Urge que el gobierno mexicano comience a desmantelar la brutal dependencia económica con Estados Unidos.

Publicado el junio 10, 2019, Bajo Columna de opinión, Autor mlucascir.


Carlos Fernández-Vega

Tras intensas negociaciones bilaterales –como Marcelo Ebrard las calificó–, queda claro que el Presidente arrasó, logró todo lo que exigió. Sin embargo, se debe aclarar que el mandatario vencedor de esta trifulca no es Andrés Manuel López Obrador, sino el salvaje de la Casa Blanca, Donald Trump.

A partir de los acuerdos del 7 de junio se acabó la discusión, concluyeron los dimes y diretes: nuestro país no pagará el tan cacareado muro de Trump –aquella amenazante muralla de miles de kilómetros que se construiría a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos–, sino que México aceptó ser el muro que contendrá en su frontera sur a la ola centroamericana y evitará que llegue al vecino del norte, al tiempo que se ha obligado a mantener –en el más amplio sentido del término– en territorio nacional a los migrantes de terceras naciones expulsados por los gringos, en tanto la autoridad judicial de aquella nación decide si les concede asilo o no (y prisa no lleva). Triunfo redondo.

Dice Ebrard que no hay aranceles y salimos con la dignidad intacta. ¿En serio? Basta recordar un recurrente discurso del canciller mexicano (hasta antes del viernes 7): en definitiva no se firmará un acuerdo de tercer país seguro; eso es algo que Estados Unidos sabe que México no aceptaría; cuando hay un tercer país seguro es que existe un acuerdo entre dos países, y en este caso se trata de una medida unilateral de Estados Unidos según su legislación, pero tampoco se plantea suscribir un convenio en ese sentido; deportar a las personas que están en busca de asilo iría contra los derechos humanos de los migrantes, y eso México no lo haría; el límite en las negociaciones es la dignidad de México.

Bien, pero lo que México aceptó el viernes 7 no coincide con el bonito discurso de Ebrard, independientemente de que confiar en Trump, su disposición y sus acuerdos resulta ser un error garrafal, aunque hay que destacar la buena voluntad del salvaje de la Casa Blanca: a su víctima le da a escoger por cuál de los dos lados quiere recibir el mandarriazo. Para el caso mexicano ofreció golpear por el ángulo económico o por el de la dignidad migrante. Cierto es que la imposición progresiva de aranceles tendría un fuerte efecto negativo para la economía del país, de por sí no muy sólida que se diga. Pero antes de la fecha fatal, las perritas falderas de Trump, conocidas como calificadoras, hicieron bien su chamba para aflojar al gobierno de López Obrador, y todo indica que lograron su cometido.

En materia económica nuestro país la libró… por el momento. Vendrán más salvajadas de Trump, determinadas por su afán releccionista. Pero en el tema migratorio México perdió, pues a partir de ahora será el muro del esquizofrénico de la Casa Blanca y le hará el trabajo sucio, comenzando por el Suchiate. Eso está aceptado y firmado.

Pero más tardó en realizarse el mitin en Tijuana que Trump en anunciar un nuevo chantaje: ayer dijo que divulgará detalles aún desconocidos sobre su acuerdo con López Obrador. México no estaba cooperando en la frontera y ahora tengo plena confianza, en especial después de hablar con su presidente ayer, de que serán muy colaboradores y querrán hacer el trabajo en forma correcta; es esencial destacar que se acordaron algunas cosas que no se mencionaron en el comunicado de prensa de ayer, una en particular, y eso se anunciará en el momento adecuado.

Sin embargo, si la colaboración mexicana no es de su agrado, siempre podemos retomar nuestra postura anterior, muy rentable, con relación a estos aranceles. Entonces, ¿salimos con la dignidad intacta? (Ebrard dixit). Ante tal panorama, urge que el gobierno mexicano comience a desmantelar la brutal dependencia económica con Estados Unidos.

Las rebanadas del pastel

Dice el presidente López Obrador que es injusto castigar a México por apoyar a los migrantes. Tiene razón, pero que alguien le diga que la palabra justicia no aparece en el diccionario de Donald Trump. Es más, le vale.

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