Puras burradas

Publicado el Abril 29, 2016, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

fco pinchetti
SINEMBARGO
No, no me refiero por supuesto a la declaración del Presidente Enrique Peña Nieto sobre el “mal humor social” que observa en el ánimo nacional al leer comentarios, columnas y noticias. “Déjenme decirles que hay muchas razones y muchos argumentos para decir que México está avanzando, que está creciendo en distintos ámbitos, en distintos espacios”, dijo muy en serio al inaugurar en Guadalajara el Tianguis Turístico ahora itinerante.

Tampoco, lo juro, al gasto de 500 millones de pesos destinado a la elección de una Asamblea Constituyente de la Ciudad de México que le vale comino a los habitantes de la capital, que ni siquiera están debidamente enterados de las razones y objetivos de esa entelequia. Las más optimistas previsiones estiman que la participación en los comicios del próximo 5 de junio difícilmente superará el 20 por ciento de la lista nominal de electores.

Menos, Dios me libre, aludo a la iniciativa presidencial que “propone que no se considere delito la posesión para uso personal de hasta 28 gramos de marihuana, conforme a estándares internacionales”, sin que nadie sepa, ni el propio mandatario, quién nos venderá nuestra legal dotación –calculada por los expertos en unos 14 churros de mota– de una droga cuya producción y comercio están por supuesto absolutamente prohibidos en nuestro país.

O a la denuncia de Manlio Fabio Beltrones, dirigente nacional del PRI que, sin morderse la lengua, aseguró que el PAN está gastando recursos excesivos en la campaña electoral en Puebla. “No necesitamos gastar más dinero; el dinero y el despilfarro está del lado del PAN, eso es lo que estamos denunciando, pero estoy seguro que las autoridades, el Instituto Nacional Electoral, está tomando nota de cómo se tira el dinero para hacer una campaña política y engañar”, dijo.

Ni por asomo hago referencia tampoco a la actitud de los tres partidos principales de este país, PRI, PAN y PRD, que a la vez que expresan y reiteran y juran su intención de poner un dique “histórico” a la impunidad que priva en la vida pública mexicana con una legislación anticorrupción sin precedente, ponen todas las trabas posibles a la aprobación de la Ley respectiva por el Congreso en el actual, agonizante periodo ordinario de sesiones, de manera que es de suponerse que otra vez el tema quedará felizmente pendiente… para ellos. Mientras las dirigencias nacionales del PAN y el PRD, sus bancadas en el Congreso y las organizaciones sociales determinaron ir por todo o nada en las reformas para el combate a la corrupción, el PRI en la Cámara de Diputados propuso otorgar el perdón a los servidores públicos que hayan cometido desvíos de recursos públicos… si es que regresan el dinero. O sea, no tendremos Sistema Nacional Anticorrupción en este año, por lo menos.

Sería injusto endilgar ese título a las brillantes “respuestas” del Jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, que en una de las cápsulas con las cuales nos bombardean por estos días las estaciones de Radio Centro afirma en referencia a las medidas adoptadas ante la contingencia ambiental que cualquiera quisiera ser “el más bonito de la fiesta” y que nadie lo critique, pero que es su responsabilidad cuidar la salud de los habitantes de la ciudad que el destino ha puesto en sus manos.

La verdad es que no me refiero a ninguna de esas noticias recientes, sino a la Feria Nacional del Burro que todos los años, desde hace medio siglo, tiene lugar por estos días en el pueblo de Otumba, en el Estado de México, cuya culminación ocurre el primero de mayo con la singular, única carrera de jamelgos de que se tenga referencia en el mundo entero.

Otumba, cabecera de un municipio actualmente gobernado por el PT, es un pueblo rabón y polvoriento situado a 60 kilómetros de la capital y cercano a las pirámides de Teotihuacan, que no tiene más de 12 mil habitantes. En 1520, este lugar fue escenario de una batalla crucial para la Conquista de México entre el diezmado ejército de Hernán Cortés, que huía hacia Tlaxcala luego de su derrota de la Noche Triste, y las huestes mexicas que le perseguían.

Por alguna razón que nadie atina a precisar, esta antigua capital otomí se ha convertido en un santuario de los burros, animal que además de sus evocaciones bíblicas y su utilidad para el transporte de carga y pasajeros, es sin duda un ícono de la mexicanidad. En esta localidad famosa también en la región por sus pulques y su barbacoa de borrego, existe un insólito criadero de asnos, la Asociación Otumbense para la Defensa y Conservación del Burro, cuya actual población supera los 220 ejemplares.

La feria de la burra y el burro (como debe decirse), que gracias a nuestros gobernantes y políticos ha adquirido efectivamente una dimensión nacional, incluye una suerte de carnaval que transcurre a lo largo de toda una semana, la última del mes de abril. Hay feria de juegos mecánicos y verbena artística, artesanal y gastronómica, así como un partido de polo en burro y un divertidísimo concurso de jumentos disfrazados de personajes de la vida pública, como Carlos Salinas, Cantinflas, Andrés Manuel, Vicente Fox o ¨El Chapo¨ Guzmán. Y el broche de oro, con la carrera en el burródromo –donde se disputan premios monetarios nada despreciables–, que este domingo primero de mayo celebra su edición número 51. Puras burradas, digo. Válgame.

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