Discurso original de Belisario Domínguez vs Victoriano Huerta – Al rescate de la dignidad nacional

Publicado el Noviembre 5, 2015, Bajo cultura, Autor MonaLisa.

Belisario Domínguez
Contexto: En la ciudad de México, el 14 de mayo el Congreso se opone a la aprobación del nombramiento del General Juvencio Robles como Gobernador provisional de Morelos, nombramiento expedido por Victoriano Huerta.

Este acto ‘de rebeldía’ hace que dos figuras de relieve, destaquen en ese momento: El Lic. Serapio Rendón y el Dr. Belisario Domínguez. Ambos serían asesinados poco después.

En su Informe de Gobierno, Victoriano Huerta pretende institucionalizar la farsa mas denigrante y perversa que registra nuestra historia, y para colmo lee su informe en estado de ebriedad.

Como protesta a este acto de burla e infamia, el Senador Belisario Domínguez “entra al rescate de la dignidad nacional y de la Constitución” ** depositando en manos de Mauro S. Herrera, Presidente de la Cámara de Senadores un discurso para que fuera leído en sesión pública antes de darlo a conocer a los periódicos.

Texto íntegro de la carta:

Señor presidente del Senado:

Por tratarse de un asunto urgentísimo para la salud de la Patria, me veo obligado a prescindir de las fórmulas acostumbradas y a suplicar a usted se sirva dar principio a esta sesión, tomando conocimiento de este pliego y dándolo a conocer enseguida a los señores senadores. Insisto, señor Presidente, en que este asunto debe ser conocido por el Senado en este mismo momento, porque dentro de pocas horas lo conocerá el pueblo y urge que el Senado lo conozca antes que nadie.

Señores senadores:

Todos vosotros habéis leído con profundo interés el informe presentado por don Victoriano Huerta ante el Congreso de la Unión el 16 del presente.

Indudablemente, señores senadores, que lo mismo que a mí, os ha llenado de indignación el cúmulo de falsedades que encierra ese documento. ¿A quién se pretende engañar, señores? ¿Al Congreso de la Unión? No, señores, todos sus miembros son hombres ilustrados que se ocupan en política, que están al corriente de los sucesos del país y que no pueden ser engañados sobre el particular. Se pretende engañar a la nación mexicana, a esa patria que confiando en vuestra honradez y vuestro valor, ha puesto en vuestras manos sus más caros intereses.

¿Qué debe hacer en este caso la representación nacional?

Corresponder a la confianza con que la patria la ha honrado, decirle la verdad y no dejarla caer en el abismo que se abre a sus pies.

La verdad es ésta: durante el gobierno de don Victoriano Huerta, no solamente no se hizo nada en bien de la pacificación del país, sino que la situación actual de la República, es infinitamente peor que antes: la Revolución se ha extendido en casi todos los estados; muchas naciones, antes buenas amigas de México, rehúsanse a reconocer su gobierno, por ilegal; nuestra moneda encuéntrase depreciada en el extranjero; nuestro crédito en agonía; la prensa de la República amordazada, o cobardemente vendida al gobierno y ocultando sistemáticamente la verdad; nuestros campos abandonados; muchos pueblos arrasados y, por último, el hambre y la miseria en todas sus formas, amenazan extenderse rápidamente en toda la superficie de nuestra infortunada patria.

¿A qué se debe tan triste situación?

Primero, y antes de todo, a que el pueblo mexicano no puede resignarse a tener por Presidente de la República a don Victoriano Huerta, al soldado que se apoderó del poder por medio de la traición y cuyo primer acto al subir a la presidencia fue asesinar cobardemente al presidente y vicepresidente legalmente ungidos por el voto popular; habiendo sido el primero de éstos, quien colmó de ascensos, honores y distinciones a don Victoriano Huerta y habiendo sido él, igualmente, a quien don Victoriano Huerta juró públicamente lealtad y fidelidad inquebrantables.

Y segundo, se debe esta triste situación a los medios que Victoriano Huerta se ha propuesto emplear, para conseguir la pacificación. Estos medios ya sabéis cuáles han sido: únicamente muerte y exterminio para todos los hombres, familias y pueblos que no simpaticen con su gobierno.

“La paz se hará cueste lo que cueste”, ha dicho don Victoriano Huerta. ¿Habéis profundizado, señores senadores, lo que significan esas palabras en el criterio egoísta y feroz de don Victoriano Huerta? Estas palabras significan que don Victoriano Huerta está dispuesto a derramar toda la sangre mexicana, a cubrir de cadáveres todo el territorio nacional, a convertir en una inmensa ruina toda la extensión de nuestra patria, con tal de que él no abandone la presidencia, ni derrame una sola gota de su propia sangre.

En su loco afán de conservar la presidencia, don Victoriano Huerta está cometiendo otra infamia; está provocando con el pueblo de Estados Unidos de América un conflicto internacional en el que, si llegara a resolverse por las armas, irían estoicamente a dar y a encontrar la muerte todos los mexicanos sobrevivientes a las amenazas de don Victoriano Huerta, todos, menos don Victoriano Huerta, ni don Aureliano Blanquet, porque esos desgraciados están manchados con el estigma de la traición, y el pueblo y el ejército los repudiarían, llegado el caso.

Esa es, en resumen, la triste realidad. Para los espíritus débiles parece que nuestra ruina es inevitable, porque don Victoriano Huerta se ha adueñado tanto del poder, que para asegurar el triunfo de su candidatura a la Presidencia de la República, en la parodia de elecciones anunciadas para el 26 de octubre próximo, no han vacilado en violar la soberanía de la mayor parte de los estados, quitando a los gobernadores constitucionales e imponiendo gobernadores militares que se encargarán de burlar a los pueblos por medio de farsas ridículas y criminales.

Sin embargo, señores, un supremo esfuerzo puede salvarlo todo. Cumpla con su deber la representación nacional y la patria está salvada y volverá a florecer más grande, más unida y más hermosa que nunca.

La representación nacional debe deponer de la presidencia de la República a don Victoriano Huerta por ser él contra quien protestan con mucha razón todos nuestros hermanos alzados en armas y de consiguiente, por ser él quien menos puede llevar a efecto la pacificación, supremo anhelo de todos los mexicanos.

Me diréis, señores, que la tentativa es peligrosa porque don Victoriano Huerta es un soldado sanguinario y feroz, que asesina sin vacilación ni escrúpulo a todo aquél que le sirve de obstáculo. ¡No importa, señores! La patria os exige que cumpláis con vuestro deber, aun con el peligro y aun con la seguridad de perder la existencia. Si en vuestra ansiedad de volver a ver reina la paz en la República os habéis equivocado, habéis creído en las palabras falaces de un hombre que os ofreció pacificar a la nación en dos meses y le habéis nombrado presidente de la República, hoy que veis claramente que éste hombre es un impostor inepto y malvado, que lleva a la patria con toda velocidad hacia la ruina, ¿dejaréis por temor a la muerte que continúe en el poder?

Penetrad en vosotros mismos, señores, y resolved esta pregunta: ¿Qué se diría a la tripulación de un gran navío que en la más violenta tempestad y en un mar proceloso, nombrara piloto a un carnicero que, sin ningún conocimiento náutico navegara por primera vez y no tuviera más recomendación que la de haber traicionado y asesinado al capitán del barco?

Vuestro deber es imprescindible, señores, y la patria espera de vosotros que sabréis cumplirlo.

Cumpliendo ese primer deber, será fácil a la representación nacional cumplir con los otros que de él se derivan, solicitándose enseguida de todos los jefes revolucionarios que cesen toda hostilidad y nombren sus delegados para que de común acuerdo, elijan al presidente que deba convocar a elecciones presidenciales y cuidar que éstas se efectúen con toda legalidad.

El mundo está pendiente de vosotros, señores miembros del Congreso Nacional Mexicano, y la patria espera que la honraréis ante el mundo, evitándole la vergüenza de tener por primer mandatario a un traidor y asesino.

Dr. Belisario Domínguez
Senador por el estado de Chiapas
17 de septiembre de 1913

Independientemente de la forma en que se exponga, resalta la valentía del Senador Domínguez y resalta también la cobardía del Congreso en general y de la prensa nacional que llenos de terror, unos no se atreven a leerlo, otros no se atreven a publicarlo.

Gracias a la intervención de una jovencita de 14 años de edad, hija de un editor, Maria Hernández Zarco se logra la publicación y difusión de copias de este importante discurso.

José Castellot, Senador huertista ‘corre’ con información de este discurso directamente a Blanquet y a Huerta. Se le despide de mala manera y se le ‘ordena traer copia de esos discursos, no nada mas venir con el chisme’.

Poco después una arrugada copia del discurso está en las sangrientas manos de Victoriano Huerta.

La suerte de Belisario Domínguez, está determinada.

El 7de octubre, en la noche, Francisco Chávez recibe instrucciones de ‘sacar del hotel Jardín al Senador Domínguez y liquidarlo’.

Francisco Chávez llamó al Teniente Coronel Alberto Quiróz Jefe de la Gendarmería y a Gabriel Huerta Jefe de las Comisiones de Seguridad para que se encarguen de llevar a cabo la disposición.

Dudando de la orden, Quiroz y Huerta lo consultan personalmente con Victoriano Huerta. Este, visiblemente molesto, contesta secamente : “”si, háganlo, lo he mandado”.

A la media noche del este fatídico 7 de Octubre, estos dos ‘comisionados’, en compañía de José Hernández (a) el Matarratas y Gilberto Márquez, llegan hasta la puerta del cuarto # 16 ubicado en el 2° piso del Hotel Jardín, ‘invitando’ al ‘señor senador’ a que los acompañe.

Belisario Domínguez, pide tiempo para vestirse pues ya se encontraba en la cama y en un lapso relativamente corto baja la escalera escoltado por estos cuatro nefastos personajes.

En la Recepción, deja recado verbal para su hijo Ricardo con el velador José Maria Ávila a efecto de que le avise en la mañana que ‘va con la reservada’.

Abordando un automóvil se dirigen hacia el Panteón de Coyoacán.

Dejando el auto cerca de la puerta, prosiguen a pie, aproximándose a paso lento a la puerta cerrada…….era cerca de la 1 de la mañana.

Al llegar a la puerta Márquez se sitúa a la espalda de Belisario Domínguez y le dispara cobardemente por detrás, alojando la bala asesina en la cabeza.

Caído, herido mortalmente, Belisario Domínguez recibe dos disparos más que le hace Alberto Quiróz.

Entre los asesinos lo desvisten, y los 15 pesos y 20 centavos que encuentran en sus bolsillos son usados para ‘pagar’ al sepulturero José de la Luz Pérez para que procediera a sepultarlo, mientras incineran sus ropas.

Consumado el acto, los asesinos informan al General Huerta haber cumplido su ‘orden’.

Como premio a su ‘hazaña’, Huerta le concede al grado de Coronel a Alberto Quiróz.

El Club político “Belisario Domínguez” exige al Procurador General de Justicia que se investigue el paradero del Senador Domínguez por haber pasado varios días y encontrarse desaparecido.

Se ordena la investigación al Juez Primero de Instrucción Lic. Alberto Rodríguez Arréchiga.

Después de exhaustiva investigación logro ‘esclarecer’ el crimen, ordena la aprehensión de los autores, la exhumación del cadáver, y la “autopsia de ley”.

Posteriormente a la autopsia, un grupo de chiapanecos {encabezados por Ramón Domínguez, Alfredo Villatoro, Celestino Pérez, Pedro Peña, Enrique Rangel, Octavio Roblero y Jaime Solís}, consiguen con muchos trabajos la autorización para conducir el cadáver al Panteón Francés.

El Grupo Renovador (grupo político tibiamente opuesto a Victoriano Huerta) se alarma por la desaparición del Senador Belisario Domínguez, por el reciente asesinato del Senador Lic. Serapio Rendón, el de los Diputados Néstor Monroy, y Adolfo Gurrión, y el del periodista Solón Arguello presentando una moción a la diputación federal chiapaneca para solicitar se constituya la cámara en sesión permanente y se ‘interpele’ al poder Ejecutivo sobre estos hechos.

La diputación federal chiapaneca integrada por Jesús Martínez Rojas, Cesar Castellanos, Manuel Robles Arguello, V. Figueroa y A. Grajales toma los siguientes acuerdos:

1.- Nombrase la Comisión integrada por los Diputados Ostos, Martínez Rojas y Aquiles Elorduy para que practique todas las investigaciones que sean necesarias, a fin de averiguar el paradero del Senador Belisario Domínguez, con todas las facultades que a juicio de la misma comisión, sean del caso.

2.- Se comisiona a los Diputados A. E. Grajales, López Jiménez y Palomino, para que inviten al Senado, para que nombre una comisión, con el mismo fin.

3.- La comisión de esta Cámara propondrá lo que corresponda, en vista del resultado de la investigación.

4.- Comuníquese el acuerdo al Ejecutivo para que:

a).- Se sirva impartir el auxilio que sea necesario a la comisión o comisiones, en su caso.

b).- Hágasele saber que la representación nacional, pone la vida de los diputados y senadores, bajo la salvaguardia del propio Ejecutivo, ya que dispone de los elementos necesarios, para hacer respetar los fueros que la Constitución otorga a dichos funcionarios.

c).- Hágase sabe, al mismo Ejecutivo que, en caso de que acontezca una nueva desaparición de algún Diputado o Senador sin que la Representación Nacional tenga las explicaciones del caso, ésta misma Representación se vera obligada a celebrar sus sesiones, donde encuentre garantías.

Independientemente de lo enredado y poco claro de la redacción y del uso pervertido del lenguaje que ha caracterizado las ‘comunicaciones oficiales’ desde tiempo inmemorial, gracias a la retórica de Don Justo Sierra, la comisión cumplió su cometido.

El Secretario de Gobernación, Manuel Garza Aldape, les manifestó que no tenía conocimiento alguno de lo que hubiere acontecido al Senador Domínguez pero que en todo caso, estaba ordenando a las Autoridades Judiciales se abriera la investigación de esa desaparición y exige, además, la retracción a la Cámara de Diputados.

Todo mundo sabía ya de la muerte del Dr. Domínguez, todos, esto es, menos los Senadores y Diputados.

En la sesión del 1° de octubre de 1913, por órdenes directas de Victoriano Huerta, Manuel Garza Aldape se presenta ante la Cámara de Diputados a exigir “retractación” a los acuerdosvotados el día anterior.

Funge como Presidente de la Cámara el Diputado José María De la Garza, quien, impávido, da entrada a la petición e inmediatamente clausura la sesión.

Ante este “desacato”, fuerzas militares del 29avo Batallón al mando del General Aureliano Blanquet irrumpen en el Palacio Legislativo y detienen a 84 de los 110 diputados que aparecían en las listas que les entregó Victoriano Huerta y a continuación los condujeron a la Prisión de Lecumberri referida como ‘el “Palacio Negro”.

Junto a Blanquet están en primera fila los asesinos Alberto Quiróz y Francisco Chávez.

Esta situación ‘obliga’ (?) a la Cámara de Senadores a declarar la desaparición de su Cámara quedando inexistente el Poder Legislativo. reivindicador constitucionalista. La avalancha de descontentos avanzaba inexorablemente hacia la Capital.

Huerta se ve perdido, y con fecha 15 de julio de 1914 presenta su renuncia.

Aún hoy, es de sorprenderse que esta renuncia tenga 17 votos en contra, y que con todo lo conocido y lo tenebroso desconocido del gobierno de Huerta todavía haya habido 17 Senadores que deseaban la continuidad en el poder de este personaje.

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