Cuento Quincenal: Práctica, mejor que teoría @JoseCruz777

Publicado el Noviembre 26, 2015, Bajo Cuento, Autor Rucobo.

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Práctica, mejor que teoría
Historia verídica
26 noviembre 2015

Sostengo que la valía de una persona se encuentra en lo que hace, no en lo que dice. Un profesionista de cualquier especialidad, puede tener su oficina, despacho o taller lleno de títulos, pero estos son vanos si no demuestra con hechos que esos documentos sirven para algo. Las empresas que basan sus contrataciones teniendo como principio los currículos académicos, corren el riesgo de quedarse sin los servicios de personas “Realmente” valiosas, gente de experiencia que si resuelven problemas.

Hay un gremio -que no voy a mencionar- que expide Maestrías y Doctorados al por mayor, abaratando con ello a esos elevados grados académicos y perjudicando seriamente a otras ramas del saber, donde es necesario estudiar largos años y demostrar un conocimiento profundo en la materia de su especialidad. Resulta hasta jocoso que personas con bajos estudios se ostenten como Doctores, dan pena ajena.

En esta linea de pensamiento -donde la práctica supera a la teoría- relataré la historia de Jacobo, quien aprendió a arreglar todo tipo de desperfectos mecánicos que pudieran afectar el funcionamiento de los motores de combustión interna, aunque su fuerte eran los tractores agrícolas. Tenía intuición, un razonamiento privilegiado, habilidad mecánica y un gran talento natural que hacían -hacen- que fuera infalible a la hora de detectar fallas y aplicar la corrección necesaria.

Por ser esta, una área semi rural, Jacobo empezó a ser muy solicitado por campesinos que requerían de sus servicios. Una compañía que vende esos armatostes -tractores- nuevos y usados, ofrece también asesoría técnica y brinda mantenimiento a las unidades vendidas, amén de la consabida garantía. En base a esas necesidades contrataron a Jacobo, quien además tenía una disposición absoluta a cualquier hora y no le importaba lo difíciles que fueran las condiciones en cuanto a temperaturas o zonas alejadas, él, siempre acudía.

Hace muchos años, un buen día -para efectos prácticos fue un mal día- los jefes de Jacobo, decidieron que el entonces joven podía y debía crecer dentro de la empresa y lo enviaron a un curso en la ciudad de Chihuahua, y calculaban que al término de aquel, Jacobo obtendría un diploma y en base a ese papel -puesto que no es otra cosa-, podría tener un mejor puesto de trabajo y un mayor crecimiento dentro de la empresa.

Jacobo, quien se conocía perfectamente -no se extrañe, la mayoría de las personas no nos conocemos a si mismos-, les dijo, “Preferiría no ir, no voy a pasar ningún examen, si el curso es teórico a mi no se me dan esas cosas”. Los directivos tomaron esa actitud como una falta de ambición y decidieron enviarlo de cualquier manera, no tomando en cuenta las razones del joven.

Fue a la ciudad de Chihuahua, tomó el curso y el día del examen, tal como lo pronosticó, respondió acertadamente a muy pocas interrogantes; presión de ajustes, resistencia de materiales, grados de desviación, medidas de espesor, entre muchas otras más, fueron barreras infranqueables para Jacobo, quien sabía mucho más que los impartidores del curso, pero, sólo en la práctica, no en la rebuscada teoría.

El reporte que enviaron de la matriz a su compañía fue del todo desfavorable, y los ejecutivos locales -que de verdad lo estimaban- hubieron de prescindir de sus servicios, con el justificante de; “Así no nos sirves Jacobo, desearíamos conservarte como empleado, pero se nos indica que notaron en ti algo muy parecido a la indolencia”.

Jacobo, tomó el dinero de su liquidación, cortésmente les dio cumplidamente las gracias y se retiró del que hasta entonces fue su lugar de trabajo. Casi inmediatamente de su partida empezaron a surgir los problemas en la compañía, debido a que sus especialistas, con todo y sus rimbombantes títulos, cuando se topaban con desperfectos complejos, no podían darles solución, necesitaban de la genialidad de Jacobo para encontrar el remedio.

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Al cabo de pocas semanas, le mandan llamar para ofrecerle su mismo trabajo, pero con un sustancial aumento de sueldo. Dijo Jacobo, “No puedo aceptarlo, gano mucho más haciendo trabajos por mi cuenta, a mi recurren los campesinos cuando sus ingenieros no consiguen arreglar las averías. Si quieren mi trabajo, será como externo, me pagan por labor realizada, no un sueldo”. No deseando continuar equivocándose los directivos aceptan, pagando ahora 3 ó 4 veces más.

Hasta la fecha, Jacobo posee un bien montado taller de refacciones agrícolas y reparación de las unidades pesadas que se utilizan en las faenas del campo. Prepara a jóvenes para que continúen con su labor. La teoría en si no es mala, bienvenida siempre que vaya de la mano con soluciones prácticas. Los títulos y documentos, no son sino papeles sin valor si no están respaldados de conocimientos útiles.

En muchas ocasiones, sabe mucho más una partera con experiencia que un médico sin ella, un maestro albañil que un ingeniero, un profesor de pueblo bien intencionado que un Doctor en educación que no se interese por los alumnos, un periodista que se haya hecho en el día a día en todos los menesteres de un diario que un Lic. en Ciencias de la Comunicación sin vocación y que jamás haya publicado nada.

Entendámonos, nada tengo en contra de la consecución de títulos universitarios, nada más eso me faltaba, además yo mismo cursé una carrera profesional. Lo que pretendo es que se respete el innegable valor que tiene el empirismo, que no se menosprecie. Me es molesto que algunas empresas no aprovechen el potencial de empleados brillantes y les escamoteen oportunidades por no tener, o no concluir una carrera. No se equivoquen, pueden tener a un Jacobo entre sus filas. Debemos de apoyar el talento, con o sin papeles.

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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One Reply to "Cuento Quincenal: Práctica, mejor que teoría @JoseCruz777"

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david pacheco cobos  on Noviembre 26, 2015

es ley