El cambio que viene

Publicado el abril 15, 2018, Bajo Columna de opinión, Autor LluviadeCafe.


LA JORNADA. José Agustín Ortiz Pinchetti
Nuestro instinto nos dice: viene un gran cambio en México. Los tiempos difíciles sirven como incitación. Una población conservadora se ve forzada a despertar porque la descomposición y el deplorable desempeño del gobierno han producido un hartazgo e irritación peligrosos. Quizás vivimos el final de un régimen político, pero también un ajuste mayor en la escala social de nuestro estilo de vida.

Hay una demanda de modernización compuesta por innumerables hechos, que al acumularse forman una energía que afecta todo, empezando por la consciencia. ¿Podríamos sujetar nuestro momento histórico a las claves de Fernando Braudel? Para él los tiempos de la historia son múltiples, pero podemos distinguir claramente tres:

Primero, el breve: la historia de los acontecimientos cercanos, de la que se ocupan periodistas y cronistas del día a día. Basta repasar un diario para comprobar que afrontamos hechos sin precedente o cargados de exigencias de ajuste: un tribunal electoral viola la ley en espíritu y en la letra y valida un candidato independiente que ha hecho trampas. Las amenazas del gobierno estadunidenses son inéditas y también la multiplicación de asesinatos y secuestros en casi todas las regiones del país. Las próximas elecciones pueden provocar un cambio mayúsculo o rupturas internas en la sociedad.

Segundo, el mediano plazo: bloques de tiempo con un eje político -económico que abarca unos 30 años. Estamos viviendo en su etapa final el modelo neoliberal. Su desgaste impulsa a un cambio de proyecto económico que se antoja inminente.

Tercero, tiempo largo: estructuras que duran por lo menos un siglo y que cambian poco a poco. En México, la pirámide social ha cambiado muy lentamente. El segmento superior de criollos se sirve del régimen autoritario. Pero no es posible que perdure eternamente: puede entrar en crisis si la consciencia política sube al punto de exigir la modernización.

En las tres temporalidades braudelianas hay síntomas de ajuste mayor, de una transformación; parece que estos largos años de inmovilismo superficial y grandes trasformaciones culturales nos han llevado a cierto grado de maduración. Como dijo hace más de un siglo Porfirio Díaz: México está preparado para la democracia. ¿Las élites directivas están preparadas? Posiblemente no y eso augura una enorme tensión.

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