“Bajo palabra” – Delincuentes deportados, empleados para la Mafia

Publicado el Agosto 4, 2014, Bajo Nacional, Noticias, Autor @gabriel_Mzuma.

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La realización de ésta historia fue posible gracias a la organización no gubernamental Británica Rory Peck Trust de ayuda a Periodistas Freelance en situación de riesgo y apoyo a la libertad de expresión. Agradecimiento especial a Catalina Cortés, enlace con periodistas desplazados por la violencia en México.

Con información de Diario19.com

A las dos de la madrugada, entre un intenso ventarrón, aún con las esposas apretando las muñecas, y una larga cadena que bajaba hasta los tobillos para convertirse en dos extensiones que terminaban en otro par de fierros que aprisionaban en veinticinco centímetros cada paso de su andar, su mirada se alzaba al cielo que reflejaba las luces de una ciudad sumida entre cerros, poco visible al otro lado de la frontera de un país que cinco años atrás los vio partir con una cajuela repleta de droga, sueños de orgías entre dólares que terminan en mujeres de diminutas cinturas dispuestas a ser, con sus vaginas, el trofeo del “buchón” que arriesga la libertad por demostrar los “güevos” que tiene de pasar frente al “migra” sin ser detectado.

La tolvanera de una madrugada fría de inicios de la primavera de 2014, fue testigo frente a una puerta angosta de una especie de túnel de alambre, de como las llaves abrieron los cerrojos que maniataban a José, de Cuauhtémoc; Alberto, de Jiménez; Rolando, de Juárez; Víctor, de Chihuahua, Mario de Casas Grandes y Miguel de Camargo, todos del estado de Chihuahua, el Estado de la República mexicana que más muertes violentas, desaparecidos y heridos dejó en el sexenio de la guerra contra el narco, de Felipe Calderón.

Sin embargo ellos, los que regresan a México deportados por la frontera entre los dos Nogales, el de Arizona y el de Sonora, luego de haber sido sentenciados a penas de entre cinco y ocho años por haberse atrevido a cruzar en autos con cargas de no más de 120 kilogramos, vivieron la guerra encerrados en cárceles diversas en los Estados Unidos. Nunca estuvieron más de un año en una sola, siempre cambiaron; siempre más al norte, cada vez más lejos de Juárez, de Chihuahua. Ese Chihuahua de2008, que se tornaba cada día más violento, por donde la guerra detonó, dejando miles de huérfanos, viudas. Familias atemorizadas, generaciones que crecen con el recuerdo de las descargas de los cuernos de Chivo ( AK-47 ), huyendo entre balaceras en los centros comerciales, con la muerte en la casa de Salvarcar en Juárez; frente a la Feria en Chihuahua. En la carretera a Cuauhtémoc; en el Valle de Juárez, en Villahumada. En el vado de Meoqui. Bajando el puente de Jiménez; en los caminos de Guachochi, en el Río de Casas Grandes. En Puerto San Luis, frontera con Sonora; en las polvorientas calles de Ojinaga, en La Cruz, Orranteño, Delicias, Creel, Gómez Farías, Buenaventura, San Juanito, Jovales, Cusiuiriachi, Carichí, Guadalupe y Calvo… Chihuahua. Muerte. Extorsión, secuestro, violación, asalto, R-15, Galil, MP-5, G-3, nueve milímetros, .380, .45, .38 súper, USI. Decapitación, dedos, piernas, manos, penes, senos, brazos. Tumbas clandestinas, tortura, droga. Sicarios-niños, prostitutas-niñas. Marihuana, sotol, “chiva”, “perico”. Sida, sífilis, chancros, gonorrea, hepatitis, herpes, papiloma… Chihuahua, México.

El Recluta agradece haber sido “Puesto”

José de 23 años ahora, cruzó por el puente libre, recuerda. Trabajaba para un “camarada” del fraccionamiento Acequias de Ciudad Juárez. Terminó la prepa en Bachilleres cinco, se inscribió en Biología en la UACJ. No sabe por qué quería ser biólogo. “Me juntaba con dos camaradas desde que llegué de Cuauhtémoc a estudiar a Juárez la prepa en 2005. En el “Bachi” la pasamos chido, nos cogimos un chingo de “morritas”. Les vale madre, te ven galán – sonríe – con dólares, las invitas a lugares chidos, donde nunca van. Salen a escondidas de sus papás, y decididas a todo. Les compras unas margaritas, las bailas, y cuando menos piensan, están en el motel. Primero contigo, luego con quien sea. Así la pasamos. No nos drogábamos, pero sí había “morritas” ya correteadas que hasta invitaban un “pase” pa coger más rico; nosotros llevábamos un ”Chivas”, o un “Buchanas”. En Juárez las morras cogen desde los 13 o 14 años. Cuando llegan a la prepa, un chingo ya han cogido con más de tres “weyes”. Las entrenan en la “secu”. Por eso no batallas bato”.

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“Cuando terminé en el “Bachi” (Colegio de Bachilleres, Prepratoria), conocimos a unas “morras desmadrozas”. Eran de Socorro, Texas. Muy buenas las cabronas. Traían su “trocón” lobo, con placas del otro lado. Las conocimos en un antro de la Mariscal, donde tocaban rock. Esa noche conocí a “La Merry”. El pelo rubio, largo, la cinturita, rica, de chiches no grandes ni chicas, cabía en mi mano, pezones güeros, nalgas blancas. Se depilaba chido, se dejaba una línea de pelos que cuando te bajabas al clítoris, te hacían cosquillas en la frente mientras ella gritaba. Me haces acordarme compa, ¡Hay wey!”, exclama con la mirada perdida, fija, atravesando el ventanal de la central del TAP que deja ver entre la penumbra de las tres y media de la madrugada, las figuras de las casas en los cerros del otro lado de la vía del tren que va del norte de México al sur de Estados Unidos, entre la desigual orografía nogalense.

“La Merry”, nació en Isleta, Texas, su padre era un “trailero gabacho”, y su madre una ruca “desmadroza” de Caseta, en el Valle de Juárez, pero que vivía en Juárez cerca de Soriana, Sanders. El gabacho se la llevó al otro lado, le sacó papeles y “La Merry” nació “gabacha”. Me contó su vida la morra, porque dijo que me quería. Pinche vieja, era a toda madre, pero muy cabrona. Cuando la conocí tenía yo 18 años, ella 17, pero me llevaba mucho tramo. Me decía que le gustaba por pendejo. Pinche morra. Conocía muchos “weyes”, sus amigas nunca más vieron a mis camaradas, y yo los fui dejando de ver después de las inscripciones para el curso de introducción a Biología en Ciencias biomédicas, que está por el Pronaf. “La Merry” me envolvió chido. Me cogía. Iba por mí a la casa con sus amigas, salíamos con ellas, y ellas siempre se iban con diferentes güeyes, todos morrillos. La Merry, se quedaba conmigo. Esas vacaciones no fui a Cuauhtémoc, porque me la pasaba con ella, y mis jefes, me dijeron que me quedara si quería. Yo les inventé que estaba trabajando en un Burguer King, pero aún así me mandaron quince mil pesos. Tienen un ranchito con vacas, hacen quesos. Les va bien. Nunca me faltó nada, ellos quieren que estudie. Simón, aún ahora que salí”.

“La cosa camarada, es que La Merry, está buenísima, chingona, y coge “hiperrico”, cómo le dices que no a una pinche morra, que no te pide nada, que además te da lo que quieres. Un día, me dijo: “Sabes qué “baby”. Tengo un camarada que paga chingón, en dólares, y lo único que debes hacer es manejar un carro, pasar la aduana, entregarlo en El Paso, donde te dicen y ya”. Ella ya sabía que tenía visa, que me gustaba la “coca” que me daba, y obvio que no podía decirle que no, porque entonces ya no me la iba a coger… y es que está buenísima –recuerda-. Bueno digo está, porque me imagino que aún vive, si no le dieron “chicharrón”. No la he vuelto a ver desde que me agarraron, pero la verdad “wey”, no se aún, si darle las gracias a la morra, porque desde que me torcieron los migras en el puente, supe que Juárez se convirtió en un desmadre, que mataron chingos de gente, y creo que si me hubiera quedado, con lo que empecé a hacer a mí me hubieran matado. Hasta mis jefes, me lo dicen, “Hijo, mejor que te agarraron, sino a lo mejor ni regresas nunca”. Hasta ellos agradecen a Dios que me hayan torcido… la neta, lo pienso y creo que tienen razón”.

“La pinche Merry, me salvó wey, porque fíjate cuántos muertos hubo en esos años, y los que sigue habiendo. Yo la neta, quiero seguir vivo. Si fue una chinga estar en la cárcel, me pusieron varias madrizas -muestra su rostro con visibles marcas de heridas, cicatrices a los lados de las cejas, en la nariz y una oreja- pero esto no es nada a lo que me cuentan mis jefes, amigos y familiares que me visitaron. Me llevaban revistas y periódicos para que viera como estaban matando a la gente”.

“El Joe” como le dicen sus amigos que junto a él llegaron en el autobús que los llevó del aeropuerto de Phoenix a la garita de Nogales, es un hombre musculoso, con cara de “geek”, anteojos que se observan caros, pantalón de mezclilla ancho, tipo cholo, que contrasta con su camiseta negra deportiva, que deja ver un abdomen fuerte, que se descubre cuando se quita la chamarra “caquí” de la prisión, que lo identifica con sus “compas”, que se notan diferentes, más viejos, canosos, de otro hablar, que se expresan con señas, en movimientos ondulatorios de antebrazos, cruzando de diferentes formas los dedos, balanceando la cintura con los pies juntos de los talones, abiertos de la puntas, calzando zapatos pesados. Uno de ellos saca de entre su “maleta”- una bolsa de plástico blanco, biodegradable- un plato de comida. Se alcanza a ver un chile relleno, con guarnición de arroz y papas fritas. Se le queda viendo a un hombre joven de vestidura desgarrada, sin calcetines, con unos zapatos viejos sin cintas, mucho más grandes que sus pies, y le dice: “tenga compita, lo compré hace rato pal camino, pero usté se ve más jodido que yo”. El hombre se le queda viendo y agradece con la mirada, de inmediato gira sobre sus pies, se encorva, recoge un envase de agua tirado debajo de un asiento de la estación del TAP, desgarra el plástico que rodea el plato de comida, mete la mano, saca el chile relleno, le da un gran bocado de más de la mitad, se enchila, y sorbe la poca agua que quedaba en el envase. Los demás observan. José toma su botella con agua y se la ofrece, el indigente la toma, la abre y bebe desesperado. Da otro bocado y sale de escena. Deja abierta la puerta de la estación del TAP, se cuela el frío de la madrugada, alguien se levanta y cierra de nuevo. José expresa: “aquí es donde te das cuenta, que lo tuyo vale madre, “wey”. A nosotros nunca nos falto qué comer. Si estábamos encerrados, pero siempre tuvimos comida, techo, chanza de estudiar inglés; ¡esta gente no tiene ni madre cabrón!.

A José se le viene de nuevo a la mente “La Merry”. Pinche Merry, exclama. “Yo se que me reclutó la muy cabrona, porque no te das cuenta, hasta que ya convives con esos batos, y te buscan y te dan órdenes, y ella nomás llega una o dos veces más a cogerte, a darte tus últimos “pases” gratis, y te advierte que tengas cuidado, que son gente pesada que si no obedeces te cargará la chingada, porque no están jugando, y te la coges con miedo, quieres que se vaya, y a la vez no, porque con ella te sientes protegido cabrón. Cuando te coge la última vez, haces el segundo y el tercer viaje, y piensas “qué bueno que ya no viene”, porque si va entonces, es para chingarte, porque hiciste algo mal, llega con gente y entonces pagas, porque pagas”.

“Fue en el séptimo viaje cuando me torcieron. Yo creo que me “pusieron” -delataron- porque todo fue muy rápido. Llegué como siempre, tranquilo. Nunca ves lo que llevas, tu solo eres chofer. Llegué a la caseta; parecía que me esperaban cabrón. No pasaron perros, ni espejos por abajo del carro, se puso un “güey” en frente, otro atrás, y uno a mi lado que me pidió el pasaporte, no preguntó nada, me dijo que bajara y abriera la cajuela, me puso nervioso, no podía meter la llave, los tres se agarraban las pistolas, no podía abrir, hasta que por fin, zas que se levanta la cajuela, y se veían un chingo de paquetes, en cinta café. De volada me tumbaron, me esposaron; el piso quemaba gacho, me levantaron y me llevaron a un cuarto entre las casetas. Solo vi como se llevaban el auto, nunca supe a dónde, yo nada supe del carro ya, ni qué llevaba. En el juicio me enteré que era Marihuana, 230 libras, y un paquete con dos onzas de coca. Cuando me preguntaban en el juicio, con un intérprete, les dije que no sabía cuánto pesaba, ni qué llevaba, entonces el fiscal dijo las cantidades.

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“Pensé que me iban a dar poco tiempo, pero ni madre, me dieron ocho años. No sé por qué, pues me he enterado de gente que sale a los seis meses, un año, será porque eran menores, o viejas, pero a mí me chingaron con ocho años. A mis jefes lo vi hasta los nueve meses, me hablaban por teléfono, pero decían que no querían verme. A güevo, pos estaban decepcionados, encabronados. Ellos pensaban que su hijo estaba trabajando y estudiando, que era bien chingón, que iba a ser alguien en la vida,¡ Biólogo!, de seguro no saben ni que hace un biólogo, pero estaban orgullosos, y de pronto., pinche chavalo, preso, por traficar droga. Imagínate la sorpresa “wey”. Ya cuando me dieron sentencia, se acercaron, y lloraron, me reclamaron. Tu no sabes que decirles, estabas bien morro. “Un culo de vieja” te dejaba que te la cogieras, te daba de todo. Te agarran “meco”, no te das cuenta. Pero ellos, están contigo, como sea siguen contigo… ya si no lo vas a agradecer”.

“Me dieron libertad bajo palabra, me faltan tres años de sentencia, mira, y enseña su identificación del centro de detención de Estados Unidos. Ahora voy a trabajar con ellos, -sus padres- a ver qué pasa, y a dejarme de chingaderas. A ver cómo está el pueblo”.

Interrumpe la plática “El Pelón”: “Hey carnal, dice aquella morra, que aquí adelante está otra central, la de los Estrella Blanca, vamos a ver si allá hay salida más “tempra”, ¿cómo ves? .

“Pos simón – contesta José- vamos a ver qué rollo”. Pero en la otra central no hay salidas, hasta las ocho de la mañana, y en el Omnibus la salida es a las siete y media. El grupo regresa a la Estación del TAP.

A las cinco de la mañana, están dormidos sentados en una sillas grupales, de metal, incómodas, están remodelando la Estación, y al abrir la puerta frontal se cuela el aire helado, que hace corriente con la puerta abierta de la salida los andenes, por donde se abordan los autobuses que van al sur. Al Pacífico los TAP, y al centro-norte los Omnibus de México.

Las seis de la mañana hace que penetren los rayos solares por entre el ventanal enorme, que golpea los párpados endurecidos por el cansancio, el sueño y la incertidumbre del descuento en la taquilla. Todos traen su hoja en la mano que los identifica como deportados, con la salvedad que en un renglón señala, “Libre bajo palabra”. Esto es otro estatus, no son los típicos migrantes del sueño americano, ellos son los deportados-criminales, que juraron nunca regresar a suelo estadounidense, porque fueron aprehendidos con cargas de droga en Automóviles, algunos con expedientes delincuenciales en México, otros como José con su récord de la primera vez. Eso los hace especiales, se sienten “diferentes”.

Juegan a las miradas con los niños, se quedan viendo a las caderas a las mujeres, que por aquélla frontera son hermosas, de cuerpos de “Venus encendida”, como interpreta la Sonora Santanera la fogosidad de las mujeres deseadas. Son pacientes en la espera, impacientes en la charla, su plática redunda en historias increíbles en la cárcel, donde siempre fueron los héroes. “La verdad es que salieron libres porque son una carga para el Estado norteamericano, que prefiere deshacerse de ellos “bajo palabra” en la frontera más cercana a su centro de detención, deportándolos sin importar si son en realidad mexicanos, o no, apunta la investigadora y académica Guadalupe Correa-Cabrera de la Universidad de Brownsville, Texas. Algunos salen un año antes de cumplir sus sentencia, o como José, tres años.

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Estados Unidos se deshace de los indeseables “Bajo Palabra”

“ En los centros de detención no pasan problemas, tienen buena comida, techo, programas de rehabilitación, pueden aprender un oficio, Inglés. Estar encarcelado en Estados unidos, es muy diferente a México, están en el primer mundo, y las condiciones son sumamente diferentes, las cárceles, están vigiladas en el cumplimiento de los derechos humanos. Por eso tener a Miles de inmigrantes resulta caro para el Estado norteamericano. La solución es fácil, basándose en los tratados internacionales. “Bajo Palabra”, es una figura que permite a las autoridades “cumplir”, dejándolos salir antes de tiempo, dejándolos en la frontera, sin importar si son o no mexicanos” afirma la investigadora.

“Los corredores de deportación están cambiando, y aunque existen deportaciones por diferentes puntos de la frontera con México, ahora lo hacen con mayor frecuencia hacia el noreste mexicano, por Nuevo Laredo y Reynosa, lo que va haciendo crecer un problema de seguridad paralelo. Los deportados que llegan a Tamaulipas, se quedan en las fronteras generando mayores problemas de inseguridad, porque Estados Unidos se deshace de los indeseables, de los delincuentes en mayor número, que al llegar a la frontera mexicana, si no son reclutados por el crimen organizado, forman bandas dispersas que agreden a los ciudadanos, sin que exista un control de parte de las autoridades mexicanas”.

“Existen cientos de casos de gente centroamericana que afirma ser mexicana, sale ajo palabra, y llega a las ciudades fronterizas a convertirse en un problema más que de inmigración, de seguridad para la comunidad. Esto a los Estados Unidos no le importa, pues de lo que se trata es de sacarlos de su territorio, aunque para evitar que regresen a su territorio, deba gastar miles de millones de dólares en la cobertura de seguridad anti-inmigrante”.

“Bajo palabra”, una arma para deportar indeseables en EU

“La Sobrepoblación, hace que en los Estados Unidos se piense en regresar a los delincuentes a su casa. Es muy caro pagarles salud, alimentación educación, por eso se dan las deportaciones masivas; por eso la frontera se vuelve más peligrosa. Los grupos del crimen organizado reclutan delincuentes dejados libres “Bajo Palabra!” en refugios de migrantes, los hacen trabajar de nuevo para ellos, porque es más fácil eso que regresar a sus lugares de origen. Siempre están pensando en regresar a como de lugar”.

“Estados Unidos quiere deshacerse del paquete, y las fronteras más castigadas son Nuevo Laredo, y Reynosa” asegura la académica Correa-Cabrera.

“Bajo Palabra” se convierte entonces en un programa sin distingos, que permite a Estados Unidos deportar a un gran número de delincuentes, que pueden ser de diferentes nacionalidades a la mexicana, pero con la sola “confianza en su palabra”, al decir que nacieron en México, son deportados en las diferentes ciudades fronterizas. Las de Tamaulipas, son las más utilizadas, lo que no quiere decir que por todas las demás, no se lleve a cabo. Así Guatemaltecos, salvadoreños, hondureños e incluso sud-americanos, quedan varados entre la frontera sur de los Estados Unidos y la norte de México, creando una burbuja delictiva, que siempre termina trabajando para la delincuencia organizada. Hombres y mujeres que pueden ser sacrificados incluso por su falta de raíces”.

Guadalupe Correa-Cabrera, además de su cargo en la Universidad de Brownsville, se ha dedicado a participar en foros internacionales, hablando sobre la violencia, y la malas tácticas mexicanas para enfrentar a los Cárteles de la droga, poniendo en duda en ocasiones, muchas de las teorías del Estado, a quien pareciera convenirle la situación de miedo y silencio.

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El viaje y los retenes

Durante el trayecto de Nogales, Sonora a los destinos en Chihuahua de los repatriados “Bajo palabra”, se deben pasar los “filtros”, mejor conocidos como “retenes”. El primero de ellos lo encuentran entre la carretera de Cananea a Agua Prieta, donde agentes de la Policía Federal, revisan autobuses y autos, en busca de “sospechosos”, que son investigados a través de la plataforma México, hurgando en los archivos criminales de la gente. “Cuando localizamos a algún delincuente se le aísla, y se le investiga sobre su paso por la zona. Checamos que no tenga alguna orden de aprehensión, y finalmente si está limpio, se le deja ir, o se le detiene si existe alguna petición de presentación”. Así responde el agente del ministerio Público establecido en la desviación hacia otra de las fronteras sonorense, Naco, ubicada en una curva larga a cincuenta kilómetros antes de llegar a Agua Prieta, ciudad donde el 30 de abril de 2013 la Policía Federal se adjudico la detención del suegro del “Chapo Guzmán” Inés Coronel Barrera. Agua Prieta es una frontera plana, sin cerros, polvorienta, sin edificios, donde se rinde tributo a un Caballo, famoso por la letra de un corrido mexicano (canción), donde se menciona como le ganó el moro de Cumpás. Aún así, el Zaino de Agua Prieta, tiene un monumento sobre la carretera que va para Janos, Chihuahua, donde el cártel de del Pacífico, lucha contra el Nuevo Cártel de Juárez, por mantener el control de una de las zonas más importantes para el trasiego de droga, con rumbo a Texas, Nuevo México y Arizona.

La Imagen de Agua Prieta es así, una pequeña ciudad, paso de Inmigrantes y droga hacia los Estados Unidos. Douglas la frontera Estadounidense, no es muy diferente. Sus calles anchas sirven de paso a cientos de inmigrantes latinoamericanos. De ahí se llega por medio del desierto a varias rúas, entre ellas una de las carreteras más importantes de Estados Unidos, el “freeway” diez, que va de California a Florida, o el 20 que llega hasta la parte alta de Atlanta, en Georgia.

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Los agentes federales y sus ayudantes, vestidos de Blanco o Azul, suben al Omnibus de México, con desarmador en manos, uno de ellos con el seño fruncido, pregunta a uno por uno de los pasajeros, su origen y destino. A los Sospechoso, pregunta por los ex presidentes mexicanos. Les hace cantar el Himno Nacional, verifica su identificación. Al grupo de Chihuahuenses deportados “Bajo Palabra” les pide identificación y uno a uno, muestran su I.D., como llaman ellos a una pequeña credencial emitida por el centro de detención norteamericano en el Estado de Oklahoma, último lugar donde estuvieron recluidos, donde se menciona que son parte del programa de liberados Bajo Palabra, además de portar un documento, que acredita su deportación. Aún así, son bajados de la unidad, los forman a un costado del autobús e igualmente, uno por uno, pasan con el Agente del Ministerio Público, con quien se les observa discutir desde la ventana, por donde se les observa, luego de prohibirse bajar al reportero, a quien se le niegan declaraciones grabadas así como la identificación de agentes, ayudantes y Ministerio Público.

Después de media hora, los deportados, suben de nuevo a la unidad, maldiciendo a los federales: “Son unos hijos de la chingada ese. Se pasan de vergas. Creen que nos vamos a agüitar y les vamos a dar una feria, pero ni madres, pinches putos. Creen que porque uno acá, acaba de salir de la “Jail”, ya se les va a agachar. No les dimos ni madre, culeros, pos si no debemos nada acá, todo fue en “El Chuco”.

Según el grupo, les pedían cien dólares por cabeza para dejarlos proseguir, pero al checar sus antecedentes en la Plataforma, y tras su decisión de no dejarse esquilmar, los dejaron continuar su viaje.

Entonces tres kilómetros antes de llegar a Janos, Chihuahua, donde la carretera se divide hacia el Norte a Ciudad Juárez, y al Sur a Nuevo Casas Grandes, los soldados que hace años pedían a los conductores pegar sus vehículos defensa con defensa con el auto de enfrente, para con el “detector   molecular” localizar cargamentos de droga, y que finalmente resulto un millonario fraude en que el ejército mexicano fue timado, incluso con cursos de capacitación para poder operar el instrumento, frenan el paso nuevamente, aunque en ésta ocasión solo platican con el chofer del autobús y dan vía libre hasta llegar a Nuevo Casas Grandes, donde el grupo y demás pasajeros, se abastecen de “Burritos”, “sodas”, “aguas”, y descargan el estómago y la vejiga.

No saben que más adelante, enfrentarán uno de los “retenes” de mayor corrupción, donde inmigrantes, turistas, transportistas e incluso gente de la zona, debe dejar cantidades variables de dinero para poder continuar su viaje.

El retén de “La Fortuna”, inicialmente ubicado por miembros del Ejército, ahora es manejado por la Policía Federal con base en Nuevo Casas Grandes. De sur a norte, los inmigrantes bajan del autobús se forman frente a una capilla que venera una imagen religiosa católica, y pasan con cien dólares en la mano a “platicar” con el Agente del Ministerio Público, que les da vía libre hasta su destino, no obstante que en Janos existe una estación migratoria, famosa por las detenciones de centroamericanos.

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Pasando “La Fortuna”, llegan sin problema hasta Altar, o Tijuana, afirma una mujer que ya conoce la ruta y junto a los pasajeros del autobús que viaja de Norte a Sur, observa la fila ante la capilla ardiente a “San Juditas”, testigo presencial del pago de las cuotas a los federales.

Sin embargo, ahí el Omnibus de México para, y suben los federales de nuevo, bajan no solo al grupo de deportados Bajo palabra, sino a otros siete “sospechosos”, y después de cuarenta minutos, regresan a sus asientos. Esta vez no existen insultos, solo miradas impotentes. Entonces José, el de Cuauhtémoc menciona en voz baja. “Nos chingaron cien dólares a cada cabrón”. De los otros siete, solo dos admiten que ellos también entregaron dinero, porque los amenazaron con detenerlos para “investigación” sino pagaban la cuota. Así el operador del camión enfila hacia el pueblo más cercano “Flores Magón”, donde se detiene para “comer algo”, en un restaurante donde venden burros y platillos. Asado de Puerco, chile con queso, menudo, caldillo, carne asada, queso menonita. Los burros a veinte pesos y el platillo a sesenta, con todo y tortillas de harina, hechas a mano. En silencio el grupo “Bajo palabra”, come algo, fuman y cuchichean en sotto voce.

En Janos había bajado ya uno de los deportados que iba a para Juárez. Ahí en Janos, abordaría otro autobús que lo llevaría a la frontera. En Nuevo Casas Grandes, se bajó otro de ellos. Se despidió con un fuerte abrazo de cada uno de sus compañeros, les deseo suerte, y grito: “’¡Que la próxima vez no nos encontremos en la cárcel camaradas!… llévensela calmados batos”.

De Flores Magón, en tres horas más de camino por el desierto, sigue Chihuahua, hasta donde llegaban los tres. Uno se quedaría en la capital, y los otros dos transbordarían hacia Cuauhtémoc. “Tengo ganas de ver a mis jefes”, dijo José. A la vez que aseguraba que ya se dejaría de “pendejadas”, y trabajaría honestamente. “ La neta ese, no te quedan ganas de regresar, aunque fue lo mejor, porque seguro hoy no estaría vivo”.

Las repatriaciones de delincuentes desde perspectivas diferentes

Los gobiernos de Estados Unidos y México iniciaron discusiones desde 2013 para modernizar el enfoque binacional a la repatriación de inmigrantes mexicanos, informaron al Congreso de Estados Unidos, el 2 de abril de 2014, el secretario adjunto para asuntos internacionales del Departamento de Seguridad Interna, Alan Bersin, y el director de investigaciones, James Dinkins, según rescata la prensa mexicana poco después de iniciada la primavera; en la intervención destacaron la Iniciativa de Repatriación al Interior con México y su impacto en la reincidencia de cruces ilegales.

“El Departamento de Seguridad Interna está trabajando con México para explorar opciones adicionales para refinar y modernizar nuestro enfoque binacional a las repatriaciones”, dijeron ante el Comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Representantes.

“Estas conversaciones están sólo empezando, pero estamos optimistas de que el resultado de este diálogo será un proceso de repatriación y reintegración mejor, más efectivo y más eficiente”.

El programa actual de repatriación al interior regresa a los mexicanos con antecedentes criminales al interior del territorio mexicano, en busca de que se reintegren a las comunidades, en lugar de reinsertarse en grupos criminales, como realmente sucede en más del 80%, de acuerdo a la apreciación de la doctora Correa-Cabrera.

La administración de Barack Obama deportó a cerca de 370 mil personas en el año fiscal 2013, la mayoría mexicanos, mostrando un leve descenso en comparación con el año anterior.

La administración de Obama ha deportado a más de dos millones de personas en los últimos cinco años, erigiéndose como la administración con mayor número de deportaciones, tras lo cual cientos de familias latinoamericanas, han quedado separadas, mientras el discurso del primer presidente negro, continúa en su intento de supuesta protección a las minorías.

En Marzo el gobierno de Obama solicitó al Congreso dos mil 600 millones de dólares para identificar, detener y deportar a inmigrantes indocumentados para el año fiscal 2015, sin embargo ante la presión de ONG de defensa de inmigrantes, instruyó al titular del Departamento de Seguridad Interna, Jeh Johnson, a revisar la política de deportaciones a fin de “humanizarla”. Cosa que aún no se puede llevar a cabo, y solo el discurso da cuenta de ella.

Para Obama el “alto” número de deportaciones fronterizas se debe a que el Congreso duplicó el número de agentes de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) y de la Patrulla Fronteriza. Lo que ha marcado la más férrea de todas las batallas contra los inmigrantes latinoamericanos, perseguidos como nadie el mundo, a través de la frontera sur con México.

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México: En 2013 Estados Unidos deportó a más de 332 mil inmigrantes

El Instituto Nacional de Migración mexicano, dio a conocer en abril de 2014 que más de 332 mil inmigrantes indocumentados mexicanos fueron deportados de Estados Unidos en el 2013 por nueve puntos de repatriación identificados en Baja California, Chihuahua, Coahuila y Sonora, dato donde destaca además que el número de menores de edad repatriados corresponde al 5% del total de expulsados.

De los menores 2,834 se encontraban con algún tutor, mientras que 14,019, fueron recibidos por el instituto en calidad de “no acompañados” claramente integrantes de familias dividas por las presiones migratorias de Obama.

De todos los menores de 18 años, indica el reporte del INM, 14,530 eran mujeres y 2,323 varones.

Los datos anteriores señalan que en 2011 la cifra alcanzó los 396,906, en 2010 registró 302,862 y en 2009 a 389,834 indocumentados deportados.

EL INM reconoce “Fallas”: Deportados quedan varados en la frontera

Anteriormente en un análisis presentado al Senado por Ardelio Vargas Fosado, comisionado del INM se dio a conocer: “Recibimos, tan sólo el año pasado (2013), en números cerrados, 370 mil mexicanos. Y el Instituto Nacional de Migración no tuvo la capacidad de poderles apoyar en lo indispensable para regresarlos a sus poblaciones de origen, lo cual está generando un problema muy serio a las grandes ciudades de la frontera de México”, explicó.

Reconoció que los gobiernos federal, estatales y municipales no han sido capaces de hacer frente a la situación de miles de migrantes que se encuentran estacionados, sin recursos, en ciudades fronterizas como Tijuana, Mexicali, Juárez y Reynosa, y otras, incrementando las posibilidades de que estos laboren para grupos delictivos, ante la imposibilidad de un empleo dentro del marco legal.

“En los eventos de repatriación, hemos tenido también mucha complicación, fundamentalmente en atención a nuestros paisanos devueltos por los Estados Unidos. De verdad que para nosotros es un grave problema el tema de los mexicanos repatriados”.

“Hacia nuestros connacionales residentes en la Unión Americana, sólo volteábamos cuando se trataba de saber cuántos miles de millones de dólares enviaban al país. Continuamos recibiendo a cientos de miles de ellos cada año, desde la frontera norte, en condiciones de total indefensión y de escasa atención”.

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