América Latina y el Caribe, al borde del abismo

Publicado el Abril 22, 2017, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.


CONTRALINEA
Mariano Bullón Méndez*/Prensa Latina.
América Latina se encuentra hoy ante un mundo inestable, con alto niveles de incertidumbre en diferentes campos de las relaciones internacionales, caracterizado por la constante volatilidad de los mercados financieros y los precios de bienes y servicios, lleno de amenazas y, por tanto, bajo el constante y peligroso impacto de los llamados choques externos.

El mundo, y junto con él la región latinoamericana –que es parte sustantiva de éste– se mueve en un escenario colmado de incertidumbre y peligros para el buen funcionamiento de las economías, el comercio, las finanzas y la propia existencia de la vida sobre el planeta Tierra.

Las constantes amenazas de guerra no convencional, llamadas también de cuarta generación, unidas a los focos de guerra interminables en el Oriente Medio y en otras regiones del mundo; la proliferación de bases militares de Estados Unidos, dispersas por toda la geografía planetaria; el calentamiento global con el consiguiente cambio climático y las consecuencias negativas subsecuentes; todos estos elementos amenazan, sin duda, las condiciones de vida sobre la Tierra. El líder cubano, Fidel Castro, advertía tempranamente:

“Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.” (http://www.cubadebate.cu/opinion/1992/06/12).

Ese escenario, que parecería de ficción para un observador desprevenido y poco informado, no pasa inadvertido para la inmensa mayoría de los pueblos, los principales perjudicados con la gobernanza global actual y las reglas del juego inapropiadas, inequitativas e injustas, trazadas a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial por los grandes centros de poder, que no son sólo las principales potencias económicas sino también las grandes transnacionales, los Centros de Subversión Político-Ideológica (CSPI) y el Complejo Militar Industrial (CMI), entre otros actores de gran peso geopolítico y geoestratégico.

A ese escenario global se añaden otros elementos de mayor nivel de concreción, que también afectan el buen desenvolvimiento de los procesos de integración y desarrollo, tanto a escala regional como hemisférica y planetaria.

En primer lugar, nos encontramos ante el fin del llamado “superciclo” de precios de las commodities. Luego de una bonanza de varios años (de 2009 a 2012), el desplome de los precios de los productos básicos ante la contracción de la demanda mundial –en particular de la proveniente de la economía china–, amén de otras causas, ha dejado a la región de América Latina y el Caribe sin el factor de compensación en recursos que le había permitido, hasta ese momento, desarrollar una capacidad de resiliencia suficiente para enfrentar los choques externos, originados por la consecuente reducción de los recursos para mantener las políticas sociales y las inversiones productivas (Cepal, 2015).

En segundo lugar, el desplome de los precios del petróleo, con una reducción del 140 por ciento –en alrededor de 1 año y medio, a partir del segundo semestre de 2014–, ha provocado una severa contracción en los ingresos externos de los exportadores netos de combustibles fósiles, tales como Venezuela, Ecuador y Bolivia. Ello ha impactado negativamente en la situación económica y social interna de esos países. Ya durante 2016 y en lo que va de 2017 se viene produciendo una recuperación, a tal punto que el crudo se está cotizando sobre los 50.00 dólares estadunidenses el tonel (Bloomberg, 2015, 2016, 2017), aunque todavía lejano de los más de 100 dólares en que se cotizaba año y medio atrás.

La desaceleración heterogénea en las diferentes economías –consecuencia de lo puntualizado anteriormente–, reflejada en los crecimientos negativos en varias importantes zonas de la región: Brasil (la principal), Venezuela, entre las cinco primeras (Cepal, 2015 y 2016) y la no expansión esperada en México (segunda economía en la región), a pesar de las reformas emprendidas, constituye un elemento importante de contexto.

Si bien es cierto que en Centro-América y en el Caribe, la situación no se muestra tan desalentadora, es una realidad palpable que la economía regional en su totalidad se contrajo en 2016 por segundo año consecutivo y, según pronósticos de diferentes organismos regionales e internacionales (Cepal, FMI y BM), no crecerá suficientemente durante 2017.

En tercer lugar, el retorno a la normalidad del Banco Central de Estados Unidos (Reserva Federal, FED, por sus siglas en inglés) con el inicio de una política monetaria restrictiva, expresada en un aumento de las tasas de interés de base desde fines de 2015, contraria a la política expansiva conocida como la QE (QuantitativeEasing por sus siglas en inglés) o flexibilización cuantitativa, como se conoce en español.

Este hecho puede afectar considerablemente el valor de las monedas en las economías de la región, provocar incluso fuga de capitales hacia el exterior –con la consecuente desindustrialización–, debilitándolas y desestabilizándolas potencialmente. El caso de México es paradigmático, ya que la cotización del peso mexicano se ha desplomado un 12 por ciento durante el segundo semestre de 2016, y su depreciación continúa en lo que va de 2017.

En cuarto lugar, el incremento del proteccionismo y la amenaza constante de guerras comerciales, debido a las políticas restrictivas al comercio regional e internacional, anunciadas por la nueva administración estadunidense y su efecto espejo en Europa comunitaria. No se les puede restar importancia a las amenazas de Trump con relación al aumento de los aranceles a las importaciones provenientes de México y China, su segundo y primer proveedores comerciales, respectivamente.

En quinto lugar, el cambio de modelo de desarrollo en China hacia la llamada Nueva Normalidad, un fenómeno totalmente inédito: se trata de pasar de un modelo basado en la inversión y las exportaciones, que la llevó a convertirse en la fábrica del mundo –y consecuentemente a la aparición de un fenómeno conocido como la chinización del mundo–, a otro basado en la expansión del consumo y los servicios para una inmensa población de más de 1 mil 300 millones de habitantes, con salarios ahora más altos y niveles de consumo obviamente mayores y más diversificados; pero también con una contracción de las importaciones, al menos en el rubro de los llamados commodities, es decir, productos no elaborados.

Finalmente, en materia de contexto, nos encontramos con otro fenómeno nuevo: el supuesto fin del “ciclo progresista” en la región, con el corrimiento de la derecha de signo político: Venezuela (pérdida del poder parlamentario, por parte del chavismo, a fines del 2015); Argentina (fin del kirchnerismo e inicio del macrismo en las últimas elecciones presidenciales); Brasil (impeachment, con golpe de Estado parlamentario al gobierno de DilmaRousseff, del Partido de los Trabajadore-PT), sumados a otros intentos de recomposición de la derecha en Bolivia y Ecuador. Como consecuencia de estos cambios, se podrían afectar las relaciones comerciales y los procesos de integración en la región a corto y mediano plazo.

El debilitamiento del Mercosur, debido a las pugnas entre la llamada Triple Alianza, conformada por los gobiernos de Brasil, Argentina y Paraguay, y su cruzada contra el gobierno constitucional bolivariano de la hermana República de Venezuela; la no consolidación, retroceso o estancamiento de otros procesos de integración regionales o sub-regionales (la Comunidad Andina, Can; la Comunidad del Caribe, Caricom; la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, incluso la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac) hacen pensar en tiempos difíciles para la región y su avance hacia el desarrollo sostenible e inclusivo, con grave peligro para su soberanía e independencia, si tenemos en cuenta la nueva política o New Deal de la recién estrenada y nada ortodoxa Administración de Donald Trump.

Por todas estas razones objetivas de enorme peso –multiplicado en sus sinergias–, los países y los pueblos tienen la obligatoriedad de integrarse, unirse, establecer alianzas que les permitan enfrentar dichos retos, en muchos aspectos, ineludibles. De ahí la crucial importancia del buen, urgente y no alternativo, sino necesario desempeño e impulso a los procesos de integración en América Latina y el Caribe nuestroamericanos.

La reciente V Cumbre de la Celac, realizada en el Centro de Convenciones Barceló Bávaro, en Punta Cana, República Dominicana, con su Declaración política, su Plan de Acción para 2017 y su alrededor de 20 Declaraciones especiales (contra el bloqueo, por la devolución de las Malvinas, en defensa de Venezuela y la reafirmación de la Zona de Paz, que es y debe ser la región, entre otros), constituye una expresión de la toma de conciencia sobre la imperiosa necesidad de unión e integración y la importancia de ésta como vehículo idóneo para trabajar por su materialización.

Mariano Bullón Méndez*/Prensa Latina

*Investigador titular del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (Cuba)

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