Columna: La mediocridad como política pública -Por @AGpeMD

Publicado el Junio 30, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor Rucobo.

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La mediocridad como política pública
Columna de Anel Guadalupe Montero Díaz
30 junio 2015

El portal http://www.atlaspolitico.com, ha dado a conocer el ranking del desempeño de diputados y senadores a partir de 5 criterios objetivos: el activismo legislativo, la auditoría legislativa, el debate parlamentario, la asistencia y la transparencia .

Destacan El niño verde, Romero Deschamps y Joel Ayala como los peores senadores y Fernando Belauzarán, Zuleyma Huidobro González y Ricardo Sóstenes Mejía Berdeja como los mejores diputados según los estándares de desempeño antes mencionados.

Sin embargo, para redondear este estudio de Atlaspolitico.com, debiera analizarse a fondo cuál fue la reacción de la opinión pública frente al trabajo de 128 senadores de la república que cuestan anualmente 28 millones de pesos cada uno y 500 diputados que reciben aproximadamente 2 millones en ese mismo periodo.

¿Cuántas personas se enteraron de los resultados del estudio de este portal? De ese universo ¿cuántos conocen a los legisladores de su distrito y están interesados en exigir trabajo y resultados? ¿cuántos otros reprueban el desempeño de “los de siempre” sin promover sanciones conforme a la ley? y por último ¿cuántos más consideran que aquellos que únicamente cumplieron con su trabajo, son dignos de algún tipo de felicitación o reconocimiento?

El punto es que Las reacciones ciudadanas ante el trabajo legislativo son tan relevantes como el desempeño de sus representantes, porque en tanto la reprobación a la actuación de éstos no pase del linchamiento mediático en redes sociales y el mínimo cumplimiento de su trabajo provoque una avalancha de felicitaciones, es difícil salir de la espiral de mediocridad a nivel país.

Y esta situación es más grave de lo que pudiéramos suponer. Un botón de muestra es la evaluación magisterial.

Quienes diseñan las políticas públicas en materia educativa y también aquellos que las promueven desde las cámaras de diputados y senadores, están convencidos de que los profesores mexicanos se esfuerzan en cumplir con su trabajo sólo si reciben compensaciones, bonos o pagos extra a su salario.

La afirmación anterior, ni siquiera está sujeta a debate.

Esta falsa premisa, que consolida la mediocridad ( de los profesores, de los legisladores y de la sociedad en general) como política pública, cuesta al erario miles de millones de pesos que han sido mal invertidos en el anterior programa de Carrera Magisterial y en el actual, denominado Programa de promoción de la función por incentivos en la educación básica.

Los efectos colaterales de esta premisa “paga más = mejor desempeño docente = calidad educativa”, han sido más que nocivos, tomando en cuenta los recursos económicos, humanos y logísticos, paralelos a estos programas que se traducen en “cursos en cascada” y miles de horas productivas transformadas en horas/nalga como requisitos institucionales que suman puntos al cheque quincenal.

“A la fecha, hasta donde se sabe, sólo la Carrera Magisterial ha sido evaluada con rigor y de forma independiente. Los resultados de su evaluación indican que los estímulos salariales asociados a la incorporación o promoción, demuestran (desde el punto de vista estadístico) nulo o poco impacto en los resultados de aprovechamiento escolar de los alumnos (Santibáñez et al., 2006, p. 116)” (Las negritas y el subrayado son míos).

En el marco de eso que llaman “Reforma Educativa”, se modificó el programa, pero no la premisa. Antes bien, se agravó el asunto al considerar un examen como la única forma de certificar el trabajo docente y legitimar a “un buen maestro”…y pagarle más.

El desempeño dentro del aula, no solamente es secundario, sino que quita tiempo para atender aquello que sí se transforma en estímulo económico, como estudiar la bibliografía para presentar un examen, subir “evidencias” a una plataforma digital y “participar activamente” en cursos, diplomados y maestrías que difícilmente se traducirán en “elevar la calidad educativa”.

¿Por qué soslayan lo anterior aquellos sesudos analistas y opinólogos que gustan de comparar un día sí y otro también, a México con Finlandia? Aunque siendo justos, mi querido amigo Gre Hernández, tiene una propuesta muy original para vencer a Finlandia en Lectura. Vale la pena leerla http://www.educacionfutura.org/como-vencer-a-finlandia-en-lectura/

Por otro lado, el trabajo de los funcionarios de alto nivel de la SEP, el SNTE y los Gobernadores de los Estados, sí son sujetos a tipos de mediciones como las que los ministros de la corte elevaron a rango constitucional para los docentes, pero hasta ahora ninguno de ellos ha sido llamado a cuentas para explicar los destinos de recursos destinados a la educación de los niños de este país y que han sido utilizados para todo, excepto para ese rubro.

Soslayar que la calidad educativa no tiene que ver con los programas de estímulos docentes así como están diseñados y considerar el desempeño de los Gobernadores de los Estados, del Secretario de Educación y hasta del Presidente de México como secundarios al problema educativo, equivale a apostar por la simulación que caracteriza a las administraciones que en el discurso oficial proclaman una cosa y debajo de la mesa, transan otra, privilegiando la agenda electoral sobre la educativa.

Sucede igual con la lectura del desempeño de los legisladores, a la sombra de la respuesta y actitud de la ciudadanía. Finalmente, estamos hablando de un todo que puede explicar el viejo adagio francés “cada nación tiene el gobierno que se merece”.

Y es que La mediocridad ad perpetuam, como forma de vida y trabajo, es una cuestión que indudablemente afecta la vida cotidiana de las personas, pero cuando estos usos y costumbres se normalizan al grado de promover estos vicios a nivel sistema a través de políticas públicas mal diseñadas, la cuestión deja de ser irrelevante, para convertirse en prioritaria, si es que se pretenden resolver cuestiones tan serias como la debacle educativa.

¿Usted qué opina, estimado lector?

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