Culiacán: AMLO es el blanco (hipótesis de un golpe de estado no convencional) – Por Erick Limas (@perifractal)

Publicado el noviembre 3, 2019, Bajo AMLO, Columna de opinión, Nacional, Autor mlucascir.

Demasiados errores en el operativo para capturar a Ovidio Guzmán. Tantos que invitan a pensar que fueron deliberados. Hubo filtraciones y, lo más inquietante, no se siguió la cadena de mando. Propongo una hipótesis. El leit motiv detrás del operativo para capturar a Ovidio Guzmán es preparar el terreno para un atentado contra AMLO y en donde el cártel de Sinaloa, en particular la facción del Chapo Guzmán, jugaría el rol del chivo expiatorio, así como lo fue Mario Aburto con Luis Donaldo Colosio. Entiendo que esta hipótesis parezca exagerada, pero considérese lo siguiente. El 15 de mayo de 2015, en una columna titulada “AMLO es el blanco” y que pasó prácticamente desapercibida, Joaquín López-Dóriga advirtió sobre la intención de un sector de la élite empresarial mexicana para llevar a cabo un magnicidio contra Andrés Manuel López Obrador. En dicha columna, López-Dóriga afirmó que

“He escuchado en círculos empresariales que López Obrador viene con todo y que ha sido este gobierno el que le ha pavimentado el regreso. Incluso, he sabido que esa cúpula ha comentado que hay que pararlo, lo que me parece gravísimo, ya no diga en una democracia, sino en cualquier convivencia civilizada, y sería el peor y último error de este sistema, eliminar a un candidato presidencial, como ya ocurrió la tarde del miércoles 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Tijuana.” (cursivas en el original)

Lo que está afirmando López-Dóriga es que esa cúpula político-empresarial se ha planteado asesinar a AMLO. Más claro no puede ser. ¿A cuál cúpula hará referencia López-Dóriga? Bien haría el periodista en aclararlo, aunque no hace falta ser un genio para inferir algunos nombres. Ese grupo, que fue exitoso en impedir la llegada a la presidencia de AMLO en 2006 y 2012, calculó que podría dejar pasar a AMLO en 2018 porque finalmente estaría acotado por los poderes legislativo y judicial. Ese cálculo falló, la victoria de AMLO en 2018 fue un tsunami que aún sigue activo. En el legislativo tiene mayoría y el poder judicial ha dejado de ser gradualmente el foco de resistencia del antiguo régimen.

Hay un segundo grupo de actores con incentivos para aliarse a esa cúpula político-empresarial en su frente anti AMLO. Me refiero a los cuerpos de seguridad, policía federal, CISEN y ejército -sobre todo este último- los cuales fueron en última instancia los pilares que sostuvieron al antiguo régimen. No dudo que entre sus filas existan elementos comprometidos con los principios de la 4T, pero tampoco soy ingenuo. El objetivo del ejército mexicano no ha sido la defensa de la soberanía nacional –la única amenaza real es Estados Unidos y no hay manera de hacerle frente a sus fuerzas armadas, al menos no por medios convencionales-. El objetivo del ejército fue el mantener la viabilidad del régimen PRIANISTA. Para ello se le asignaron dos tareas: represión de movimientos sociales y un rol activo en la política de drogas. Estas dos tareas convergen en Ayotzinapa. Tan solo este caso podría proveer las razones necesarias para que una facción del ejército busque parar a AMLO y descarrilar así las investigaciones a cargo de Alejandro Encinas sobre lo sucedido con los estudiantes normalistas. Según la periodista Anabel Hernández, los estudiantes viajaban, sin saberlo, en un camión con un cargamento de heroína con valor estimado de 2 millones de dólares. A solicitud de un capo local, un coronel del ejército, a cargo del regimiento de Iguala, detuvo a los estudiantes para recuperar la droga. El coronel fue ascendido a general brigadier y el general de brigada a cargo de la zona militar fue ascendido a general de división. ¿De qué tamaño tienen que ser los compromisos entre los mandos militares para que en lugar de castigos existan premios?

Por otra parte, según declaraciones del Vicentillo en una corte de Estados Unidos, el jefe de escoltas del Estado Mayor Presidencial de Ernesto Zedillo, el oficial mayor de SEDENA de Felipe Calderón y el jefe de escoltas del Estado Mayor Presidencial de Vicente Fox recibían sobornos del narco. Incluso hay periodistas que afirman que fue el Estado Mayor Presidencial, la élite del ejército, quien operó el asesinato del entonces candidato Luis Donaldo Colosio. Lo anterior sólo en la época reciente. Sumemos a ello la represión y guerra sucia en décadas pasadas.

En Ayotzinapa convergen todos los pasajes oscuros. De ahí que sea imperativo para un sector del ejército impedir que López Obrador abra la caja de pandora. Apenas la semana pasada, un general vinculado al grupo del general Cienfuegos, en un tono abiertamente golpista, se manifestó contra las acciones del gobierno de López Obrador, quien no olvidemos es el comandante supremo de las fuerzas armadas y ante quien ese general tendría que haber mostrado la disciplina castrense que tanto presumen. En su discurso, este general incluso afirmó que uno de los problemas actuales es la presencia de “frágiles mecanismos de contrapeso”. Exactamente el mismo discurso de la élite aglutinada entorno a Claudio X. Gonzalez. Según la columna de Carlos Fazio, este general fue quien le dio el visto bueno a la “Directiva para el Combate Integral al Narcotráfico” durante el sexenio de Calderón. ¿La facción del ejército que este general representa tendrá alguna relación con quienes decidieron romper la cadena de mando en el operativo contra el hijo del Chapo? ¿Fue esta facción la que instruyó romper esa cadena de mando?

En este contexto, cabe mencionar el tuit de AMLO del día 2 de noviembre, en donde alude la posibilidad de un golpe de estado. No veo factible un golpe de estado convencional contra AMLO. No podrían contener a la gente ni creo que exista el consenso dentro del ejército para algo de este tipo. Tendría que ser otro tipo de golpe, fulminante, que impida reaccionar y además desvié la atención sobre sus verdaderos perpetradores; para ello sería necesario fabricar un culpable (a lo que iré más adelante).

Además de la cúpula empresarial mencionada y el sector prianista del ejército, la DEA también ha mostrado abiertamente su oposición a las acciones de AMLO . La política antidrogas del gobierno mexicano rompe la narrativa de la DEA y crea condiciones para fracturar la colaboración con esa agencia. No olvidemos que fue Calderón quien le abrió de par en par las puertas a la DEA. Para ellos es más conveniente que la violencia continúe. Desde luego, todo esto que planteo son conjeturas, pero tiene sentido que la DEA haya estado involucrada en la manera en que se efectuó el operativo contra el hijo del Chapo. La DEA se reunió con el gobernador de Sinaloa un mes antes del operativo. Es importante observar la reacción del embajador de Trump en México, y del propio Trump. Pareciera que ellos no estaban al tanto, o si lo estaban entendieron pronto que se habría tratado de una trampa contra AMLO. Y aquí no olvidemos que Trump ha tenido muchos problemas con las agencias de seguridad estadounidense, incluyendo la propia DEA.

En resumen. Hay tres grupos de actores que señaladamente no quieren a AMLO: la facción más retrógrada del ejército, la cúpula político-empresarial del Salinismo y la DEA. De la acción conjunta de estos grupos podríamos esperar cualquier cosa. A Colosio lo mataron por menos, por mucho menos de lo que ha hecho y se propone hacer AMLO.

Volviendo a la hipótesis planteada al principio. Lo que ocurrió en Culiacán es consistente con un plan para eliminar a AMLO bajo los siguientes supuestos:

Un golpe de estado convencional contra AMLO sería un suicidio para sus perpetradores.
Por tal razón es necesario fabricarle un enemigo a AMLO que sirva de chivo expiatorio.
Ese chivo expiatorio debe atraer toda la atención y la furia de la gente.
El cártel de Sinaloa es el enemigo elegido para tal fin. ¿Por qué este cártel? Tal vez por pugnas dentro del propio cártel, en donde un grupo buscaría desplazar a los hijos del Chapo o quizá porque, debido a la fama del Chapo, sea más fácil incubar en el imaginario popular la idea de que este cártel es el gran enemigo. Hay una tercera razón que menciono más adelante.

Para fabricar este enemigo mortal de AMLO, el operativo de Culiacán debió haber llevado a una situación de confrontación tal que el hijo del Chapo hubiera estado entre los caídos. Este hubiera sido el resultado en un escenario en el que el gabinete de seguridad no hubiera aceptado liberarlo y las fuerzas armadas hubieran intentado, a toda costa, cumplir con el pedido de extradición. Se trata del escenario del “combate de exterminio” del que habló el secretario de seguridad Alfonso Durazo. De haber sido ese el caso, sería muy creíble construir una narrativa del tipo ojo por ojo, en la que el Cártel amenaza de muerte a AMLO para vengarse por lo ocurrido con el hijo del Chapo.

Lo anterior tendría dos objetivos. En principio, habría obligado a AMLO a utilizar un esquema de seguridad para protegerse de este nuevo enemigo. Y ahí los medios y su nado sincronizado presionarían por el retorno del Estado Mayor Presidencial. Todo ello con el fin de aislar a AMLO de la gente, envolverlo en una burbuja de seguridad que rompiera su manera de hacer política a ras del piso.

El segundo objetivo, el magnicidio. Con toda la atención pública sobre el cártel. Con la gente pidiendo venganza. Y otra vez, la violencia. La DEA contenta. Ayotzinapa en el olvido y la cúpula empresarial a la que se refirió López-Dóriga respirando aliviada. Emulando lo acontecido con Mouriño y Blake Mora, el atentado sería en un avión.

Veo tres razones. En principio porque según testimonios en una corte de los Estados Unidos, el cártel de Sinaloa tenía la intención de comprar equipo antiaéreo con el que posiblemente habría derribado el avión de Mouriño. No estoy afirmando que eso sea verdad. A estas alturas es lo de menos. Lo importante es que esa declaración existe y que puede ser utilizada para construir la narrativa que culpe al cártel del atentado. Esto quizá explique por qué el cártel de Sinaloa fue el elegido como el enemigo.

La segunda razón para realizar el atentado contra un avión comercial sería presionar para que se recupere el avión de Peña Nieto, no importa a qué precio. El regreso de la presidencia imperial, con el nuevo presidente volando en avión de lujo y cuidado de nuevo por el Estado Mayor Presidencial. Todo en su lugar.

Finalmente, atentar contra el presidente en un avión comercial sería el impulso para regresar al proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Implantar la narrativa de que por seguridad el aeropuerto de Santa Lucía debe mantenerse exclusivamente como aeropuerto militar. No tienen vergüenza. Son capaces de todo. Incluso de llamar al aeropuerto que tanto añoran como Aeropuerto Mexiquense Libertad y Orden, AMLO por sus siglas. Generar así disonancias cognitivas entre la población, ¿Cómo es posible que AMLO haya estado en contra del AMLO? ¡Imposible!

Por supuesto, estas son conjeturas. Nunca le van a perdonar a AMLO la cancelación del NAICM. Y aquí, como nota al margen. El operativo de Culiacán fue el mismo día en que iniciaron las obras en el aeropuerto de Santa Lucía. Y a la semana siguiente Claudio X. anunció que ya no invertirían en México. Luego viene el general del tufo golpista. ¿Casualidad?

Por lo aquí expuesto considero que fue un acierto la manera en que AMLO y su gobierno resolvieron la crisis de Culiacán. Sin embargo, lo acontecido ese día debe leerse como una advertencia. La derecha golpista lo seguirá intentando. La revolución mexicana nos dio una gran lección: en 1914 fue disuelto el ejército porfirista-huertista, pero a un gran costo, la muerte de Madero. La desaparición de ese ejercito llegó muy tarde y provocó que la revolución se prolongara por más tiempo.

Hizo bien AMLO en desaparecer al Estado Mayor Presidencial, pero el problema es que sus elementos siguen en el ejército. Y no sólo están ellos. Están los generales como el que dio el discurso golpista o como los que están detrás de la desaparición de los estudiantes normalistas. La transformación política de nuestro país requiere de la disolución de este cuerpo. No basta con que vuelvan a sus cuarteles. Por eso la importancia de la guardia nacional. Es una oportunidad para crear un nuevo cuerpo que eventualmente sustituya al ejército. Hasta ahora no ha sido apreciada la importancia estratégica de esta decisión. En este mismo tenor habría que leer el por qué AMLO ha delegado tantas tareas en el ejército. No es para empoderarlo. Es una negociación para darles una salida. Dice un verso de Hölderlin: ahí donde está el veneno está la salvación. Pero, mientras tanto, habrá que estar muy atentos. No pasarán.

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