A cuatro años de la tragedia, la justicia no llega por el caso ABC

Publicado el Junio 5, 2015, Bajo Nacional, Autor LluviadeCafe.

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Sanjuana Martínez

Hermosillo, Son. Eva Victoria decidió nacer el 3 de junio. Mañana cumple un año. Su madre, Ofelia Vázquez Ruelas, prepara la fiesta, pero enfrenta un dilema para la celebración. Es el mismo día que nació su primer hijo, Germán Paul, quien cumpliría ocho años. Casualidades de la vida: Los celebraré a los dos: ella está conmigo; a mi hijo me lo arrebataron hace cuatro años.

Aquel 5 de junio le dijeron que su hijo estaba en el Hospital Chávez. Cuando entró a la sala infantil, recorrió el pasillo aterrorizada: “Nunca se me olvidará esa imagen: fuimos pasando muchas camas, volteaba y veía bultitos negros en cada una. Eran niños quemaditos, cubiertos de hollín. El último era el mío, pero yo no lo vi quemado, lo vi blanco con su pielecita levantada, desnudo, con un tubo en la boca. Le pregunté al doctor si me podía oír, me dijo que estaba sedado por las quemaduras. Y yo le pregunté: ¿cuáles quemaduras? El médico nomás me dijo:Siéntese señora, su hijo está realmente grave. Tiene lesiones internas y externas. Lo vamos a operar.

A la mañana siguiente, el médico confirmó los peores presentimientos. Le preguntó: ¿Viene sola? Ella contestó:No, doctor, aquí está mi mamá. El médico miró a su madre: Señora, su hija la va a necesitar mucho porque Germán Paul acaba de fallecer. Ella se derrumbó: Mi hijo no puede fallecer doctor, es nuestro único hijo, por favor, no puede ser.

Amargos recuerdos

Ofelia recordó la funesta escena a mediodía del 3 de junio del año pasado. Está acostada en un charco de sangre. Los médicos no pueden contener la hemorragia. Tiene casi ocho meses de embarazo. De golpe revive el calvario de las cinco inseminaciones artificiales que le practicaron. Las otras tantas que se hizo para concebir a Germán Paul. Y piensa en su intensa batalla por la maternidad.

Hoy le vamos a hacer la cesárea, le dice uno de los médicos. Ella no lo puede creer. Faltan varias semanas para concluir el embarazo, y lo más importante, es 3 de junio. Y piensa: Por favor, que no nazca el 3 de junio. Emocionada, articula las palabras:Doctor, mejor mañana, puede ser mañana, por favor.

El equipo médico se la llevó al quirófano. Nació su hija. “Cuando me llevaron a Eva Victoria, le dije al doctor que no quería tenerla el 3 de junio, porque mi hijo también nació ese día: Germán Paul a las 13:47 y Eva Victoria a las 13:13… Es algo tan increíble, tan milagroso. El doctor se quedó impactado y me dijo: ‘éstas no son coincidencias, son diosidencias’”.

Eva Victoria nació prematura, con apenas 2 kilos. Sus primeros dientes inferiores resaltan cada vez que sonríe. Y ríe mucho. Es la alegría de Ofelia y su esposo Germán León Ahumada. Se parece mucho a Germán Paul. Elena está pensionada y dice que ni loca piensa llevarla a una guardería.

Al igual que las otras madres de los niños de la guardería ABC, ha vivido sumida en la depresión, medicada, con terapias siquiátricas y sicológicas: No dormía y cuando cerraba los ojos imaginaba la escena de los niños adentro de la guardería quemándose. Han sido años de tratamientos. Nos ha afectado mucho la falta de justicia. Son cuatro años y seguimos en la lucha. Hicimos el trabajo de la PGR. Ya demostramos que el incendio fue intencional. ¿Qué esperan para meter a la cárcel a los culpables?

La sala está llena de fotografías de Germán Paul, y Ofelia piensa en la fiesta de cumpleaños de Eva Victoria, que ríe y juega: Era mi conflicto. Al final, pensé que la niña no tiene que cargar con eso. Voy a festejar la vida de los dos: uno está en el cielo y la otra la tengo aquí.

Secuelas interminables

Julio César Márquez camina por el cementerio municipal. El mausoleo de los niños de la guardería ABC recibe la luz de la mañana y el canto de los pájaros. En cada tumba, fotos, juguetes, flores, recuerdos. Hay un oso de peluche color café tirado en el suelo y la lona con las fotos de los 49 niños que murieron el 5 de junio de 2009, todos menores de cuatro años.

Julio César acude regularmente a visitar la tumba de su hijo Yeyé, Julio César Márquez Báez. Ahora está preparando el acto de aniversario y la vigilia del 4 de junio con sus compañeros del Movimiento 5 de Junio y de Manos Unidas: Muchas familias han tenido otros hijos. Nosotros no hemos tenido otro bebé ni vamos a tener. A mi esposa le sacaron la matriz el año pasado. Todos sabemos que un hijo no sustituye a otro, dice con un dejo de tristeza.

Hace cuatro años decidió dedicarse en cuerpo y alma a la lucha por la justicia. Ninguno de los 37 responsables está en la cárcel, ni siquiera han sido sentenciados. Su vida familiar dio un vuelco. Desde la pérdida de su hijo, su esposa Estela Báez Gill padece profundas depresiones y un desorden de disociación sicótica, evasión de la realidad y pérdida de memoria.

“A los seis meses de muerto nuestro hijo, empezó a tener desmayos. Ella nunca había tenido ningún problema de salud. Luego empezó a escuchar voces. Después de cada aniversario hemos tenido que internarla. En Guadalajara dos veces en el hospital San Juan de Dios, donde le dieron terapia de shockseléctricos, que le dañaron la memoria, y en 2011 en la ciudad de México, en el Instituto Nacional de Psiquiatría. Y el año pasado en Oceánica, por el consumo excesivo de medicamentos. Hemos sufrido mucho”.

Estela está sentada en el suelo, junto a otras mamás de niños de la guardería ABC. Están preparando los adornos que colocarán en cada una de las 49 cruces ubicadas en la plaza frente al ayuntamiento. Tiene gran habilidad con las manos y está pintando los angelitos azules con pintura brillante color dorada. Hace años que no da una entrevista, pero esta vez, accedió a hablar con LaJornada: Yo no acepto la muerte de mi hijo. No puedo aceptar que un niño sano, tan cuidado y tan amado, de repente ya no está. ¿Cómo es posible que en el lugar que lo teníamos seguro allí haya muerto?

El desorden mental que sufre ha provocado que vea a Yeyé en otros niños que van por la calle. La última vez intentó quitarle un niño a una señora, pensando que era su hijo. La gente se le fue encima, la golpearon, quedó tirada en el suelo: Yo sé que no estoy bien. Es vivir la culpa. No lo puedo evitar. No tengo la suficiente fortaleza para aprender a sobrellevar esto. Pienso en mis otros hijos. Han vivido este proceso tan largo, tan feo. Perdieron a su hermano y también están perdiendo a su madre, viendo cómo me desmayo, viendo a una mamá loca. No me gusta la palabra, le tengo miedo, pero tienen una mamá que de repente no está en sus cabales.

Estela y Julio César, junto a sus hijos Brandon y Alison, aún viven las secuelas de un duelo interminable. No es fácil aceptar una muerte tan espantosa para un niño. Hace 15 días, Estela acudió al hospital donde estuvo, queriendo recuperar a Yeyé. Se desmayó y quedó tendida en una banca: He hecho tantas cosas para estar bien, y nada resulta. Yo sigo igual. Es desesperante.

Otro día acudió a la guardería ABC a la hora en la que recogía a su hijo: Me encontraron abajo de una lona con la foto de mi hijo. Me transporto a mi antigua realidad. La no aceptación me hace que yo quiera regresarme a mi otra realidad. Yo quiero a mi hijo conmigo. Lo veo en otros niños. Eso me ha ocasionado muchos problemas en la calle.

La última vez lo vio en su casa. El niño estaba sentado en una esquina agachado, como si estuviera en el incendio de la guardería tratando de protegerse: No tengo vida. El otro día lo vi lastimadito, como si estuviera volando, saliendo de la casa. Yo no he tenido la dicha de poder verlo bien.

Julio César, Estela y sus hijos acuden a terapia todos los días. La niña tiene nueve años y padece enuresis nocturna; el niño 13, y tiene dificultades para expresar sus emociones. Estela también recibe tratamiento de varias enfermedades físicas. Los cuatro se reúnen a la hora de la cena. Los niños se van a dormir y por primera vez en mucho tiempo ella parece entusiasmada con la rutina: Ellos son mi motor. Detrás de esa cifra de 49 niños muertos es imposible mencionar lo que verdaderamente ocurre detrás de cada familia. Es una onda expansiva que aún sigue lastimando. A veces siento que me quiebro, pero la vida sigue. Por ahora me basta con ver sonreír nuevamente a mi esposa, dice Julio César.

Nueva esperanza

La vida sigue. Y aunque las heridas no cierran, 12 mamás tienen un nuevo bebé y cuatro están actualmente embarazadas. Patricia Duarte Franco tiene siete meses. Es niño. Vive sentimientos encontrados. Por una parte, la felicidad de volver a tener un bebé y por otra, el duelo sin terminar de la muerte de su niño Andrés Alonso García, de tres años: La ausencia sigue doliendo, sigue causando daños emocionales y físicos. Mientras no llegue la justicia no vamos a descansar. No podemos olvidar ni perdonar.

Patricia mantiene intacta la habitación de su hijo. No ha podido mover su ropa ni sus juguetes: Lo siento, escucho sus pasos, sus risas, los ruidos que hacía. Se me vienen las imágenes cuando lo bañaba, le ponía su cremita, lo cambiaba, lo peinaba, le ponía su loción. Y sobrevivo con eso.

Maestra de educación física, desde hace cuatro años su cuerpo resintió la tragedia. Padece hipertensión, diabetes y tiroides. Tomaba ansiolíticos y antidepresivos. Estuvo a punto de morir:No te voy a decir que tengo muchas ganas de vivir, pero tengo un objetivo muy claro, y muerta no lo voy a lograr: justicia.

Los médicos le advirtieron que nunca se embarazaría nuevamente: Cuando ellos me estaban diciendo eso, ya estaba embarazada.

Patricia fue la mamá que increpó a Felipe Calderón en una reunión y le preguntó si habría justicia para su hijo y el resto de los niños. Dice que volvería a hacerlo ahora con Enrique Peña Nieto, quien ha ignorado al Movimiento 5 de Junio, al igual que el actual gobernador de Sonora, el panista Guillermo Padrés. Los padres de la guardería ABC siguen esperando que Juan Molinar Horcasitas, Eduardo Bours, los dueños Antonio Salido, Marcia Matilde Gómez del Campo, Sandra Téllez, Gildardo Urquídez y otros sean encarcelados.

José Francisco toma el juguete favorito de su hijo, un dragón verde, y sentencia: No vamos a permitir que el dolor y la impotencia nos limiten. Hemos retomado el amor de nuestros hijos para seguir luchando por justicia hasta el final.

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