Cuento Quincenal: “Mira como me pongo” @JoseCruz777

Publicado el Junio 18, 2016, Bajo Cuento, cultura, Autor Rucobo.

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“Mira como me pongo”
Cuento/vivencia
17 junio 2016

Corrían los años 70’s, en la siempre combativa e industriosa Cd. Juárez. Laborando en la aún incipiente industria maquiladora en el área de control de calidad, tuve todo tipo de experiencias, anécdotas y vivencias. Hoy, voy a relatar una de ellas, es acerca de todo un personaje, de aquella -mi primer empleo formal- empresa, que tan buenos recuerdos me provoca.

El nombre de nuestro personaje es Oswaldo -los gringos maliciosamente le llamaban asswaldo-, vivaz supervisor de control de calidad. No tenía -y no necesitaba- estudios profesionales, los sustituía con su gran capacidad de liderazgo, eficacia en resolver problemas y un buen dominio del idioma Inglés -tan determinante en ese ambiente-. Era un joven simpático, de tez blanca, cabello rubio -melena-, y ojos verdes, esas características lo hubiesen convertido en todo un galán. Sin embargo no representaba ninguna competencia en esas lides para sus compañeros, simple y sencillamente porque las mujeres no le interesaban.

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Un buen dia nos dio una sorpresa mayúscula, se había casado con una bella y esbelta joven un poco mayor que él.
Su fugaz matrimonio fue todo un récord de cortedad, no recuerdo con exactitud pero duró entre 24 y 48 horas.
Versiones fueron y vinieron: que si no pudo cumplir con su función biológica, que si estaba de acuerdo con ella y era con el fin de cubrir las apariencias, que si fue para cumplir con algún requisito legal, que fue simplemente una ocurrencia o puntada.
Nunca se supo, un denso velo de misterio cubrió el hecho. Oswaldo, siempre tan comunicativo, guardó inusual -en él-, sepulcral y absoluto silencio.

Oswaldo era un bromista irredento, cortaba el cabello en su casa, siendo un buen estilista por cierto.
Los compañeros íbamos a veces en grupo a cortarnos las melenas -vocablo propio de aquellos tiempos-, ya que por lo demás era un excelente conversador. Una de sus bromas preferidas -entre muchas otras- consistía en que entre plática y plática, hacía uso excesivo del rociador de agua, comentaba algo y le echaba agua a la víctima, otra platicada y mucha más agua, y así sucesivamente, cuando sus cómplices no aguantábamos la risa, el ya empapado cliente entraba en sospechas y decía, ¿como qué ya es mucha agua no?

Nuestro amigo Oswaldo, si bien estaba generosamente dotado en el campo intelectual, en el aspecto corpulencia física no. Su complexión era endeble y su rechazo por la actividad física -deportes-, lo separaban de muchos de nosotros los varones, afectos al karate, béisbol o básquetbol. Entonces sus amistades eran mujeres y acrecentaban su fama de “No muy varonil”.

Un día de tantos -los que hayan trabajado en ese tipo de industrias sabrán entenderme- surgió una desavenencia entre uno de nuestros compañeros inspectores de control de calidad de apellido Anchondo, mejor conocido como “Widedeep” por aquello de ancho y hondo, y un patibulario enemigo per se del departamento de calidad, pertenecía al departamento de producción. La disputa entre esos departamentos es proverbial y añeja.

Para evitar el despido, los contendientes decidieron intercambiar metralla -moquetes, golpes, cabr o ching…- a la hora de la salida. Hasta ahí todo bien, sólo que se nos comunicó que el cobarde sujeto de producción, sabedor que iba a perder con widedeep -cinta avanzada en karate do-, planeaba echarle montón -entre muchos-, de ahí lo preocupante. El departamento de producción es veinte veces -o mas- numeroso que el de control de calidad y… no era cuestión de dejar solo a widedeep.

Nos organizamos lo mejor que pudimos, por cierto, ahí supimos quien era quien, algunos compañeros de plano tuvieron miedo y ahí se conoció “Cual era la cabra que daba leche”. Motivos para no combatir hubo muchos; traían un lacerante dolor de espalda, tenían que irse con urgencia, tenían una cita médica, sus esposas les tenían prohibido andarse peleando, etc.

Con miedo y todo, salimos escoltando al compañero entre ocho y diez valientes. Lo inexplicable es que al frente de todos, justo al lado de nuestro combatiente iba… ¿quién creen? Si, Oswaldo, con un gesto que proyectaba ferocidad, la mirada penetrante y decidida, los ojos inyectados de sangre, mandíbula apretada y puños idem. La sorpresa fue enorme, conociéndolo ni le habíamos planteado el que nos acompañara -ni a las damas por supuesto-.

Finalmente, la sangre no llegó al río, “Alguien” había dado aviso al departamento de personal y estos se hicieron acompañar de los guardias de seguridad, desistiendo ambos grupos de dirimir a golpes el conflicto, todo quedó en un conato de gresca. Que bueno, porque el contingente rival nos superaban en número digamos diez a uno.

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Días después, arrellanados en las sillas del comedor, le pregunté intrigado a Oswaldo, ¿cómo es que saliste a pelear si nunca lo has hecho en tu vida? Me miró sonriente y me dijo, “Yo no salí a pelear”, confuso, le pedí más explicaciones, me dijo, “Primero, avisé al departamento de personal para que evitaran la pelea, segundo, si eso hubiera fallado me iba a poner así… -aquí, una pertinente aclaración, Oswaldo es un gran actor y mejor gesticulador-, acto seguido su piel adquiere un tono sonrosado, que luego pasa al rojo intenso y finalmente al morado, sus ojos se le dilataron, el cabello se le encrespó… y les diría, ¡TÓQUENME CABR… TÓQUENME UN PELO, Y SE ATENDRÁN A LAS CONSECUENCIAS!” Soltamos al unísono la carcajada, intimidante si lucía.

Nuestro inteligente colega usó, no técnicas de combate, sino de no combate y pretendía lograrlo con algo de actuación teatral llevada al extremo. De ahí el título, “Mira como me pongo”. Siempre lo he dicho, cada quien lucha con las armas que la naturaleza le dio. Desde aquí, le envío un cordial saludo a ese inolvidable amigo. Tengo entendido que siguió su carrera ascendente, llegando a ocupar un importante puesto de dirección general en ese tipo de empresas. Trataré en lo posible que esta historia le llegue a sus manos, ¡los amigos son para siempre!

Autor: José Cruz Pérez Rucobo

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