Luvianos exige paz en medio de un clima de miedo

Publicado el Agosto 6, 2014, Bajo Nacional, Noticias, Autor @gabriel_Mzuma.

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Más de 500 vecinos marchan silenciosamente con globos blancos para acompañar a la familia que dirige la radio comunitaria y cuyo hijo fue asesinado el sábado. Exigen paz, aunque no se atreven a levantar la voz; tienen pánico de ser las próximas víctimas de una disputa por el territorio.

“¿Cuánto más tiene que pasar para que los gobiernos se den cuenta?”, clama desesperado Indalecio Benítez mientras echan tierra al cuerpo de su hijo de 12 años. Una mezcla de dolor, coraje e impotencia amasa el cemento con el que se sella la lápida que guardará al pequeño. Alrededor de 500 personas se han congregado para despedirlo. Entre llantos y aplausos echan a volar varios centenares de globos blancos con la palabra PAZ.

Con información de Animal Político/ Fotografía Parika B.

“Les va un doble agradecimiento, porque sabemos que es difícil salir a acompañarnos cuando son muertes de este tipo, paz ya por favor”, grita Benítez. Sus vecinos asienten callados, solo una mujer, otra madre indignada, se atreve a levantar la voz: “Yo le pido a todo el pueblo que nos unamos, que marchemos, que vayamos a ver al gobernador”. Nadie más se atreve a alzar la voz. No saben quién los ve. Al terminar se apuran a retirarse. Hay que regresar a casa antes de que anochezca y reinen los mañosos.

Juan Diego Benítez es una de las últimas víctimas de una guerra silenciada que acecha el sur del Estado de México, la zona limítrofe con Guerrero y Michoacán, parte de la supraregión de Tierra Caliente que abarca territorio de estas tres entidades. Zona de siembra y de tráfico de enervantes, la región estuvo durante cinco años bajo el control del cártel de La Familia. La llegada de la Secretaria de Marina, quienes establecieron una base en Luvianos, descabezó a esta organización criminal pero la fractura abrió paso a nuevas facciones que ahora se disputan violentamente la región.

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Además de los enfrentamientos entre grupos, las detenciones y muertes por parte de las fuerzas federales, se han multiplicado las extorsiones, secuestros y asesinatos a la población desarmada. “Mi única arma es la radio comunitaria”, alega Indalecio. Desde ella intenta poner su grano de arena al municipio. Ayer lunes, día del sepelio de Juan Diego, en el periódico regional una de las notas principales era la aparición de una familia completa acribillada en la localidad de Amatepec. Los vecinos no habían escuchado nada, narraba el rotativo.

“Aquí en Luvianos, hace unos meses también mataron a toda a una familia, hasta a los gatos y los perros”, cuenta una lugareña. “Vivimos una situación muy difícil, que el gobierno baje a vernos porque ve! Hoy ha sido insólito, tanta gente, pero todo el pueblo está con miedo a salir”, explica la mujer que animaba a sus paisanos a movilizarse junto a Indalecio y que llamaremos Eva. En la iglesia tuvieron que poner sillas de plástico porque abarrotaron las bancas. Al paso de la comitiva fúnebre la gente salía a en solidaridad, pero nadie se atreve a dar una declaración ante una grabadora, a poner su cara o su nombre.

A Eva le secuestraron un familiar hace poco más de dos meses. Se lo regresaron después de pagar extorsión pero decidieron autoexiliarse un rato. Ahora apenas volvieron al municipio pero al reabrir la cenaduría que maneja, un grupo de hombres armados llegó a levantar a un joven que allí comía. “¿Y qué puede hacer una sola?”, se pregunta. Ni siquiera llegaron encapuchados. Se saben tan impunes que hasta extorsionan, secuestran y asesinan a cara descubierta, mientras la Secretaría de Marina patrulla y mantiene una base en la cabecera municipal.

“Ni la Marina ni el Ejército hacen nada, mira, los mañosos van por una calle y ellos se meten por la de al lado”, cuenta un vecino que también prefiere quedarse en el anonimato. Los levantones, golpizas y asesinatos empiezan a desfilar por conversaciones en voz baja. “La semana pasada agarraron a una pareja que no tenía nada que ver, la muchacha regresó toda golpeada y el muchacho no ha aparecido”, cuenta otro. “Hace unos días destazaron a dos que eran del otro grupo, les cortaron las extremidades vivos, antes de matarlos”, añade un tercero que asegura que vio el informe médico.

En ese clima de pánico, la casa de los Benítez se queda sola después de tres días de velorio. Indalecio Benítez ha recibido llamadas de la Fiscalía de Protección a los Periodistas y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, pero nadie se apersona. La Policía Federal vino a tomar pruebas, pero no les brindan seguridad. En la calle no hay alumbrado y al caer la noche, los pocos vehículos que transitan se vuelven sospechosos.

“Estamos solos, no hay seguridad, hoy ya no hay casi gente. Y nadie nos resguarda, pero a la vez, el Ministerio Público me manda citar a Toluca mañana. ¿Cómo me voy a ir? Si aquí no puedo cuidar ni a mi familia, afuera no tengo quién me cuide”, espeta Benítez.

En los pocos kilómetros de desvío que separan Luvianos de la carretera que sigue a Bejucos, había ayer, día del sepelio, al menos siete hombres con pinta de halcones. Ahora, hasta los sicarios usan taxis para delinquir. Los cuatro que llegaron la noche del viernes a sábado a la radio comunitaria y casa de Indalecio lo hicieron un taxi. Fue desde el taxi desde donde dispararon.

La inseguridad se suma a los sentimientos de culpa de cualquier padre. Él además sabe que enterró a su hijo, pero iban por él. No puede quitarse de la cabeza que si él hubiera salido del carro tal vez no hubieran matado a su hijo. Ante eso, no se resigna a claudicar.

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“Seguiremos con la radio, yo siempre los he encarado de frente, aquí no decimos nada contra ellos, pero tampoco es su espacio, es una radio del pueblo, para todos, sin partidos, sin sexo”. Aunque él no conduzca el micrófono, ayer mismo la emisión duró hasta las 8pm y hoy reinicia temprano.

“Mi hijo no se pudo haber ido en vano, algo hizo que yo permaneciera aquí y vamos a hacer algo, no con violencia, porque yo la detesto, pero vamos a pensarlo bien porque algo tenemos que hacer para parar eso”, repite. “No sé quién fue, ni porqué, pero aquí hay una guerra y los que la van ganando ahora agarran a población inocente que, si les trabajaste en algún momento a los otros, como era aquí, así, voluntariamente a huevo, van por ti”.

Mientras tanto, reclama medidas cautelares para que no vuelvan por él ni por nadie más de su familia.

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