Veracruz, ‘peón envenenado’ para el PAN

Publicado el Agosto 13, 2016, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.

fco pinchetti
SINEMBARGO
Por:Francisco Ortíz Pinchetti
Más allá del ignominioso intercambio de acusaciones entre el Gobernador priista de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, y el Gobernador electo panista, Miguel Ángel Yunes Linares, pienso que podríamos estar frente a una estrategia francamente maquiavélica para revertir hacia 2018 las siete cacareadas victorias estatales del PAN en los comicios del pasado 5 de junio.

Entre los jugadores de ajedrez es conocida, por eficaz, la jugada llamada “del peón envenenado”. Consiste en entregar una pieza menor al adversario sin que éste se percate de que, al comérsela, está comprometiendo de manera inconsciente la partida misma. Es una trampa genial, cuyo empleo dio fama a campeones del deporte ciencia como el estadounidense Bobby Fisher, sobre todo cuando derrotó en Reykjavic al soviético Boris Spassky, en 1972.

En Veracruz, de manera premeditada o fortuita, el PRI empleó esa misma jugada. Entregó al PAN una gubernatura podrida. Y los dirigentes panistas, embelesados, cayeron en el garlito: comieron sin darse cuenta la pieza que puede costarle la contienda por la grande, dentro de dos años.

Tal vez sería un exceso atribuir a Manlio Fabio Beltrones la sagacidad y la inteligencia requeridas para concebir y ejecutar un lance de ese calibre. Lo que no dudo es que el sonorense del colmillo retorcido, afamado por sus habilidades políticas no siempre ortodoxas, debe haberse carcajeado al mirar la euforia panista por su victoria sobre el PRI en el la tercera entidad del país con mayor número de electores.

Un panista experto en cuestiones electorales me comentó en las vísperas del 5 de junio, al hacer un vaticinio sobre los procesos en 12 entidades del país, que el caso de Veracruz representaba un peligro para su partido. Y no porque estuviera en riesgo una victoria. “Ojalá perdamos Veracruz, por el bien del PAN”, me dijo con sorna. El PAN sin embargo ganó en coalición con el PRD y ahora el dilema es qué ocurrirá con semejante triunfador… que para colmo se adueñará del partido en la entidad.

La candidatura de Yunes Linares para encabezar una coalición entre el PAN y el PRD fue impugnada desde un principio y de manera reiterada por sectores panistas y perredistas, que miraban los riesgos que implicaban los antecedentes del ex priista converso. Su actuación como Secretario General de Gobierno durante la administración del priista Patricio Chirinos Calero (1992-1997) se significó por arbitraria y represiva. En aquellos años me tocó cubrir como reportero algunas de sus tropelías contra campesinos, estudiantes e informadores. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió una veintena de recomendaciones en materia de represión y violaciones a los derechos humanos atribuibles al entonces funcionario priista.

Las evidencias de su enriquecimiento personal y familiar eran y son cuantiosas y algunas de las denuncias en su contra, incluida ahora la de la sección 32 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), de Veracruz, por presunto lavado de 230 millones de pesos cuando fue director general del ISSSTE (2006-2010), parecen fundamentadas. Y documentadas.

A pesar de los preocupantes indicios, el dirigente nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortés, desoyó siempre los cuestionamientos a su posible candidatura. Ignoró las advertencias de sus propios correligionarios, incluidos algunos muy allegados a él y aun miembros del Consejo Nacional del albiazul. Se empeñó en llevar adelante la candidatura del ahora Gobernador electo para un periodo mocho de apenas dos años y por supuesto se congratuló feliz del resultado electoral obtenido por éste, que significó para el PRI veracruzano su primera derrota de la historia.

Durante la campaña, el joven dirigente panista achacó al “juego sucio” del PRI las filtraciones sobre un escandaloso enriquecimiento del abanderado del PAN-PRD y de sus hijos. Hasta ahora, sin embargo, nada ha dicho sobre las denuncias penales presentadas por el indefendible Gobernador saliente y el SNTE veracruzanos.

Además, Yunes Linares basó su campaña en las denuncias sobre la corrupción del gobierno priista. Acusó a Duarte de Ochoa de enriquecimiento ilegal, de posesión de propiedades millonarias dentro y fuera del país, de represor y perseguidor de periodistas. Llevarlo ahora a la cárcel, como prometió, no será tarea fácil.

El mandatario priista saliente habrá dispuesto de seis largos meses (desde la elección del 5 de junio hasta la toma de posición del nuevo mandatario, el 1 de diciembre próximo) para eliminar evidencias de sus corruptelas, cuadrar cuentas y cuando menos medio arreglar el cochinero. Podrá entregar la casa aceptablemente limpia, de modo que sea muy complicado para su sucesor y persecutor el probar sus acusaciones en sólo un par de años. De pilón, las argucias legaloides le permitirán alargar los procesos, si es que se abren.

En cambio, Yunes Linares parece absolutamente vulnerable. Es objeto ya de un bombardeo intenso, con denuncias formales ante las procuradurías de justicia federal y estatal y evidencias aparentemente válidas, para menguar aún más su de por sí afectada imagen pública.

El PRI, cuya fuerza política en la entidad se mantiene a pesar de todo –con una estructura territorial prácticamente intacta– no lo dejará gobernar y buscará afanosamente que su cabeza ruede antes de la elección presidencial de 2018. Y los dirigentes panistas tienen bien claro que el resultado electoral dependerá fundamentalmente de la eficacia de sus propios gobiernos estatales, entre ellos por supuesto el de Veracruz.

El PAN y su Comisión Anticorrupción interna que encabeza Luis Felipe Bravo Mena (y que por cierto aún no funciona luego de 10 meses de anunciada su creación) pueden verse en el predicamento de actuar en contra de su propio Gobernador. Así de grave. En cualquier caso, el desprestigio que los desatinos del mini mandatario pueden acarrearle al PAN, su fracaso, afectaría su imagen de manera tan seria que tendría una repercusión directa y quizá definitoria en los comicios generales. La bandera de la lucha contra la corrupción que enarboló con éxito en las recientes elecciones estatales, se revertiría en su contra de manera irremediable. Y es que el partido de las siete victorias comió sin darse cuenta el peón envenenado. Válgame

COMENTA TAMBIÉN SIN FACEBOOK: