El parque de La Bombilla: segundo monumento a la corrupción

Publicado el Diciembre 11, 2015, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

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Aspectos de los trabajos de la segunda etapa de remodelación del parque de La Bombilla, delegación Álvaro Obregón – Foto Conrado Martínez de la Cruz

Por Elena Poniatowska, opinión en La Jornada, 11 Dic 2015

El gobierno del Distrito Federal ya lleva gastados 55.3 millones de pesos en la segunda etapa de trabajo de agosto de 2015 a la fecha en el parque de La Bombilla. En la primera etapa, bajo la dirigencia del delegado y hoy diputado Leonel Luna, también se derrocharon 15 millones de pesos al quitar las luminarias coloniales y poner unas que provienen de Houston (tipo baliza) e instalar un cableado de luz.

Invito a todos ustedes, queridos lectores, a que visiten este domingo el parque de La Bombilla para que vean lo que significa una devastación o un bombardeo.

Cada día que pasa se sacrifica a los habitantes de Chimalistac y a los de la Hacienda Guadalupe Chimalistac. El parque de La Bombilla masacrado por la delegación Álvaro Obregón desde hace más de cuatro años va del espanto a la catástrofe. Antes, los domingos, niños y padres de familia disfrutaban de las dos hileras de cipreses, del espejo de agua, del corredor de dalias y de los carritos y bicicletas domingueros que podían rentarse, así como de los neveros y refresqueros que atendían a los peatones.

Desde hace más de dos años, el parque de La Bombilla ha sido mutilado y cubierto de concreto con el pretexto de levantar fuentes en lugar del espejo de agua. En enero de 2012 el entonces delegado Eduardo Santillán mandó sepultar el espejo de agua con el pretexto de dar ahí su informe de actividades. Bastó una sola noche oscura y sin avisarle a nadie para que se talaran las veredas, pinos y cipreses haciéndolos pedazos, se destruyeran los frondosos corredores de dalias –la flor nacional–, rosales, setos y árboles frutales. A la mañana siguiente, los vecinos nos encontramos el desastre. De haberlo sabido, habríamos intentado salvar al menos algunas matas de dalias, me dijo una vecina. Todo fue a dar a una trituradora que funcionó a oscuras durante la noche.

Se nos dice que se va a ampliar la acera del costado derecho que sube del parque de La Bombilla a la avenida de La Paz. La avenida de La Paz, del lado de La Bombilla siempre ha sido de difícil tránsito por el flujo vehicular de 37 mil autos en hora pico y porque las autoridades, además de cerrarla cada año con motivo de una feria y colocar en la calle juegos mecánicos que incluyen una rueda de la fortuna, ahora pretenden convertirla en una nueva Zona Rosa. Ya de por sí, al ir subiendo por la avenida de La Paz múltiples restaurantes estrangulan el tráfico.

Ahora mismo se están levantando las banquetas para restarle un carril a La Paz a pesar de la oposición de los vecinos. Cruzar la avenida de los Insurgentes a la altura de avenida de La Paz era riesgoso para los peatones porque los automóviles no respetaban los semáforos, ahora que las banquetas no están, el riesgo aumentó considerablemente. Si una persona en silla de ruedas busca una rampa para subir a la banqueta se llevará una desagradable sorpresa. Hoy, los 6 mil 700 transeúntes se ven obligados a sortear zanjas y escombro además de la maquinaria pesada que esta obra requiere.

Con la ampliación de las aceras, a cada carril de avenida de La Paz se le reducirán 30 centímetros de ancho, lo que infringe las normas establecidas.

Así como el Corredor Chapultepec ha resultado un fraude contra el que votaron los vecinos de la delegación Cuauhtémoc, es tremendo pensar que los habitantes de hace más de 50 años del bello Chimalistac y Hacienda de Guadalupe Chimalistac, tengan que padecer desde hace cuatro años el maltrato de delegados como Leonel Luna. Un parque que sólo necesita agua para sus árboles, atención a sus flores, jardineros y barrenderos.

Los vecinos amamos La Bombilla y somos muchos los que lo visitábamos con frecuencia. Alejandro Aura organizaba, los domingos, lecturas en voz alta de libros de historiadores, novelistas y poetas que actuaban desde una tarima frente al público agradecido. También se daban conciertos y conferencias al aire libre. Ya nada de eso sucede. Lo único que vemos son picos, palas, mallas anaranjadas, varillas, conos y topes. No hay paso. Pasar pone en peligro la vida de cualquiera.

La batalla en contra de nosotros los vecinos no empezó ayer, sino hace casi tres años y tenemos todo el derecho a rechazar el corredor empedrado que pretende asestarnos el Gobierno del Distrito Federal. Todos padecimos a un pésimo delegado, Leonel Luna, cuyo proyecto es fácil calificar de corrupto como lo fueron sus dos gestiones, que nos han dejado un pésimo recuerdo.

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