Encaran, reprochan y vapulean a Mancera en el Colmex

Publicado el Marzo 12, 2014, Bajo Política, Autor MonaLisa.


Estudiantes protestan contra el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, en el Colmex. Foto: Sara Pantoja

A menos de 24 horas de que el Gobierno del Distrito Federal ordenó el cierre parcial de la Línea 12 del Metro por cuestiones de seguridad, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, enfrentó la primera protesta en un acto público realizado en El Colegio de México (Colmex).

Todo parecía correr en calma. El funcionario terminaba su conferencia en el auditorio Alfonso Reyes –lleno con más de 250 personas, algunos hasta de pie–, cuando se alzaron las pancartas y comenzaron los gritos.

“Yo quiero que me escuches Miguel Ángel Mancera: tú y Joel Ortega argumentaban que con el aumento al boleto del Metro el servicio iba a ser mejor, pero no es cierto. Nos dijeron que nosotros los usuarios íbamos a ser los beneficiarios, pero ¿quieres saber quiénes son los beneficiados? Tú, Joel Ortega y sus bolsillos”, dijo Sarahí Granados, quien se identificó como estudiante de Sociología de la Educación en la Universidad Pedagógica Nacional.

Sara Pantoja, México, D.F. (Apro).- 12 de marzo de 2014

Mancera fue invitado a la octava sesión del Seminario sobre la Violencia en México, con el tema “El escudo centro y la seguridad de los capitalinos”. Al terminar su exposición, alrededor de 15 jóvenes se levantaron de sus asientos, atrás y a los lados del auditorio, y siguieron con la protesta.

“El pueblo se muere de hambre con los aumentos sistemáticos que tu gobierno ha hecho al sistema de transporte colectivo”, le recriminó Uriel Arrieta, y acusó que en su gobierno hay censura a la libre expresión.

Sin levantarse de la mesa al frente del auditorio, serio y con la quijada apretada, Mancera rompió su silencio y tomó el micrófono:

–Siempre hay libertad, estás en tu derecho, estás en un espacio libre de pensamiento (sic) –dijo.

–Entonces no me interrumpas –respondió el joven.

Los manifestantes aprovecharon para encararlo. “Durante tu administración hay persecución política, hay acosamiento (sic) a luchadores sociales. Tenemos el caso de Mario González, el caso de Luna Flores”, le recriminó Sarahí.

–Estás hablando de varios temas –aclaró Mancera.

–Permíteme, permíteme. También hemos tenido violaciones en protestas en el Metro. Miguel Ángel Mancera, danos una respuesta de por qué no se ha visto una mejora en los servicios del Metro. Y quiero que me des una respuesta de por qué nos reprimes en las calles. ¿Para eso quieres a tu policía preparada, para reprimirnos? Estamos hasta la madre –añadió la chica.

Sentado al lado de Mancera, el investigador Sergio Aguayo entró al quite para calmar la protesta. Dijo que los jóvenes ya habían tenido oportunidad de expresarse y, por respeto a los demás asistentes de la conferencia, pidió que dejaran continuar con el evento.

Los manifestantes aceptaron salir del auditorio, no sin antes responsabilizar a Mancera de cualquier represión que pudieran tener por su protesta. Se fueron con su grito: “¡presos políticos, libertad!”.

Las manifestaciones de este mediodía recordaron las que ha enfrentado el jefe de Gobierno en la UNAM, la Arena Ciudad de México y en un evento oficial organizado por la Secretaría de Desarrollo Social, los dos últimos en rechazo al aumento de la tarifa del Metro.

Arropado y regalado

Antes del escándalo, Mancera llegó confiado y sonriente al Colmex, acompañado del jefe de la oficina de la Jefatura de Gobierno, Javier El Güero Garza.

La conferencia no fue anunciada en su agenda oficial, ya que estuvo organizada por El Colegio de México, según integrantes del equipo de Comunicación Social. Sin embargo, la mayoría de los reporteros que cubren sus actos oficiales estaban ahí.

Personal de logística comentó que el equipo de comunicación sabía que las conferencias en el Colmex eran foros abiertos donde todas las personas que quisieran entrar podían hacerlo.

Mancera no entró por la puerta principal del Colegio, sino por una que lo llevaba directo al auditorio. Afuera, policías bancarios revisaban con garrets las pertenencias de los asistentes.

Debido a los 10 minutos de retraso del jefe de Gobierno de “esta complejísima ciudad”, Javier Garciadiego, presidente del Colmex, le dio una rápida bienvenida. Enseguida, le entregó carrereado una medalla en honor a su presencia y le pidió que firmara el libro de visitantes distinguidos.

Mientras Mancera firmaba, el académico le hizo saber que entre las últimas signaturas plasmadas en el libro estaban las del escritor José Emilio Pacheco, el poeta Juan Gelman y el periodista Pablo González Casanova.

También le obsequió una compilación de libros editados por el Colmex y la Cámara de Diputados, y le dijo que sólo se los regalaban a los amigos de estas instituciones. “No sé de quién quieras ser más amigo, si de ellos o de nosotros”, le dijo entre risas. Mancera recibió dos libros más sobre la educación y la historia de la política en la Ciudad de México.

El politólogo e historiador Lorenzo Meyer se sumó al comentario: “como ves, esta es una institución de peso, puedes usar los libros en caso de emergencia”.

Como moderador, le pidió que hablara sobre el Escudo Centro –estrategia de seguridad que engloba a los estados de la zona centro del país– en no más de 40 minutos.

Al tomar el micrófono, Mancera Espinosa preguntó: “¿Los 40 es incluyendo las preguntas y todo lo demás, verdad? Decía por ahí un maestro que después de hablar 10 ó 15 minutos el auditorio no sabe ya ni lo que uno está diciendo, ni uno sabe bien si sigue diciendo lo que quería decir”.

Su discurso duró 41 minutos y 28 segundos. Durante ese tiempo, reiteró que en el Distrito Federal “no está presente la delincuencia organizada con los grandes cárteles de la droga”, debido a la presencia de 80 mil policías en la calle y 4 mil policías de investigación, así como el sistema de videovigilancia.

“Los mismos capos dicen que no están asentados aquí porque se les dificulta la operatividad”, dijo. Lo que sí reconoció es que en la ciudad sí hay lavado de dinero, “porque los grandes centros financieros están en la ciudad, y eso sí puede dar un pie”.

Pero no sólo eso, también aseguró que hay narcomenudeo: “es un tema que sí ha acompañado a la Ciudad de México” y que, agregó, “es que es el último escalón de esos grandes cárteles, porque si no, ¿de dónde llega la droga?”.

Ya confiado en su charla, el exprocurador capitalino aseguró que con el Escudo Centro los delitos de alto impacto han ido a la baja. Ejemplificó con el robo de autos. Antes, aseguró, se robaban de 110 a 120 unidades al día. Hoy son de 42 a 45 en promedio “Es una bajada muy importante”.

Luego aseguró que ha habido una reducción de entre 7% y 11% en el robo a transporte público, y confió en que la capacitación de la policía de la ciudad continuará dando mejores resultados.

Se termina el apapacho

El optimismo del mandatario terminó con las protestas de los jóvenes y sus pancartas. Además, aunque sin gritos, los comentaristas de la mesa y los asistentes –entre alumnos y profesores– también le oscurecieron el momento.

Le dijeron que las cifras oficiales contradecían la realidad, que había falta de confianza en las autoridades, que el gobierno tiene en abandono y falta de visión a los jóvenes, y le mencionaron el caso del bar Heaven.

También le recriminaron que hay impunidad y corrupción y le pidieron que se hiciera un debate serio sobre la regulación del consumo de la mariguana. Ya de paso, Lorenzo Meyer manifestó que “el alumbrado está de la patada en la ciudad”.

Las manos arriba para preguntar eran cada vez más, y el tiempo menos. El moderador señaló que Mancera tenía que irse a las 14:00 horas, pero que le darían por escrito las preguntas de los asistentes para que estuviera enterado.

De pronto, una mujer alta, vestida de azul, caminó hasta la mesa de los ponentes, se colocó frente a Mancera y lanzó: “espero que me recuerde, usted conoce mi caso, es el del Hospital Central de Oriente”.

El funcionario la miró serio. Sin darle más detalles, ella continuó: “Vengo a suplicarle de la manera más atenta que inyecte toda su energía para resolver mi caso. Nadie me ha resuelto y usted sabe que justicia lenta, no es justicia. Y alzo la voz en mi nombre y en el nombre de mi hija, para que se me haga justicia”.

Mancera se comprometió a atender su caso. Luego se levantó, se despidió de los acompañantes de la mesa y salió por una puerta trasera del auditorio.

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