Manuel Camacho Solís

Publicado el Junio 6, 2015, Bajo Nacional, Autor LluviadeCafe.

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LA JORNADA

Luis Hernández Navarro

En la primavera de 1989 estalló un amplio y vigoroso paro magisterial en varias entidades del país. Decenas de miles de indignados maestros se trasladaron a la ciudad de México para protestar. Muchos más marcharon al Zócalo. Pocos minutos antes de que se iniciara la ceremonia para arriar la bandera, un grupo de soldados salió de Palacio Nacional.

En lugar de impedir su paso, los profesores hicieron una amplia y ordenada fila desde las puertas del edificio histórico hasta el asta bandera. Cuando los uniformados bajaron el lábaro patrio la multitud entonó respetuosa el himno nacional.

Desde sus oficinas en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, temeroso de que se produjera un zafarrancho, Manuel Camacho Solís, entonces regente de la ciudad, observó la escena. Si alguna duda tenía de que el conflicto con los trabajadores de la educación debía resolverse por la vía de la negociación y no de la represión –como propugnaban algunos funcionarios de la administración de Carlos Salinas de Gortari– en ese momento se disipó.

La situación era muy compleja. El fraude electoral contra Cuauhtémoc Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1988 había crispado al país. La indignacion social estaba a flor de piel. Los maestros demandaban cosas tan sencillas como un cambio en la dirección de su sindicato, democracia y más salarios. El cacicazgo del líder vitalicio Carlos Jonguitud Barrios había asesinado a 150 de sus compañeros. Sin embargo, como se hace ahora, desde los medios de comunicación electrónicos se les estigmatizaba.

Haciendo valer su poder e influencia dentro del grupo compacto del presidente, Manuel Camacho impulsó una salida negociada al conflicto. Se incrementó el salario magisterial. Jonguitud Barrios fue defenestrado y en su lugar se puso a Elba Esther Gordillo. En el Distrito Federal, Oaxaca, Chiapas y Guerrero se realizaron congresos sindicales para elegir democráticamente a los dirigentes locales. El paro se levantó, aunque varios grupos de docentes siguieron inconformes.

Esta apuesta por buscar desde el gobierno salidas no represivas a las demandas de la oposición, le valió a Camacho Solís la animadversión de muchos de sus compañeros dentro del Partido Revolucionarios Institucional (PRI). Sin ofrecer pruebas, lo acusaron solapada y reiteradamente de fabricar problemas para luego resolverlos. Lo responsabilizaron de debilitar el principio de autoridad, hacer concesiones innecesarias a la oposición y buscar por esa vía su fortalecimiento político.

Manuel Camacho se hizo cargo de buscar solución a multitud de conflictos de la más diversa naturaleza, a pesar de que rebasaban sus funciones como regente. Muchos de ellos debieron ser resueltos en otras instancias gubernamentales, pero una mezcla de intereses creados, atrofias institucionales o carencia de recursos lo impidió.

Lo hecho en el gobierno capitalino por Camacho no era novedad. Como funcionario de la Secretaría de Programación y Presupuesto desempeñó un papel relevante en la negociación de movimientos campesinos por el incremento de precios de garantía y programas de vivienda. Como titular de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología (Sedue) enfrentó el malestar antigubernamental de los damnificados por los sismos que sacudieron la ciudad de México en 1985. El fuego amigo tricolorbautizó los acuerdos alcanzados con los afectados con el término deconcertacesión.

Desde la oposición de izquierda, la práctica negociadora del Camacho funcionario fue vista como un dispositivo para desmantelar la protesta social sin hacer cambios de fondo en el sistema, una herramienta para cooptar a las disidencias y un recurso para acumular fuerzas en su favor. La derecha, por su parte, recurrió al poco imaginativo expediente de acusarlo de populista.

En su quehacer cotidiano, Camacho Solís rehuyó la politiquería de bajo fondo y el inmediatismo. Estuvo muy lejos de ser un político al uso. Fue, en lo esencial, un hombre de Estado y, como tal, utilizó sus herramientas. Conocedor profundo de la naturaleza y los resortes del poder en México, simultáneamente investigador y político, estudioso de la realidad armado de gran capacidad para escuchar a los otros, dirigente dotado de una visión de la política de largo plazo, operador capaz de unir intereses contrarios, quiso hacer del Estado un instrumento al servicio de la nación.

A su manera, se sabía y se sentía heredero de una tradición en la que se resume lo mejor de las grandes causas patrióticas y de una misión renovadora del país. No en balde tuvo siempre una gran aprecio por el general Lázaro Cárdenas, en quien vio un ejemplo y una fuente de inspiración.

Manuel Camacho supo enfrentar la adversidad provocada por la campaña en su contra a raíz del asesinato de Luis Donaldo Colosio y la persecución del gobierno de Ernesto Zedillo, reinventarse siendo fiel a sí mismo y construirse un espacio nuevo para su proyecto. Aunque su ruptura con el proyecto salinista fue real, no pudo evitar el pago de un costo enorme por esa adscripción.

Obsesionado por el centro político en un país en el que tal cosa es inexistente, acabó sumándose a las filas de la izquierda partidaria, con un objetivo central: cambiar el régimen. Convencido de la necesidad de la unidad de las fuerzas progresistas para hacer realidad esta tarea, vio en las experiencias del Frente Amplio de Uruguay y la concertación chilena el modelo que servía al país. Fue un crítico implacable del Pacto por México y de la subordinación de la izquierda al proyecto de Peña Nieto. Defendió hasta el último día de su actividad pública la necesidad de conservar la soberanía petrolera.

La muerte de Manuel Camacho Solís deja a la izquierda partidaria sin una de sus mentes más brillantes y una de sus figuras más capaces y experimentadas. Como señala en las páginas de este diario Fray Gonzalo Ituarte, el país ha perdido a un hombre con visión de Estado. En plena restauración autoritaria en el país, encarrerados hacia una nueva desamortización de los bienes nacionales y en plena venta de garaje de nuestros hidrocarburos, su capacidad para forjar alianzas, argumentar en favor de las salidas negociadas y pensar estratégicamente harán falta.

Twitter: lhan55

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