¿En manos de quién estamos?. Paso Exprés: doble impunidad. TLCAN: Peña Nieto se inclina.

Publicado el Julio 27, 2017, Bajo Opinión, Autor Ocelotl.

La Jornada / México SA / Carlos Fernández-Vega

De plano, ¿en manos de quién está el país? Tras el mal rato en que murieron dos personas, el principal responsable de todo esto, Gerardo Ruiz Esparza, presunto secretario de Comunicaciones y Transportes, anuncia con bombo y platillos que a fin de garantizar la seguridad de los usuarios y las poblaciones aledañas al Paso Exprés de Cuernavaca, el afluente hidráulico requerido en la zona y la pronta reanudación del funcionamiento normal de la vía, llevará a cabo la construcción de un nuevo puente en el tramo afectado y todo ello se realizará en un periodo aproximado de 10 semanas. Y asunto ¿resuelto?

¿De qué se trata? ¿Impunidad garantizada y cinismo contumaz, o de la versión alegre del desfachatado funcionario sobre cómo solucionar los malos ratos y garantizar y acrecentar los negocios privados a costillas de la nación y sus ciudadanos? Además, se garantiza que no habrá consecuencias legales ni laborales, porque el amigo del presidente Enrique Peña Nieto conserva el puesto y las dos empresas privadas responsables de la obra (Eppcor, de los Gutiérrez Cortina, y la española Aldesa) se quedan con la construcción del nuevo puente en el tramo afectado.

Negocio redondo, porque lo que cínicamente Ruiz Esparza presenta ahora como solución sólo confirma, por si hubiera dudas, que el Paso Exprés se construyó al allí se va, con impunidad garantizada, o lo que es lo mismo mediante la fórmula perfecta de duplicar el presupuesto público original y legalmente aprobado para que el reparto de los beneficios sea más jugoso, mientras los ciudadanos son lo de menos.

El funcionario dice que con que la construcción del nuevo puente se busca garantizar la seguridad de los usuarios y las poblaciones aledañas. ¿Cómo?, si estaba obligado a hacerlo durante la construcción de la obra original y certificarlo antes de inaugurarla –por parte de EPN– y aprobar su entrada en funcionamiento. Entonces, de acuerdo con la teoría de Ruiz Esparza, ¿la solución necesariamente debe ser correctiva y nunca preventiva? ¿Primero los muertos y después viriguamos?

Al mismo tiempo, desde que la SCT les adjudicó la licitación respectiva, las empresas constructoras privadas –supuestamente supervisadas por esa dependencia del Ejecutivo, en especial por su negro historial, costos inflados y permanente violación de los tiempos de entrega– se obligaron –legal, económica y profesionalmente– a garantizar, desde el inicio mismo de la obra, la calidad de la construcción, algo que –se supone– les permitió llevarse el contrato público (primero por poco más de mil millones de pesos, para terminar en más de 2 mil 200 millones y de cereza el socavón).

Según Ruiz Esparza, ¿la responsabilidad legal y ética de la SCT y de las empresas privadas simple y sencillamente se cubre con un nuevo puente que debió incluirse, o cuando menos preverse, originalmente? ¿La muerte de dos personas –evitable a todas luces– se olvida con otra obra sobre la construcción que les costó la vida y a la familia le hizo pasar un mal rato?

Sucede lo mismo con el paso del afluente hidráulico de la zona, pues con la nueva obra fluirá sin afectar y en beneficio de los pobladores de la zona. ¿En serio? A la hora de planear el Paso Exprés ¿no registraron que eso era fundamental para la seguridad de pobladores y usuarios? ¿Debieron esperar una lluvia torrencial (pretexto oficial) y la muerte de dos personas (realidad contundente) para concluir que debería construirse algo para que tal afluente corriera sin dañar a nadie?

¿Qué futuro le espera a la torre de control del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, en cuya construcción participa cuando menos una de las empresas involucradas en el Paso Exprés de Cuernavaca?. Tendrá que desplomarse y junto con ella los contralores de vuelo, para que el magnánimo titular de la SCT anuncie un parche, una obra sobre la obra, para garantizar la seguridad de los usuarios y así tapar un nuevo negocio sucio? ¿Cuántos muertos deberán contabilizarse para que Ruiz Esparza encuentre eventuales soluciones para este tipo de entuerto?

Tras la trágica muerte de padre e hijo por el socavón, el pasado 12 de julio, el titular de la SCT se comprometió a que no quede duda” sobre el rescate del Paso Exprés, y aseguró que habrá consecuencias si el consorcio Aldesem-Epccor hizo alguna trampa para ganar la licitación. Lo mismo contra funcionarios que hayan incurrido en alguna falta u omisión.

Pues bien, hasta ahora la única consecuencia es que el citado consorcio privado es el encargado de construir el nuevo puente en el tramo afectado, porque así es más fácil y seguro tapar la mugre.

Pero qué tal el entusiasmo del funcionario al recorrer la tan cacareada obra: “Por las especificaciones de la obra y los materiales usados se garantiza una durabilidad de más de 40 años, sin tener que hacer ninguna reparación… Gracias a los empresarios y a los trabajadores por su esfuerzo decidido para realizar una construcción de la más alta calidad que beneficia a miles de mexicanos”.

Por si fuera poco Ruiz Esparza repartió más bombones: Se construyeron 10 kilómetros adicionales de drenaje y un colector de casi un kilómetro; las casas no tenían drenaje, entonces tuvimos que hacérselos para que la carretera tuviera circulación de agua y las casas de al lado pudieran desaguar; además, se añadieron dos kilómetros de líneas hidráulicas, porque cuando se planeó (la obra) no se sabía que las viviendas no tenían drenaje”.

Pero todos tranquilos, porque en su momento el brillante funcionario declaró: A los que en un momento dado sufrieron molestias les pedimos una disculpa… por el mal rato, y los que faltan. Entonces, así o más cínicos. ¿Ruiz Esparza para presidente?

Las rebanadas del pastel

El gobierno peñanietista muestra algunas cartas para renegociar soberanamente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN): ya empinado, en charola de plata entregará a Donald Trump el sector energético nacional para concretar lo que denomina alianza estratégica, que no es otra cosa que convertirse en el gato. Ya lo anunció Pedro Joaquín Coldwell: Hay un cambio muy importante de cuando se negoció el TLCAN en 1994, ya que en ese tiempo México tenía cerrado el sector, pero ahora hemos abierto nuestro modelo energético a la participación privada bajo la rectoría del Estado (esto último fue un pésimo chiste). Brillante estrategia negociadora y, sobre todo, soberana.

Twitter: @cafevega

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