Veto al odio

Publicado el Enero 3, 2017, Bajo Columna de opinión, Autor MonaLisa.

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Por: Fortino Cisneros Calzada, El Mañana de Reynosa, 3 enero 2017

Veto al odio

¡Feliz año nuevo! Quizá el mejor de los propósitos que pueden hacer los aborígenes es hacer del 2017, un feliz año nuevo; no dejarse envolver, nuevamente, por los mensajes de odio que se están filtrando sigilosamente por los medios masivos tradicionales y por las nuevas ventanas de la tecnología cibernética.

Los daños al país y a los paisanos, tan severos, pueden y deber ser el acicate para retornar a la senda de la cordura y la razón.

La polarización del pueblo mexicano, inducida como estrategia política, implementada por el español Antonio Solá, que se anuncia como el promotor de campañas del miedo, primero al servicio del becario de ingrata memoria y luego para el partido oficial, debe ser conjurada como hicieron en Grecia y en Ecuador. Los mexicanos están obligados, por simple sobrevivencia, a decir ¡basta! a las campañas de odio afincado en el miedo.

México, a lo largo de su singular historia, ha resistido siempre los más duros embates de dentro de y de fuera, y ¡permanece incólume! No podrá destruirlo una cáfila de pillos y simuladores que ahora gozan del poder y perpetran los más extravagantes excesos con cargo al causante cautivo. Con la gran fuerza moral de un pueblo fraguado a golpes de teponaxtle y de pólvora, la nación mexicana seguirá adelante con veto a la voz del odio.

México emerge como país libre con el estigma de la traición de Agustín de Iturbide a la Corona española y la sandez de Vicente Guerrero; se crea el Primer Imperio Mexicano. Pero, la bandera republicana es mantenida inhiesta por Guadalupe Victoria, quien logra, con gran esfuerzo y sacrificio, establecer la República federal, representativa y popular. Los aristócratas huehuenches trajeron a Maximiliano, un príncipe europeo para crear el Segundo Imperio; pero, Benito Juárez, aparentemente vencido, restaura la República.

La Revolución Mexicana, cuyos postulados fueron plasmados en la Constitución del 17, trajo al país una época de progreso y bienestar fundamentados en la justicia social, que no es otra cosa que la justa retribución del trabajo. A finales del siglo XX volvieron los emisarios del pasado a dominar el Anáhuac y, desde entonces, todo ha sido un enorme saqueo y un gran despojo. De lo que no pueden despojar al pueblo, es de la esperanza.

Esa esperanza, “nuestra dulce amiga que las penas mitiga y convierte en vergel nuestro camino”, como dijo Guillermo Aguirre en su Brindis del bohemio, que no ha dejado nunca de ser la luz que guía a la raza de bronce al encuentro con su destino y que en estas horas aciagas, puede ser el camino para cerrar las puertas al rencor, el encono, al odio que tanto envilece al ser humano y tanto enturbia los magníficos dones del espíritu.

Se dice que hay abuso de poder cuando una persona accede a un cargo de importancia que le permite tomar decisiones y disponer de recursos, tanto físicos como formales, y los utiliza en beneficio personal o de camarilla, desatendiendo al mandato que le obliga la ley y que jura al tomar el puesto, de “mirar siempre por el bien de la nación”. En este 2017, queda perfectamente configurado ese abuso de poder, tanto por acción como por omisión, al impedir que las fuerzas del mercado fijaran los salarios, y subir los precios.

Impidieron que el consenso nacional aliviara la difícil situación de los asalariados y no han tenido empacho en desatar la cascada de alzas en los precios con el encarecimiento de los insumos fundamentales como son la gasolina, el gas butano y la energía eléctrica. Lejos de recortar los excesos con el dinero público, que les permite una vida de lujo y de excentricidad, como bien se vio en el pasado fin de año; buscan exprimir hasta la última gota de sangre del pueblo expoliado. Para tapar la perversión de sus actos, echan mano de la publicidad engañosa y tendenciosa que va creando sentimientos de enorme frustración, que se canalizan de manera subliminal a través del miedo a objetos de odio.

La añeja consigna de “divide y vencerás”, se está manipulando para sembrar la idea, ya tan manoseada, de que una verdadera alternancia que ponga la basura en su lugar, es un peligro.

El peligro real es que los aborígenes se dejen llevar por las campañas de odio inducido.

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