico que parezca, fue la propiedad privada la que liberó el pensamiento de algunos sectores novohispanos. Las bibliotecas personales que si bien guardaban libros benéficos para el orden colonial, fueron llenando sus estanterías de obras peligrosas para las minorías.

El Contrato Social, el Espíritu de las Leyes, el Leviatán y la diversidad de interpretaciones del mundo proliferaron en las estanterías; amenazas de papel que impulsarían más tarde revoluciones continentales. Al respecto, Ignacio Sosa Álvarez (2010) nos explica cómo durante la primera mitad del siglo XIX el hombre de túnica fue remplazado por el hombre de letras y éstos modificaron la explicación eclasiástica por la explicación positivista.

¿Qué propició aquello en términos bibliotecarios? Un alejamiento de una vieja idea romántica del liberalismo mexicano: las bibliotecas como símbolo de modernidad y adelanto (Fernández de Zamora. 2009) y una nueva concepción utilitaria sobre los acervos: la ciencia debería de permear desde la instrucción básica y las bibliotecas serían un método para alcanzar ese objetivo.

Se atravesó el porfiriato y en el interludio de Manuel González se aperturó la Biblioteca Nacional de México (decretada por Benito Juárez desde 1867). Algunos meses después, en diciembre de 1884, Porfirio Díaz se reelegiría por primera vez. Después de eso, esporádicas las bibliotecas fundadas, la nocturna en 1893 y de ahí un ligero aumento en varios estados, muchas aperturas en el Distrito Federal, Tamaulipas y Coahuila y un penoso retroceso en el Estado de México (en 1893 había 19 y en 1907 sólo 6) (INEGI. 1956). Aunado al estado deplorable de las letras y la información entre el pueblo de México, la revolución terminó por completar el cuadro de abandono en el importante rubro de la lectura.

El establecimiento constitucional durante 1917 permitió que en 1921 José Vasconcelos estuviera al frente de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Se crearon dos departamentos fundamentales además del despacho editorial que alimentaba todos los acervos: El Departamento de Bibliotecas, a cargo de Jaime Torres Bodet y La Dirección de Bibliotecas Populares con Vicente Lombardo Toledano al frente. Las particularidades entre un departamento y otro eran que las segundas estaban creadas para organizaciones obreras, campesinas, empresariales y establecimientos escolares. Cada asociación enviaba solicitudes a la Dirección y obtenían donaciones, apoyos y gestiones para la apertura de sus bibliotecas. La otra, respondía a las necesidades del plan nacional de lectura diseñado desde la SEP.

No pasó mucho tiempo para que el proyecto fuera abandonado a su suerte. A principio de la década de los cuarenta, la labor editorial cesó y las bibliotecas iniciaron su proceso de abandono institucional. Las bibliotecas populares, independientes en sus manejos bibliotecológicos y en sus necesidades organizativas, fueron las primeras en desaparecer. Bien o mal, esos ejercicios bibliotecarios son un ejemplo de organización obrera, campesina, estudiantil; de organización popular. Se trató de un primer acercamiento a la propuesta sistemática que surgió en morena en los años recientes: Las letras al Pueblo.

Actualmente, las bibliotecas que se fundaron desde la SEP, son dependientes de un esquema vertical que inicia con la presidencia de la República. Ese verticalismo indica, en última instancia, políticas que no son cercanas a los lectores, todo lo contrario: son ajenas al Pueblo de México y, más aún, no contemplan al ciudadano no lector. El peligroso verticalismo y la dirección unipersonal de las instituciones encargadas de fomentar las letras en nuestro Pueblo han dinamitado las esperanzas de crear un país de lectores.

Veamos brevemente el esquema por el que nos respondemos el estado actual de las bibliotecas públicas:

Presidencia de la República- Enrique Peña Nieto
Secretaría de Educación Pública- Emilio Chuayffet Chemor
Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes- Rafael Tovar y de Teresa
Dirección General de Bibliotecas- Fernando Álvarez del Castillo Astiazarán
Gobernador(a) del Estado
Secretario de Educación, Cultura y/o artes del gobierno estatal
Coordinación Estatal de Bibliotecas Públicas
Dirección de la Biblioteca Pública Central Estatal
Directores de las Bibliotecas Públicas Regionales
Presidente Municipal
Director de Educación, Cultura y/o Arte municipal
Directores de las Bibliotecas Públicas Municipales

Encargados de bibliotecas públicas municipales (personal sin preparación adecuada. Puestos políticos, pagos por cuotas políticas, desconocimiento generalizado de la naturaleza de la función bibliotecaria. Es particularmente en este estadio en el que se manifiestan las lacras de la política: amiguismo, cuotas, nepotismo, etc.)

Usuario. El pueblo de México no toma decisiones en las políticas de fomento a la lectura. Es imposible que haya pertenencia de los acervos.

Sin embargo, y hablando de esperanza, existe morena. Las bibliotecas populares que se fundan de la mano de militantes de esa organización manifiestan el principio de horizontalidad. No es un ejercicio improvisado o actividades oníricas de poca trascendencia. Es el rescate de nuestra propia esperanza y la lucha por nuestro derecho a la información que de manera deliberada nos niega el Estado.

¿Las letras al Pueblo? Sí, de manera contundente, sí de manera racional. Sí porque lo merecemos como Pueblo. Recordando la reflexión de Velasco, la creación de las bibliotecas populares del Movimiento Regeneración Nacional responden también a una etapa de transformación de la vida pública, son parte del tránsito hacia la Cuarta República. La próxima semana, si me lo permiten seguiré contestando esa cuestión.

¡Las letras al Pueblo!
¡Que viva morena!

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