Exclusiva: la lista de priistas impolutos

Publicado el Agosto 6, 2016, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

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SINEMBARGO
Por Francisco Ortiz Pinchetti
Creo haber encontrado el término exacto para describir a los próceres del nuevo PRI: impolutos. La palabra viene del latín Impollutus que según la Real Academia Española significa “Limpio, sin mancha”. Y es que después de las declaraciones recientes del flamante presidente nacional del partido tricolor no se puede pensar en algo más certero para referirse a esos mexicanos ejemplares.

Enrique Ochoa Reza anunció muy en serio que el PRI alista la creación de una comisión u órgano interno de combate a la corrupción y la impunidad. Ahora sí cabrones. Dijo que el partido actualmente en el poder analiza las experiencias de otras fuerzas políticas en distintos países, para poner en marcha una instancia que atienda los casos de priistas señalados por actos de corrupción. ¡Sopas!

Textual: “Vamos a crear un organismo anticorrupción que nos ayude también a combatir la impunidad. Estamos analizando las mejores prácticas que tienen otros partidos en otros lados del mundo, para poder diseñar la mejor dentro del partido”. Y todavía abundó: “Hoy tenemos distintas estructuras que vigilan la ética o el comportamiento de los militantes, pero ¡necesitamos ir más allá!”.

Aseguró que la ciudadanía demanda acciones distintas y novedosas y que en consecuencia “queremos tener una propuesta concreta”. No lo dijo, pero seguramente lo pensó, que se acabó aquello de las simulaciones y mentiras que por años, décadas configuraron una imagen distorsionada de los militantes del partido emanado de la Revolución Mexicana y forjador del México amado que es hogar de más de 120 millones de felices habitantes.

Y si esto lo cruzamos con lo que el propio Ochoa Reza había declarado unos días antes, en el sentido de que “el 99 por ciento de los priistas son honestos”, tenemos el cuadro completo. El nuevo jerarca nacional del PRI defendió –e hizo muy bien– la honestidad de sus funcionarios públicos, cuya reputación ha sido manchada, dijo, por los actos de una minoría “que no llega ni al uno por ciento”.

En un discurso que no tuvo desperdicio, dijo ante priistas de Aguascalientes que el 99.9 por ciento –así, el 99.9 por ciento– de los servidores públicos priistas son mujeres y hombres honestos y honorables que buscan el bien común y que trabajan cotidianamente por mejorar las cosas. Así lo dijo, por Dios. Enseguida, según un comunicado distribuido por el propio tricolor, advirtió: “No permitamos que el 0.1 por ciento nos lastime, nos dañe la reputación de nuestro partido e incluso nos manche por omisión o por silencio nuestro buen nombre (sic)”. No pone el documento si acto seguido el nuevo jerarca priista se rasgó cuando menos la camisa. Lo que sí indica es que añadió que en resumidas cuentas los priistas deberán defender “el buen nombre y la buena reputación” de los miembros del partido que injustamente sean señalados.

Realmente reconforta saber todas esas cosas, porque con demasiada frecuencia los opositores difaman a los funcionarios priistas, los periodistas difunden esos infundios y los opinadores, que abundan, dan por cierto tales calumnias y condenan sin más a esos esforzados servidores públicos que lo único que hacen es cumplir con su deber y entregar su vida por la grandeza de este país.

Ahora sabemos que en realidad sólo un 0.1 por ciento es esos servidores son corruptos, agarran mordida, cobran moches, contratan con sobreprecio, venden candidaturas, fingen obras que no realizan pero que sí cobran, hacen negocios al amparo del poder, meten mano en las arcas públicas, se enriquecen de manera “inexplicable”, despojan a campesinos, agandallan privilegios, corrompen líderes, protegen narcos, especulan con propiedades, falsean informaciones, malversan fondos, trafican influencias, acaparan prebendas, se coludan con contratistas, desaparecen adversarios, compran jueces y demás monadas. Esto quiere decir que los funcionarios públicos priistas deben ser muchos millones, porque la lista de los que integran la excepción –ese cero punto uno por ciento– no es precisamente reducida.

Al leer las declaraciones de Ochoa Reza imagino una larga fila de priistas, todos vestidos impecablemente de blanco, impolutos, que seguramente están entre los que su nuevo pastor, que tomó posesión de la presidencia del CEN apenas el pasado 12 de julio, considera víctimas de infundios. Ellos caminan con parsimonia propia de cartujos en clausura monástica. Su semblante, tocado por una tenue sonrisa, denota serenidad, paz. Irradian bondad.

Adelante va, con apuros ya, don Luis Echeverría Álvarez, seguido de Carlos Salinas de Gortari, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa Patrón. Le siguen, con deslumbrantes túnicas, Arturo Montiel Rojas, César Camacho Quiroz, María Esther Gordillo Morales, Carlos Romero Deschamps, Fidel Herrera Beltrán, Mario Marín Torres, Andrés Granier Melo, Raúl Salinas de Gortari, Rodrigo Medina de la Cruz, Jesús Murillo Karam, Fernando Baeza Meléndez, Patricio Chirinos Calero.

Vienen después Carlos Aceves del Olmo, Humberto Roque Villanueva, Rubén Figueroa Alcocer, Eduardo Bours Castelo, Roberto Madrazo Pintado, Alfredo del Mazo González, Enrique Jackson Ramírez, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, Tomás Yarrington Ruvalcaba, Humberto Moreira Valdés, Carlos Hank Rhon, Mario Villanueva Madrid, Ulises Ruiz Ortiz, José Murat Casab, Adrián Rubalcava Suárez.

Finalmente, con níveas guayaberas los tres, pasan frente a nosotros las estrellas del momento: el chihuahuense César Duarte Jáquez, el quintanarroense Roberto Borge Angulo y el veracruzano Javier Duarte de Ochoa… Y, ¡perdón!: de inmaculado ropón, el encopetado Enrique Peña Nieto. Válgame.

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