MUJERES… ¿DIVINAS?

Publicado el Junio 2, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

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No deja de sentirse una gran pena cuando se está frente al teclado y se tienen que abordar temas que dejan mal sabor de boca, no solo cuando se termina la labor sino cuando se está en ella. Si, a la temática le agregamos el sexo, lo que se enfrenta es aún más deprimente. Para no caer en adjetivos que sitúen a quien esto escribe como una enemiga de sus congéneres, iniciaremos estos comentarios preguntándole a Niurka Sáliva ¿qué siente al saberse perseguida por actos en los que no participa directamente pero en los cuales ha sido cómplice?

 

La ley le permite no declarar en contra de su cónyuge, pero no hay un renglón que prohíba denunciarlo y, conocer de sus tropelías, de sus  relaciones con grupos delincuenciales, estar al tanto de los negocios sucios ¿le trajo beneficios económicos propios o también ella se dejó llevar por las acciones que generan grandes dividendos al margen de la las leyes?

Niurka, no es solamente una mujer guapa y agradable, sino que suma a su apariencia externa una inteligencia natural que se ve respaldada por el conocimiento profesional. Despertó, durante el trienio de Gregorio Sánchez Martínez, muchas simpatías por su trato personal sencillo en la mayoría de las ocasiones. No era difícil captar miradas de envidia de otros señores cuando la pareja bailaba o daban manifestaciones públicas de su capacidad amorosa. Se decía que la Sáliva era mucha mujer para un feo chaparro, aunque sabido es que “dinero mata carita”. Empezaron los señalamiento en contra del marido y la cubana, nacionalizada mexicana, no dudo un solo instante en dar la cara, en presentar incluso su embarazo como escudo para que no se le relacionara con la trata de migrantes de su país rumbo a los Estados Unidos.

 

Ahora ella también está en el banquillo de los acusados y con cargos que dejan entrever que ya también participaba en muchos de los movimientos realizados por este vividor sujeto al que escogió como marido, dando por falsos los antecedentes que hablaban de la mala conducción y término de otras relaciones en las que, incluso, tiene hijos que reconoció pero que no llevan su apellido. No parece ser una buena justificación que siendo una mujer bella y preparada debiera dejar la etapa más disfrutada de la vida perdida en una Isla en la que no se sentía a su gusto, no vestía como quería y mucho menos calzaba de acuerdo a tono, por lo que Sánchez Martínez y la fortuna de la que hacía ostentación, resultaron su mayor atractivo.

 

Durante mucho tiempo creí, sin lugar a dudas, que las mujeres estábamos alejadas de la corrupción, por lo menos de las grandes corrupciones y que de ahí que fueran tan admiradas las envalentonadas capos ¿o se dice capas? de la droga, o las matonas a sueldo, o las defraudadoras bancarias de las que, ahora me doy cuenta, no llegaban más allá de las cajas o del manejo de algunas cuentas, no todas importantes, y que sus acciones se debían a peticiones de sus parejas, a exigencias de éstas, es decir que, aunque suene ridículo, robaban por amor. Como por un sentimiento igual pero hacia los vástagos lo hacían las empleadas del servicio doméstico, o las cocineras con las despensas y vaciando el refrigerador. Llegar a los extremos delincuenciales, tenía una particularidad que le daban las féminas.

 

Sin embargo los ejemplos del presente alejaron de mi mente tales aseveramientos. Mujeres como Niurka Sáliva, empiezan por definir a la prostitución de altura, de gran clase para dar rienda al siguiente paso que es el de convertirse en delincuentes profesionales. Y sigo sin poder responder y tampoco imaginar que pasa por sus mentes cuando se enfrentan a la pobreza infantil, a los abusos, a los fallecimientos por desnutrición, por hambre; cuando se percatan de la ausencia de felicidad en los rostros de los niños y todo ello se borra al enterarse, por ejemplo, de los cientos o miles de millones de pesos que recibirá su pareja o cónyuge o amante, en una transacción en la que hace uso de su papel de autoridad, o por la que vende una firma a sabiendas del daño ambiental o económico que causa en su entorno, o utiliza todos sus contactos para lograr que se ubique una nueva empresa a la que también usará para la proveeduría gubernamental con su consecuente carga de “moches”.

 

Hacia donde aplicaba la Sáliva de Sánchez el dinero que su marido le depositaba para las obras del DIF, para los apoyos a los padres de familia, para una y mil necesidades que existen en Cancún, pero también en el resto de municipios de todo el país, es la pregunta obligada. Como también lo es para las que están en pleno poder y resultaron incapaces de aplicar con honestidad los presupuestos. Ahí está tras las rejas una Edith Mendoza Pino, que en tanto aclara sumas y restas, va aclarándose el panorama sobre el que fincó su enriquecimiento que, aseguran, ahora no le alcanza para reparar daños y mantener su estancia en ese hotel de lujo. También tenemos a una Trinidad García Argüelles, que como muchas féminas lo primero que hizo en cuanto tuvo un dinero fue darse una buena operada de las zonas más vistas de su anatomía.

 

Pero no hay que dejar atrás a doña Alicia Ricalde, alcaldesa igual que las mencionadas de Tulum y Lázaro Cárdenas, que estuvo al frente del Ayuntamiento en Isla Mujeres. Este trío y lo que de ellas se sabe, impide que pueda volver a creerse en ese dicho de que las féminas somos más honestas que los hombres, que nada más robamos tantito porque todavía desconocemos como se hacen los grandes negocios. Y, nada más falso. Los ejemplos los tenemos en la esquina, a la vuelta, en Yucatán, con dos ejemplares de colección, la gobernadora Ivonne Ortega y su alcaldesa Angélica Araujo. Campeche ya ronda por los mismos caminos con la administración de la edil de Ciudad de Carmen y la actual presidenta municipal de la capital, Ana Martha Escalante Castillo, quien ya le entró a los cacicazgos no solo por ser una Escalante, sino hermana de la viuda de un panista y aspirando a ser mandataria estatal bajo la bandera tricolor del PRI.

 

Ahora que no por estos ejemplares peninsulares vamos a olvidar a la Martita Sahagún, jefa de jefas, o a doña Elba Esther Gordillo, o a la de izquierda químicamente pura, Amalia García, o a Rosario Robles o a doña Griselda Álvarez (q.e.p.d.), o la Carmen Segura que compró galones de agua en un taller mecánico con tal de apropiarse de los fondos para las contingencias naturales, o doña Beatriz Paredes, cuya fortuna le permite estar en Brasil rodeada de todas las satisfacciones pagadas que en su país le están severamente criticadas. Ya tampoco es consuelo que los hombres son mucho más corruptos y sin sentimientos de culpabilidad disfrutan abiertamente de sus mal habidas fortunas, las mujeres aumentan el número de estas filas rápidamente. ¿Será esa la igualdad que tanto perseguían?  ¿Cuál será el calificativo que les endilguen sus hijos? Entre más conozco a las políticas, más respeto a las putas y admiro a las perras.

 

 

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