El desastre de Peña Nieto

Publicado el Junio 8, 2015, Bajo Nacional, Autor LluviadeCafe.

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I.- Mientras Peña y su empleado-secretario de Hacienda: Videgaray, siguen con las campanas a vuelo (deberían ser a duelo), con la mentira de que su política económica va cada vez mejor, el Gobernador del Banco de México, la banca central y rectora de la otra cara de esa política económica, acaba de informarnos que la tempestad se acerca anunciando la desaceleración económica en todos los frentes. El crecimiento va a la baja, dijo don Agustín Carstens. Es la tercera vez que sale al paso.

Y como tercera y última llamada, la función del desastre empieza con despidos en los sectores público y privado, congelación de salarios a la baja, aumento de la informalidad: más de 24 millones en las calles en toda clase de actividades: ofreciendo servicios, vendiendo comida, mendigando, prostituyéndose y comerciando narcomenudeo. Y millones de jornaleros contratados por tres o cuatro meses, en calidad de esclavos y deudas hasta el cuello, para regresar a sus poblaciones más pobres aún. Gente con licenciaturas sobreviviendo como choferes o buscando en la basura, al no haber empleos formales. Y no habrá en cuando menos los ¡tres largos años! que restan del peñismo.

II.- Nos metieron en el túnel y al final se ve una lucecita, que no sabemos si es la salida de la crisis o es un tren que viene en sentido contrario y puede causarnos peores consecuencias (incluyendo que los mexicanos ya no estén dispuestos a seguir soportando los problemas sin solución). La tercera y última llamada del Gobernador Carstens, por radio, televisión y prensa escrita (La Jornada, El Economista, El Universal: 20/V/15), es alarmante y si queremos metáforas: advierte la última llamada de huracanes, sismos, desgajamientos, ciclones y mar de fondo, sobre los mexicanos ante la incapacidad para aminorar las consecuencias del mal gobierno peñista que se presentó, ante el desplome panista, como que “nosotros sí sabemos cómo hacerlo”. Y empeoraron la crisis heredada de Calderón-Fox; agudizaron la crisis salinista-zedillista, adicionada con la soga al cuello de la baja petrolera y la devaluación del peso, empobreciendo a la mitad de la población

III.- ¡50 millones en esa desgracia cuyo factor común es el hambre! El desempleo brutal. Millones de mexicanos víctimas de enfermedades, sin centros de salud pública para atenderse. Y el peñismo empeñado en sus once reformas-contrarreformas, sin legitimación porque no quisieron pasarlas por el tamiz de las consultas populares. Tras su anuncio, la función empieza: Ya no creceremos. Es más, la recesión económica nos lleva a la crisis general que puede causar desesperación social: “el hambre es canija y no hay quien la aguante”. Y de las actuales manifestaciones de protesta, se puede pasar a las revueltas, asaltos a comercios y a una situación de caos contra el gobierno que al volverse parte de los problemas, sólo queda la alternativa: rehacer el gobierno y la administración o deshacerse de él; y si es pacífica y sin derramamiento de sangre, mucho mejor, aunque esto lo deciden sobre la marcha los pueblos a la hora de intervenir

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