Niños mexicanos, entre desnutrición y peligros…

Publicado el Abril 30, 2017, Bajo Derechos Humanos, Investigación, Nacional, Noticias, Autor Soquito.

Sin importar las inclemencias del tiempo, cientos de niños pasan gran parte del día a la orilla de un crucero, en la esquina de una avenida o en un camellón de la Ciudad de México, con el constante riesgo de tener un accidente, mientras su mamá o su papá ofrecen botellas de agua, cigarros o dulces entre los automovilistas que se detienen con la luz roja del semáforo. Ante tal situación, el gobierno local diseñó un modelo denominado Niños y niñas fuera de peligro, con lo que busca garantizarles sus derechos a alimentación, educación, salud y esparcimiento, y sobre todo evitar que sufran algún daño que incluso derive en la muerte. No se trata de criminalizar a nadie ni de quitarles a sus hijos, afirma el secretario de Desarrollo Social capitalino, José Ramón Amieva.

Una caja de cartón sirve a Josué, de un año cuatro meses, de cuna y silla. En una de sus muñecas lleva amarrado un mecate que lo sujeta a la pared y no le permite saltar a la banqueta; Juan, de menos de un año, gatea sobre el piso de tierra, muy cerca del anafre donde hierve la comida que prepara su mamá. Mientras Carmen y Mario, de cuatro y seis años, en el mismo orden, juegan con una pelota en un espacio de no más de tres metros que divide la avenida.

Ellos son sólo algunos de los menores que sin importar las inclemencias del tiempo pasan gran parte del día en un crucero, en la esquina de una avenida o en un camellón de la Ciudad de México, con el constante riesgo de sufrir algún accidente, mientras su mamá o papá ofrecen botellas de agua, cigarros o dulces entre los automovilistas que se detienen con la luz roja del semáforo

Para ellos el Gobierno de la Ciudad de México diseñó un modelo de atención denominado Niñas y niños fuera de peligro, con el que busca garantizarles sus derechos a la alimentación, educación, salud y esparcimiento, entre otros, y sobre todo evitar que sufran algún daño, que incluso derive en la muerte.

De entrada el secretario de Desarrollo Social (Sedeso) capitalino, José Ramón Amieva Gálvez, aclaró que no se trata de criminalizar a nadie, ni de hacer una limpieza social, y mucho menos retirar o quitarles a los padres a los y las niñas, sino de ofrecerles un espacio donde sus hijos puedan estar seguros mientras ellos trabajan.

Refiere que esta inquietud surge a raíz del fallecimiento hace unos meses de una niña de tres años que fue atropellada en Viaducto y Circuito Interior.

El secretario nos pidió ir al Ministerio Público para ayudar a la familia, al llegar la madre nos dijo que vendía en esa esquina, pero que se retiró para ir al baño. Deja a sus hijas, de siete y tres años, en el camellón, la mayor agarra de la mano a su hermana y cruzan la calle justo en el momento en que se pone la luz verde, narra Alejandro Nuevo Tinoco, responsable del nuevo modelo.

Hace casi un mes, personal del Centro de Asistencia e Integración Social (CAIS) Coruña Jóvenes, a cargo de Héctor Maldonado, a bordo de un camioneta con el rótulo Niñas y niños fuera de peligro recorre las calles y avenidas de esta urbe, localizando a los menores que pueden estar en riesgo.

El primer reto es informar y convencer a los padres de la bondad del programa, después invitarlos a conocer las instalaciones donde estarán sus hijos. De aceptar, firman una carta-compromiso, que se integra al expediente que se abre a cada menor, con los resultados de las valoraciones médica y odontológica que se les hace al llegar, resume Maldonado.

Los padres son quienes ponen la hora para que el vehículo pase por los pequeños para llevarlos al centro y luego regresarlos al crucero.

Después de escuchar a los brigadistas, Rosario, quien vende botellas de agua en uno de los cruceros de Río Churubusco, acepta ir al CAIS. Lleva en brazos a su bebé de dos meses, a su hija Carmen y su sobrino Beto. Sí me da confianza la ayuda que nos ofrecen; así puedo trabajar más tranquila, ahora tengo miedo de que mi hija se cruce la avenida o se la lleve alguien hasta con un dulce; habla con todos, responde mientras recorre las instalaciones.

Fuente: La Jornada.
Foto Carlos Ramos Mamahua

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