Remesas: ingreso sostenido. Paisanos y balanza de pagos. Tranquilos: paren de sufrir.

Publicado el Julio 21, 2017, Bajo Columna de opinión, Autor Ocelotl.

La Jornada / México SA / Carlos Fernández-Vega

Presumida como la octava maravilla del modelo económico nacional, la llamada industria automotriz mexicana (no hay una sola empresa armadora que lo sea, pero así la denominan) ocupa el primer lugar en lo que a ingreso por divisas se refiere (vía exportaciones), aunque ningún análisis temático detalla cuánto se queda en el país –si se queda–, porque –más allá de la derrama salarial, que es mucho menor a la de, por ejemplo, Estados Unidos– este sector ha sido privilegiado con abundantes facilidades fiscales, “exenciones, contribuciones de infraestructura industrial y urbana, cesión de terrenos públicos y demás gracias por cortesía de los gobiernos federal y estatales (la vieja historia de que el caldo siempre sale más caro que las albóndigas).

Ese es el discurso con el que la presunta autoridad intenta validar que los cerca de 115 mil millones de dólares (2016) que, supuestamente, ingresan a México por la maquila automotriz representa una fuente inagotable de dinero fresco para nuestra maltrecha economía. Sin embargo, en los hechos la única captación de divisas que –a ciento por ciento– se queda en el país y tiene un gran impacto social, directo, inmediato y sin condiciones, es la proveniente de las remesas de la paisanada expulsada de su propia tierra.

La UNCTAD –el organismo especializado de la ONU en materia de comercio y desarrollo– ha estimado que de cada dólar obtenido por utilidades en México las trasnacionales que aquí operan remiten 70 centavos a sus respectivas matrices, de tal suerte que de los citados 115 mil millones de billetes verdes, alrededor de 80 mil millones se exportarían anualmente, por lo cual los jugosos beneficios terminan en otra parte.

En cambio, como lo documenta el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP) de la Cámara de Diputados, las remesas adquieren gran relevancia a nivel macroeconómico, porque se encuentran entre las principales fuentes de captación de divisas para nuestro país. En 2016, las remesas alcanzaron un total de 26 mil 970 millones de dólares, cifra mayor en 8.8 por ciento a la de 2015; mientras que en 2000 las remesas ocuparon el quinto lugar, al representar 3.4 por ciento del total de ingresos de la cuenta corriente, considerando dentro de ésta las exportaciones automotrices, seguidas de la inversión extranjera directa (IED), las exportaciones petroleras y los ingresos por turismo.

Tan sólo en el transcurso del gobierno peñanietista –hasta mayo pasado– el ingreso por remesas suma alrededor de 110 mil millones de dólares –cerca de 2 billones de pesos al tipo de cambio actual–, los cuales, íntegramente, han fortalecido el mercado interno y el nivel de bienestar de las familias receptoras. Con ese monto podría liquidarse 60 por ciento, aproximadamente, de la deuda externa federal, o si se prefiere 3.5 veces el débito de los estados de la República, el cual, dicho sea de paso, sólo ha beneficiado a la banca privada y a la casta de gobernadores que se han servido con la cuchara grande.

Durante décadas el ingreso petrolero fue sostén de las finanzas públicas, pero el constante deterioro de esa industria –otrora nacional– y el creciente saqueo –tanto legal como ilegal– de sus recursos la han empujado al precipicio (para efectos públicos, porque para los privados todo va viento en popa), y el empujoncito se lo ha dado el desplome de los precios internacionales. Con todo, en el presente sexenio alrededor de 120 mil millones de dólares han ingresado por la exportación de crudo, aunque México mantiene una balanza petrolera deficitaria.

También está el ingreso por turismo, sector donde el capital trasnacional se lleva la palma. En 2016 –de los mejores años, según la información oficial– captó cerca de 20 mil millones de dólares, aunque –como en el caso de la industria automotriz mexicana– el grueso se lo quedan las empresas foráneas.

Y cómo olvidar la inversión extranjera directa, de la cual el gobierno presume cantidades multimillonarias que a la hora de desmenuzar las cifras no resulta tan generosa como oficialmente se dice, pues el grueso de los dineros registrados por tal concepto corresponden a las utilidades reinvertidas (ganancias obtenidas en la economía mexicana) y préstamos con la matriz respectiva.

Quedan, pues, las remesas libres de polvo y paja. Y como lo detalla el CEFP en relación con su registro en la balanza de pagos (de México) prácticamente representan casi el total (98.5 por ciento) de las transferencias hechas desde el extranjero al país y permiten un saldo superavitario en la balanza de estas últimas a lo largo de los últimos 16 años; por tanto, han coadyuvado a reducir contablemente el déficit de la cuenta corriente originado por las otras balanzas como la comercial, de servicios y renta.

El citado centro de estudios detalla que las remesas familiares se incrementaron de manera importante de 2000 a 2006, presentando tasas de crecimiento altamente dinámicas (muy por arriba de 10 por ciento), que se explica por los mayores flujos de trabajadores emigrantes a Estados Unidos. En 2007 alcanzaron un punto máximo de 26 mil 58.8 millones de dólares, para luego descender en 2008 y 2009, cuando se observaron caídas de 3.5 y 15.3 por ciento anual, respectivamente, como consecuencia de la crisis económico-financiera. A partir de 2014 recobraron cierto dinamismo, aunque a tasas menores a las observadas en los primeros años del periodo. Así, entre 2000 y 2016, las remesas familiares aumentaron a una tasa media anual de 9.2 por ciento, pasando de 6 mil 572.7 millones a 26 mil 972.4 millones, registrando en el último año su nivel máximo histórico.

Las rebanadas del pastel

La escuela de Miguel Ángel Cornejo y la filosofía de la Iglesia Universal del Reino de Dios han hecho estragos en el gabinete peñanietista (aunque sus integrantes nunca han sido especialmente brillantes) y en su –presunto– jefe que lo comanda (menos). Tres ejemplos inmediatos: hay que tener fe en la Procuraduría General de la República (monseñor Osorio Chong, sobre el caso Javidú); mal rato (el hacedor de negocios privados Gerardo Ruiz Esparza, aderezado con el no es tema de Peña Nieto, por la muerte de padre e hijo en el socavón del Paso Exprés); y son irrelevantes las imprecisiones de los fiscales contra Javier Duarte (la siempre eficiente y expedita PGR). Y de pilón, por cortesía del consejero presidente del paraestatal Instituto Nacional Electoral, no soy indolente. Entonces, tranquilos: paren de sufrir.

Twitter: @cafevega

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