Cuento Quincenal: Enseñando a Ganar @JoseCruz777

Publicado el Junio 12, 2015, Bajo Cuento, Autor Rucobo.

Un-detective-en-el-kínder

Enseñando a Ganar
Cuento-vivencia
12 junio 2015

Corría el año 2001, y vivía en Saucillo Chih. cuando por andar en campañas políticas, cerré un pequeño negocio que me daba sustento junto con mi familia, y así, de golpe me di cuenta -al acabarse la época electoral- que carecía por completo de ingresos económicos. Algunos amigos de esa localidad, supieron de mi situación y me consiguieron la sustitución de una profesora a la que otorgaron un permiso por seis meses. yo había impartido clases, pero a nivel preparatoria nunca en primaria.

Como la escuela era rural -a seis kms. de Saucillo- era también de organización incompleta, esto es, eramos cuatro profesores para atender a seis grupos. Y ahí me tienen con los grupos de primero y segundo a mi cargo, ¡nada más me faltó que me dieran kínder y maternal! me sentía desubicado, debido a que con mi corpulencia física no era exactamente lo que los niños esperarían.

Lo bueno fue que los niños y padres de familia captaron mi genuino interés en servirles y desde el primer día me dieron su apoyo y confianza. He vivido muchas experiencias en mi larga y azarosa vida, pero puedo asegurarles que esos seis meses fueron uno de los lapsos mejores que he tenido. Y desde entonces, menos entiendo a los malos profesores, que no les enseñan nada a los niños, que no se interesan en ellos, que los golpean y en casos extremos abusan de ellos.

Fui un profesor Sui Géneris -único en mi especie- lo proclamo y me jacto de ello. La fiesta del día del niño se las organice con una cooperación mínima de $10.00 y los que manifestaron no contar con esa cantidad, no importó fueron muy bien recibidos. ¿Cómo es qué completé? Fácil, me di a la tarea de pedir cooperación entre los ricos del poblado, quienes estupefactos vieron que alguien se atreviera a solicitarles su ayuda con un dejo de insolencia, nunca he sido sumiso.

En mi vida cuando he solicitado ayuda, siempre ha sido para otras personas, nunca para mi, mi máxima ha sido, “El hambre me tumba, pero el orgullo me levanta”. También eso se les enseña a las criaturas; dignidad, actitud, empeño y espíritu de lucha. Total que los niños disfrutaron de hamburguesas -a llenar-, refrescos y nieve -también a llenar. hice una linea de producción de madres de familia, con la siguiente advertencia, “No es para nosotros, es para sus hijos, si después de ellos y los niños de otros grupos sobra, entonces si comemos”, no sobró y nuestras papilas gustativas sufrieron en ese día.

Vamos ahora al episodio de las competencias académicas. Mi fama de profesor excéntrico y dedicado a mis alumnos había corrido como reguero de pólvora y graciosamente los profesores del área me temían, había intentado sin éxito enseñarles a mis compañeros profesores; Inglés, ajedrez y fórmulas matemáticas y eso los intimidaba.

Nuestra escuela -prim. fed. Adolfo López Mateos- después de ser menospreciada académicamente en años anteriores por ser una escuela muy humilde, cuando me presenté con mis alumnos, pasaron estos a ser los favoritos para ganar. Su cambio era notable, iban exageradamente limpios y aleccionados por mi, con actitud de comerse al mundo.

No ganamos, salvo un segundo lugar, pero los aterrorizamos. Profesores, hay tanto que hacer en beneficio de los alumnos, no desaprovechen la gran oportunidad que tienen de moldear positivamente a esos pequeños para que sean hombres y mujeres de bien, además no es gratis, cobran y en algunos casos, “Muy bien”.

En alguna ocasión les pedí a los niños que escribieran que es lo que mas les gustaba de su comunidad, entre muchos trabajos, hubo uno que llamó mi atención, Gerardito de 6 ó 7 años, comentó que lo que mas le gustaba era la troca -camioneta- Lobo del profesor. En ese tiempo yo tenía una troca Ford f-100 modelo ’66 color rojo, suponiendo que era burla del niño, me le quedé mirando a los ojos, me sostiene la mirada y me reitera que lo que más le gusta es mi camioneta Lobo, lo límpido de su mirada me indicó que lo que dijo era verdad. Creo que los niños me enseñaron mas a mi que yo a ellos.

Por los meses de abril y mayo en que empezó a apretar el calor, recuerden que Chihuahua es zona desértica, me percato de que no teníamos un garrafón de agua potable y el agua de la llave no me daba confianza, y, ahí voy una vez mas a solicitar a las purificadoras de Saucillo la donación de garrafones y agua para mis niños, hay un dicho que dice, “Pide y te será concedido”, logrando mi objetivo para mi salón y los tres restantes.

Cuando el agua se terminaba, era motivo de fiesta ir a comprarla a la tienda más cercana, yo la compraba y la cargaba, a los niños varones los tenía convencidos de ser mis guardaespaldas y asumían el papel, quizá lo creyeran porque cuando era hora del recreo, jugaba vencidas -en algunos lugares les llaman pulsos- con ellos e invariablemente me ganaban.

El último mes de clases, hice pasar un formidable berrinche a mis compañeros profesores -un hombre y dos mujeres- al negarme a ayudarles a construir el escenario de la ceremonia de fin de cursos y graduación, debido a que no me parecía bien hacerlo en horas de clase, les sugerí hacerlo después de estas, pero no pude cambiar los usos y costumbres magisteriales. Total que hasta se indignaron, pero yo terminé mi guía de estudios completa con mis niños.

Tengo decenas de historias pero contaré sólo una mas, que aún después de tantos años, al recordarla toca fibras sensibles de mi alma. Cierto día, y de manera repentina estalló un alboroto en mi tranquilo salón de clases, la casi totalidad de niños acosaban a gritos a una desvalida niña acusándola de ratera por el robo de unos colores, no recuerdo su nombre, llamémosle Lily, la niña era aún más humilde que los demás, tenía alrededor de 9 años y seguía en primero.

Me enfurecí por la saña de los niños en contra de Lily, e impongo el orden de inmediato diciéndoles, “Aquí no se insulta a nadie, se los he dicho en repetidas ocasiones”, le pregunto a la niña, ¿tomaste los colores que no eran tuyos? Me dice la criatura sollozante, no profesor, hay un creciente murmullo acusador y escucho nuevamente el lapidario grito de, ¡ratera! Iracundo exclamo, ¡a callar todos! Investigo quien fue la víctima, y le digo, no te preocupes vamos a la tienda a comprarte los colores.

Se acaba el horario de clases y le digo a Lily, quédate necesito hablar contigo, cuando estuvimos solos le pregunto nuevamente mirándole a los ojos, ¿tomaste esos colores que no eran tuyos? La niña suelta el llanto en forma compulsiva, le seco las lágrimas y le dije, lo que hiciste es muy grave, se llama robo y a los adultos que roban los llevan a la cárcel.

Le pregunto nuevamente, ¿Lily tu me quieres? Me contesta la niña, si profesor mucho, mucho, entonces le dije, fíjate bien, si sigues tomando lo que no es tuyo te van a meter a la cárcel, cuando crezcas yo voy a estar viejito y voy a sufrir mucho al verte detenida, ¿me prometes que no vuelves a tomar algo que no te pertenezca? La niña lo prometió y terminamos los dos llorando. Aún ahora después de tanto tiempo, se me hace un nudo en la garganta al recordarlo.

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