Perfiles: Diferentes tipos de Odio –Amor– Vida– Nostalgia

Publicado el Julio 9, 2014, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

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Escrito por Lilia Arellano

 

Dicen que hay de odios a odios, de rencores a rencores, de amores a amores, de pasiones a pasiones, de vidas a vidas o de riquezas a riquezas, pero también hay de nostalgias a nostalgias y estas presentan una gran variedad. Se extraña, por ejemplo, el sabor de la leche bronca, de las natas, de los chongos a los que alguien les puso “zamoranos”, tal vez porque los descubrieron en Michoacán, y seguramente fue alguna señora a la que se le agrió la leche y llorando se uso a moverla, al calor de la estufa,  una y otra vez hasta que se formaron esas pequeñas bolitas que con azúcar y canela hacían las delicias de chicos y grandes. Las enlataron, se compraban en el super pero ya desaparecieron.

 

Despierta muchos recuerdos esa leche que tenía que ser hervida durante largo tiempo, aunque antes, bien podía extraerse una gruesa capa que se utilizaba como crema; el requisito indispensable era refrigerarla y por eso al voltear el rostro y ver las cajas de la leche a la intemperie, con un calor fuerte emanado de las cocinas, uno no deja de preguntarse ¿qué me estaré tomando? ¿Será leche? Y que tal el color de la yema de los huevos, su sabor, el olor. Y eran los pollos que nunca nacieron producto de la alimentación de mamá gallina la que, grano a grano de maíz, llenaba el buche.

 

 

Pero también llega la nostalgia por los boleros, los tangos, por los bailes cadenciosos como la lambada. Las letras y las interpretaciones tenían la magia de hacernos volar, de transportarnos, de llevarnos a otra galaxia, a la de los recuerdos ya fueran de un tiempo reciente o de muchos años atrás, como ahora. Había las clásicas de despedida: “ya todo lo llenas tú, yo no soy nada en ti y te voy a dejar, al fin tu eres feliz, ni lo vas a notar… me haces menos y ese es mi coraje y, si no te gusta lo que traje, adiós, que de algún modo seguiré mi viaje”. Las románticas que intentan borrar el pasado: “contigo aprendí a ver la luz del otro lado de la luna, contigo aprendí que tu presencia no la cambio por ninguna, aprendí que puede un beso ser más dulce y más profundo, que puedo irme mañana mismo de este mundo, las cosas buenas ya contigo las viví y contigo aprendí, que yo nací el día en que te conocí”.

 

Sobre la ropa no hay muchas añoranzas porque las modas son cíclicas, regresan, vuelven y, por ejemplo, los chongos son, hoy por hoy, los peinados más elegantes. Las pestañas postizas hicieron su reaparición, lo tintes de pelo, los lápices de labios, el barniz de uñas en color rojo, carmesí, fuego, son la moda que invierno tras invierno, vuelve a imponerse. Los dichos provocan la risa de los menores pero siguen vigentes y también nos llevan a los recuerdos, a los tiempos en que las vacaciones se disfrutaban en diversos poblados de donde eran originarios los padres o los abuelos y en donde la sabiduría popular abunda.

 

Aunque ya en un terreno prosaico, también están los odiados comerciales. Aquellos que lo mismo provocaban risa que aumentaban considerablemente el consumo con mensajes muy sencillos que hoy, ante la sofisticación, se antojan inocentes hasta en los que el doble sentido reinaba. No había nada igual que el “mejor, mejora, Mejoral”; o que tal el jabón de baño, el verde: “Palmolivece y embellézcase, Palmolive suaviza su piel es tan suave su rica espuma por eso es ideal. Palmolive en su baño diario, embellece y perfuma su piel con aceites de oliva y palma.  Palmolive le da suavidad”.

 

Algunos anuncios se convirtieron en parte de las conversaciones, sobre todo en las respuestas: “Hermana Engracia, hermana Engracia ¡que se sube la leche!… perdone reverenda madre, estaba seleccionando las almendras, pesando el azúcar y contando los huevos… voy al coro y regreso… reverenda madre, pruebe que la crema ya está en su punto… está ¡riquísima! Parece fórmula inspirada por un ángel”. Y todo ello para vender el tradicional rompope Santa Clara, de origen poblano.

 

Recuerda el estribillo: “para su coche, aceite Roshfrans, para su coche, aceite Roshfrans”; o el de “chaparritas El Naranjo, no tienen comparación”; también se cantaba a menudo; “Orange Crush, refrescante, popular, siempre el más sabroso, Orange Crush”; a ritmo de tap se anunciaban los cigarros “Negritos”: “Llegaron ya los negritos sin filtro, llegaron ya con su gran sabor, son los Negritos un producto de valor”. Y todos esos refrescos que hoy nos dicen son altamente dañinos, han provocado diabetes, pagan impuesto, se anunciaban larga y musicalmente: “Más por su dinero… Coca cola grande le da mucho más… Coca cola grande refresca mejor… Coca Cola grande reanima de verdad… Coca cola es la grande y le da mucho más después de un vaso.

 

Su competencia desde siempre, la Pepsi, difundía: “Pepsi cola, todos toman porque saben que les rinde más… más, más, sí, sí, más calidad… Pepsi cola todos toman porque saben que les rinde mucho más, es refrescante… no se haga bolas con tantas colas pida Pepsi nada más”. La de sabor: “un gustito Fanta, es tanta la diferencia que todos prefieren Fanta, más Fanta encanta… y para los chiquitos naranja Fanta que rica es, da gusto tener sed”… Así, entre suspiro y suspiro ante el radio se escuchaba el “95.3… iiinooolvidaable!”

 

Había tal inocencia aún y cuando se estaba en lo que entonces era el reino del albur, que más de un comercial era de doble sentido: “caballero, hágasela suavemente, sin temor, su afeitada será mejor con aceite Menen”. “Caballero ¿sabe porque a su novia le gusta tocárselo?…porque su radio, su stromberkarlson se oye bien”. “Señorita si su novio se lo pide… ¡déselo!,,, porque Alka Seltzer si alivia”. “Señora lo que usted siempre quería ahora le caben hasta los huevos y es ¡su refrigerados General Electric!, la marca que le da más”.

 

“Si se le para de repente y se le derrama el líquido, su coche necesita bujías Champion”. “Que no se lo den ni duro, ni frió, vaya a la panadería Santa Mónica” y todo esto cantado, pegajoso. El jugo V8, ese que mandan en las dietas modernas es viejisisísimo. Se anunciaba en la parte cantada “¡esto no sabe a jugo de tomate!” . Cuando nos atiborraron de comida chatarra lo hicieron con música, hipócritamente: “los gansitos Marinela, son de rico chocolate, dame una probadita, requeté sabrosos son…”Sabritas, papas Sabritas, a que no puedes comer solo una, a que no puedes comer solo una, Sabritas que buenas son”.

 

O que tal el “Danet, de Danone, el postre para soñar …cómo, me gusta, en la casa disfrutar… es Danet de Danone, el postre para soñar”. En esto de vender no hay ni hubo limitaciones y se escucharon los que en el centro tenían famosas letras e interpretes de moda: “Oye ¿por qué estás tan triste?… se me perdió la cadenita –canción de que se escuchaba permanentemente en el radio cuando surgió la cumbia-… ¿la que te compre en Joyerías Jalisco?… si, si… ya no llores y te compras otra… no tengo dinero –Juan Gabriel-…” y así una pregunta, una respuesta y una canción hasta llegar al par de anillos.

 

Noooo, si recordar es vivir, amar, enojarse, maldecir, pero también reír y… volver a soñar.

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